Sus labios se acercan a mi mejilla y aparto mi rostro con desagrado. ─Vamos, eres una zorra más, deberías de cooperar por unos cuantos billetes ─declara, respirándome en el cuello. Cierro los ojos, tratando de calmar mis ganas de clavarle la navaja y comenzar una guerra más en la mafia. Encaro su mirada. ─Es mejor que me sueltes, quizás podamos llevarnos bien, puedo presentarte una amiga muy sensual y delgada ─comento, pensando en la navaja. ─¿Oh sí? Cuéntame más ─insiste, sin dejar de soltarme. Tomo una bocanada de aire, sosteniendo con una de mis manos el objeto punzante para clavárselo en la mano. ─¡Ella entra y sale con facilidad, desgraciado! ─Exclamo mientras él me suelta, gritando. Comienza a brotar de su cortada mucha sangre. ─Lo siento ¿Quieres un tampón? ─Inquiero con

