La vida después de Rebecca parecía sonreír para mí. Transcurrieron meses en los que no supe en lo absoluto de ella, y cuando intenté buscarla; supe que se había mudado de casa, así que sería tal como buscar una aguja en un pajar.
Por otra parte, todo marchaba de maravilla en la mansión. Odín, era el niño más feliz de todos con sus dos mascotas, que a decir verdad, tenían mejor vida que yo incluso.
Jamás, en todo el tiempo que estuve en la mansión, vi alguna muestra de maltrato hacia alguna Lucky, o su mono, Tom. Por el contrario, les sobraba amor y cariño, no sólo por parte de Odín, sino también de toda la familia.
Mientras tanto, puedo decir que tuve de los mejores tiempos al lado de mis jefes. Ahora que no tenía a Rebecca ni a nadie para compartir mi tiempo, me dedicaba a estar en la mansión incluso en mis días de descanso.
Pasaron unos dos años en los que me convertí en la mano derecha de Patrick y su familia... Me incluían en todos sus planes, paseos, reuniones y demás. También los regalos cambiaron, sus obsequios hacia mi eran cada vez más constantes y sumamente costosos.
Recibí celulares, licores de colección, patinetas eléctricas, ropa que estaba a la vanguardia y mucho más.
Disfrutaba de la compañía de la familia Thompson, realmente me hacían sentir en casa y eran sumamente especiales conmigo, todos en absoluto.
Odín y yo teníamos muy buena relación y gran parte del tiempo estábamos jugando con sus adorables mascotas, a las que durante el transcurso de los años, les habíamos enseñado ciertos trucos y habilidades.
Ahora que recuerdo todo lo que viví después de dejar a Rebecca, puedo evidenciar cómo realmente hay personas que te estancan cuando están a tu lado, y cómo cambia todo cuando rompes vínculos con ellas...
Patrick se convirtió prácticamente en mi mejor amigo, mientras que él muchas veces me refería que yo era su hermano, y era un integrante muy especial en su familia.
Su confianza hacia mi creció tanto, al punto que me dejaba salir a dar paseos en sus coches lujosos, e incluso prometió darme uno si las cosas seguían marchando bien.
Disfruté muchos viajes al lado suyo y de su familia; conocí Bulgaria gracias a ellos, en medio de un viaje de negocios que resultó en un paseo familiar.
Puedo tener a Bulgaria en mi memoria como uno de los mejores lugares en los que he estado. Por si no sabían, Bulgaria es considerada una joya en los Balcanes, y es además el país con las mejores montañas de toda Europa.
Visitamos muchos parques naturales y reservas presentes en el país, los cuales estaban constituidos de cientos de lagos y montañas, además de un detalle que hacía la visita más amena e inolvidable.
Dicho detalle del que hablo, eran los antiguos monasterios sagrados que están dentro de las montañas, en los cuales te invitan a la meditación y al silencio absoluto. Una experiencia sin igual, sin duda alguna.
Además de Bulgaria, también pude disfrutar de diversos viajes al interior del país, que siempre nos dejaban sin palabras y con cientos de recuerdos guardados, como el tesoro más valioso.
Admiraba muchísimo a los Thompson, porque a pesar de tener todo el dinero y la fortuna del mundo, no dejaban de lado su humildad y el buen trato hacia las personas. De hecho, era éste excelente trato hacia los demás, lo que los hacía unos negociantes tan exitosos.
Patrick siempre quería lo mejor para los demás y trataba de demostrarlo.
Conmigo solía tener diversas charlas motivacionales, en las cuales era frecuente que me motivara a iniciar mi propio negocio, o a hacer algo más que ser un escolta... Cuánto me arrepiento de no haber escuchado alguna vez sus consejos...
Luego de estos dos años de diversas experiencias, hubo un momento difícil para la familia, el cual les ayudé a afrontar desde el primer momento. Tom, el mono de Odín, estaba sufriendo de una extraña enfermedad que atacaba directamente su sistema inmunológico, causando serias consecuencias y diversas patologías.
