Capítulo 17

1463 Words
Jack desde la oficina de Viscencius lo divisó en el jardín, donde él parecía estar solo con sus armaduras contemplandolo, así que pareció que quizás estaba bien bajar a acompañarlo, pero antes vio al gato Ceshire. —Ceshire—murmuró Jack saludando al gato. —¿Realmente no amas a Alice, verdad?—preguntó de repente él. —¿Quien dijo eso?—indagó extrañado el joven. —Las voces lo dicen... Así que él decidió desviar el camino e ir a ver a Alice, pero ésta estaba con un muchacho con ropaje extraño, en el altillo, ya no estaba encerrada, ambos se abrazaban y se besaban. —No sabía que eras una cualquiera...—espetó haciéndose presente frente a los chicos. —¿Jack? ¿No deberías ir a ver a mi hermano? —¿Debería?—dijo acercándose, pero el joven se puso delante de Alice. —¿Sabes quien es ella? Daniel asintió con la cabeza. —Alguien a quien le engañas—replicó Daniel sin rodeos. —Era mi novia, y ahora estaba besándose contigo, ¿y yo soy quien la engaña?—precisó Jack. —No me quieres a mí, sino a la otra Alice—exclamó ella. —Eso también es quererte, Alice—insistió Jack. —Quieres a mi hermano muerto. —¿Y porque sacas esas conclusiones?—replicó Jack. —Porque ésto ya ha pasado, y siempre haces lo mismo—espetó con sinceridad Alice. —¿Lo mismo?—pregunta reticente. —Quieres matar a mi hermano, nunca me visitas. Dime ¿porque ahora es diferente? —Ceshire me advirtió, y en visto a que la caballería no está pensé en verte, pero al final, solo eres una niña que no sabe lo que quiere... —No soy una niña porque ya no te ame—aclaró ella. —No, no lo eres por eso, eres una niña por no darte cuenta que Viscencius jamás va a aceptar que te tenga a mi lado, ni que te enamores de mí, ni de nadie—dijo rebajando con su mirada al joven Daniel. —Mientes—dijo ella formando un puño con sus manos. —¿Y con él puedes ser como eres en realidad? Alice lo miró a Daniel. Y aunque la amaba y ella también lo amaba, la caja de pandora era demasiado para un chico como Daniel, y quizás por eso siempre se inclinó en creer que Jack la amaba, porque ella era un monstruo...igual que él. —No lo sé. ¿Podrías irte de aquí conmigo sin hacerle daño a mi hermano? —¿Porque lo haría? Ya veo que has perdido todo lo que te hacía ser una señorita, no quiero quedarme con los restos de tu inocencia—dijo desempuñando la espada—¿Si lo mato a él que me harías? —Sabes lo que haría—espetó ella con el ceño fruncido y enojada. —Lo único por lo que eres especial... —¡Oye! ella es mucho más que el reloj—exclamó epítome Daniel. —Así que eso es, lo tienes tú...—dijo Jack volviéndose a enfocar en Alice. Ella miró a Daniel negando con la cabeza, Jack la tomó del brazo. —¿Lo tienes tú o lo tiene tu hermano? —Lo tengo yo, no hace falta que involucres a nadie más con esto—dijo enseñándole los relojes. —¿Cómo sabré que no nos llevarás a la oscuridad? —Porque quiero vivir... Jack mira a Daniel y mira a Alice de nuevo. —Así que él te ha hecho creer que eres más que la chica del altillo. Ella lo mordió y tomó de la mano a Daniel corriendo hacía el jardín, donde estaba toda la armería. —¿Que sucedió?—preguntó Viscencius al verlos venir corriendo. —¡Jack lo sabe! —¿Que sabe? —Que planeamos algo... Jack se hizo presente atrás de ellos caminando lento. —Así que armas del nuevo mundo—dijo Jack al ver las escopetas y las pistolas. —Ellas te harán ver la oscuridad de la que no podrás volver ni escapar—espetó Daniel con enfado. —¿Y tú quien eres en todo caso? —Se supone que tengo sangre tuya en mis venas... —Entonces mi vida no acabará aquí mientras te siga viendo... Volvió a desempuñar su espada. —Me puedo concentrar en ti, entonces, ese es el designio—dijo mirando a Viscencius. Viscencius también desempeñó su espada y ambos comenzaron a pelear. Alice comienza a llorar. —Si muere, no podré hacer nada... —¿Tienes los relojes?