Cuando comencé a ver al pequeño capuchino decaído y que ni siquiera recibía su alimento, corrí a llamar al tipo de Brasil con el que lo había conseguido, ya que había recordado que el hombre mencionó que podía llamarlo en cualquier momento que tuviera algún inconveniente o inquietud.
—Viejo, sé que han pasado años y quizás no me recuerdes —mencioné en la llamada—. Pero enviaste para mí, un capuchino hasta Grecia, y ahora está algo enfermo, necesito tu ayuda.
—¡Pero por supuesto que te recuerdo! —contestó el hombre con entusiasmo—. Cuéntame, ¿qué tiene el mono?
—Verás amigo, lleva aproximadamente dos días decaído, no juega, no come, no recibe absolutamente nada de alimento —informé.
—¿Ya intentaron hidratarlo con una jeringa? —preguntó.
—Sí señor, logramos suministrarle algo de agua, pero fue muy poco lo que recibió.
—Voy a serte muy sincero Bradley —mencionó el hombre—. Desde aquí, realmente es poco lo que puedo hacer. Pero, te recomiendo que lo lleves cuanto antes a un veterinario especializado en estos animales, allí le harán sus exámenes respectivos para determinar qué tiene, y cómo pueden tratarlo.
—Gracias amigo, justamente eso pensamos, creo que lo mejor será llevarlo donde un profesional —mencioné.
—Por favor me mantienes al tanto de lo que ocurra con él, ¿de acuerdo?
—Descuide, lo tendré al tanto de la situación —respondí.
Corrí entonces hasta la habitación de Patrick, y allí le comenté lo que ocurría con el pequeño Tom.
—¿Qué esperamos entonces? No perdamos más el tiempo, y consigamos al mejor veterinario que pueda ayudarnos con Tom —sugirió Patrick.
—Perfecto señor, enseguida consigo a algún veterinario, donde podamos llevar a nuestro amigo —contesté.
Así pues, me dispuse a buscar en la red a los mejores expertos en el tema, y después de una exhaustiva búsqueda logré contactarme con el doctor Williams, quien desde el primer instante se prestó dispuesto a atender nuestro caso.
Me indicó en qué lugar de la ciudad estaba ubicada su veterinaria, y en cuestión de minutos llegué al sitio indicado, en compañía de Patrick, Tom, y su amigo Lucky, quien no quería apartarse ni un segundo, del lado de su hermano enfermo.
Ingresamos a la clínica veterinaria del Dr. Williams y comenzamos a indicarle la evolución del pequeño primate en los últimos dos días:
—Él siempre ha sido un mono muy tierno y amante del juego doctor —refirió Patrick—. Pero desde hace un par de días, no come, no juega, y se la pasa acostado en un rincón.
—¿Ha tenido de pronto vómito, o ha hecho algo inusual en sus deposiciones? —preguntó el médico.
—No señor, nada más en lo absoluto —dijo Patrick—. Estamos muy preocupados por él, incluso su mejor amigo vino a acompañarlo, ¿no es adorable? —refirió mientras señalaba a Lucky.
—La nobleza de los animales no deja de sorprendernos nunca —contestó el veterinario—. Aquí un claro ejemplo de ello.
Se dispuso enseguida a darle una revisión general a Tom, tomándole sus signos vitales, peso, talla y palpando su cuerpo para saber si había dolor o golpe en algún lugar.
Tom parecía comprender que el señor Williams buscaba ayudarlo, así que todo el tiempo estuvo sumiso, dispuesto a dejarse revisar por el doctor.
Al no encontrar la causa aparente del comportamiento extraño de Tom, decidió enseguida realizarle diversos exámenes que posteriormente analizaría en el laboratorio.
Le extrajo sangre en al menos tres oportunidades, le realizó un raspado de piel en su espalda, tomó muestras de orina y heces fecales, y otros cuantos procedimientos más.
—Los resultados estarán listos a primera hora mañana —refirió el veterinario—. Por ahora, es necesario dejar al mono hospitalizado, ya que está muy débil por la falta de alimento, ¿de acuerdo?