—murmuró Daniel. —No, solo mentí, los tiene él...—dijo Alice viendo a su hermano pelear a espadas al ruido de éstas chocar entre si. Daniel volvió a mirar la pelea. —Él no los usará...—dijo metiéndose en medio de la pelea. —¡Basta!—dijo en medio. —¿Que crees que haces niño?—preguntó desentendido Jack. —Tú no quieres esto, no quieres matarlo en realidad... —Es exactamente lo que quiero...—reiteró Jack. —Pero algo del amor de Alice te debe interesar aún, ¿quieres que ella te odie? Jack mira por los hombros a Alice. —Ella nos llevó a todos a la oscuridad, ¿verdad? Por eso te vistes diferente, nos devolvió en otro tiempo. —Sí, pero ése no es el punto. Ella no te hizo ningún daño y Viscencius tampoco. —Lo siento pero no quiero ver si deciden llevarme a la oscuridad o no—espetó intentando nuevamente dañar a Viscencius, pero éste lo detuvo con su propia espada. Ambos eran buenos espadachines, pero no podía asegurar la vida de Viscencius, si moría aquí, no podría hacer nada. Así que tomó un arma y mientras peleaban y Alice gritaba llorando, Jack palideció y cayó frente a su rival en cuclillas. —Cobardes—murmuró viéndose la herida. Pero una no fue lo suficiente, Daniel lo disparó muchas veces más, hasta que Viscencius y Alice corrieron hasta él y le sacaron las armas. —Ya terminó todo, Daniel, deja eso...—decía Viscencius. Daniel temblaba, nunca había matado a nadie, y si era verdad que su existencia estaba ligada a la vida de Jack, ya no le quedaba mucho tiempo, pero prefirió aquello antes que ver a Viscencius morir. —No debiste hacer eso...¿Que será de ti? —Debo irme a casa—espetó él viendo a Alice. Ella aún con lágrimas en el rostro lo abraza. —Gracias por salvar a mi hermano. —Era hora de cambiar la historia—carcajeó él con ironía. Aunque los hermanos se miraron al unísono. Alice lo abraza de nuevo. El gato Ceshire vuelve a aparecer en escena. —Si vuelves a tu mundo, puede que ya no existas. —¿No existir? —Sí, que solo vayas a morir. Si la sangre de Jack realmente es la tuya, él está muerto, así que técnicamente no deberías existir ahora ni en ningún futuro. —Cállate Ceshire, lo enviaremos a casa, ¿verdad Alice? —¿Y cómo sabremos que está bien?—dijo ella abrazándolo muy fuerte y llorando. —Pues, creo que la única forma que tenemos de saberlo es haciéndolo—dijo Daniel soltando a Alice. Ella se abalanza sobre él y lo besa. —No quiero un futuro donde no estés. —Yo decidí esto, Alice. Yo lo maté. —Nunca ibas a dejar que él tuviera ventaja, ¿verdad?—preguntó Viscencius dándose cuenta que Daniel dispararía de todas formas. Él asiente. —Jamás dejaría que te maten, así eso signifique que ya no vuelva a existir. —¡No es justo!—dijo abrazándolo Alice con fuerza. Él le devolvió el abrazo y la miró con confianza. —El reloj, Alice. Tengo un futuro allá, no soy de éste tiempo. —¿Y si no vuelvo a saber de ti? —Lo sabrás. —Llevarás un reloj contigo—espetó Viscencius—.No nos podemos dar el lujo de ver si el destino tiene ganas de unirnos, es mucho el tiempo de diferencia, jamás sabríamos la verdad. —¿Y que propones? —Ve a tu casa y arregla tus cosas, si no vuelves, sabremos porque no has vuelto. Daniel ve el reloj en su mano. —Será porque no pertenezco a ningún tiempo... Alice lo volvió a besar y él tomó el reloj y un viaje de retorno, sentía como sus partículas se iban moviendo al tiempo que desaparecían de Sablyer. Pero se disipaba, feliz, ligero, sin ataduras, porque sabía que no habría ninguna tragedia y que nadie moriría ésta vez en la historia.
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