—No me importa lo que deba hacer señor —comentó Patrick—. Estoy dispuesto a pagar todo lo que necesite, pero por favor, haga algo por nuestro amigo, es un integrante más de mi familia —comentó desesperado.
—Descuide señor, haré todo lo posible por éste pequeño peludo, queda en las mejores manos.
Mientras estabilizaban a Tom y le realizaban sus exámenes, esperé afuera de la clínica en compañía de Patrick y Lucky. Allí aprovechamos para fumar un par de cigarros, pues la noche era fría, y los nervios que sentíamos nos generaban ansiedad.
Le propuse a Patrick quedarme en la clínica acompañando a Tom:
—Señor, estaba pensando, si usted me lo permite, quedarme aquí a la espera de los resultados —sugerí—. Bien sabe que Tom nunca ha estado fuera de la mansión, y quizás esto podría empeorar su salud.
—¿Sabes Brad? En realidad no lo había pensado así, pero tú tienes toda la razón —respondió Patrick—. Y ahora que lo dices, me siento algo apenado contigo, ¿de verdad no te molesta quedarte aquí?
—No señor, no me molesta en lo absoluto. Además, le tengo mucho cariño a Tom, estoy dispuesto a esperar aquí el tiempo que sea necesario —contesté.
—Te lo agradecería inmensamente Brad, has sido un ángel para mi familia. Muchas gracias por tu ofrecimiento —refirió Patrick.
—¿Desea que lo lleve a la mansión señor? Después puedo regresarme en mi motocicleta sin problema —mencioné.
—Está bien, dejaré que me lleves a casa, pero entonces regresarás en el auto, la noche es muy fría como para andar en motocicleta.
—¿En su auto señor? ¿Está seguro? —pregunté.
—Por supuesto que lo estoy Brad, nadie conoce tanto mis autos como tú, sé que serás cuidadoso con él.
—Así será señor, le prometo que tan pronto salga de la clínica, estaré de vuelta con Tom.
Conduje entonces camino hacia la mansión con el señor Patrick a bordo, allí, estuvimos haciendo algunos comentarios sobre lo que pensábamos acerca de la salud de Tom, y mi jefe aprovechó además para dejarme gran cantidad de dinero en efectivo, para lo que pudiese necesitar el mono.
Al llegar a la mansión, lo primero que vimos fue al pequeño Odín, sentado en la sala llorando por su amigo. Realmente lo amaba, eran inseparables y era evidente que de verdad se encontraba afectado por lo que estaba ocurriendo.
—Cariño, Tom estará bien, te lo prometo —dijo Patrick a Odín.
—¿Dónde está? ¿Cuándo volverá? —preguntaba el pequeño con insistencia.
—Hijo, él ahora está recibiendo ayuda profesional, los médicos tienen que monitorearlo hasta que se mejore, pero te prometo que todo saldrá bien.
—¿No se va a morir, verdad?
—Por supuesto que no hijo, él ahora está recibiendo la mejor atención. Además, Brad se quedará acompañándolo en la clínica para que no se sienta tan solo, ¿qué te parece?
—¿De verdad harás eso por Tom? —preguntó Odín.
—Sí, lo haré por Tom y por ti —contesté—. Yo mismo me encargaré de decirle lo mucho que lo quieres y extrañas.
—Gracias Brad, me harías muy feliz si te quedas a su lado toda la noche, ¡eres el mejor escolta de todos! —refirió mientras me agradecía con un abrazo.
De este modo, regresé a la clínica veterinaria y allí le comenté al señor Williams que estaría pendiente por si debía notificarme algo acerca de Tom.
Me dispuse entonces a descansar en el auto, mientras transcurría la larga y fría noche. El momento no fue menos oportuno para que Rebecca regresara a mi cabeza.
Cientos de cosas pasaban por mi mente al pensar en qué podría estar haciendo, dónde, o quizás con quién... Pensaba si realmente pudo encontrar a alguien que siguiera sus caprichos, o si por el contrario, aún se encontraba sola, esperando a quien estuviese dispuesto.