Capítulo 19

1164 Words
Podía sentir nuevamente como algo lo atraía, con fuerza como un tornado pero estaba tranquilo, eso significaba que el reloj podía haber sido utilizado por la sangre de Jack, lo cual no estaba claro, pero ya no importaba, solo podía pensar en Alice deshaciéndose pero la imagen que vio primero no fue esa, pero tampoco un disgusto, solo era el cielo. Se había despertado en el Castillo de los Versalles. Con extrema alegría comenzó a correr por los pasillos, ignorando a la caballería que comenzó a organizarse para sacarlo del castillo, desconfiando de sus harapos y entonces allí se encontró con Alice. Ella lo vio y no pudo creerlo, así que lo abrazó y lo lleno de besos mientras ambos cayeron al suelo. —Te esperé... —¿Cuanto ha pasado?—inquirió él. —Algunos años...—especificó Alice. —Es porque el reloj no era para mí—dijo sacándolo de su bolsillo. —¡Pero funcionó! —Y eso también significa que Jack pudo haberlo usado... —Pero por suerte, no lo supo—entrometió Viscencius recibiéndolo con un abrazo—.Más te vale a ti que te cases con mi hermana, porque se ha vuelto demasiado vieja para casarse. —¿Que edad tienes ahora, Alice? —Diecisiete. Daniel ladea la cabeza. —Nunca entenderé como viven aquí... —Pues lo entenderás ahora en adelante. Él miró a Viscencius con extrañeza. —¿Quieres que me quede en este tiempo? —¿No es para eso que viniste?—inquirió Viscencius. Alice miró a Viscencius. —Hermano, él tiene todos sus seres amados en su tiempo. —Y yo solo tengo un único ser humano amado vivo y eres tú, no voy a alejarte de mí—espetó enojado. Ella se paró tomando de la mano a Daniel quien se encontraba en el suelo aún. —No puedes decidir mi destino, hermano. Ya sabemos como resultó todo la última vez. —¿Por el altillo? Él se acercó apuntándola con el dedo índice. —Sabes bien que no era solo por eso. —Sí, lo sé, por la caja de pandora. Pero han pasado años, ya no la siento dentro de mí, ¿porque solo no me dejas ir? Él se acerca y la sostiene de los brazos. —Porque eres lo último que me queda. —Pero en ocasiones debemos dejar ir a las personas que amamos... Viscencius desempuñó su espada otra vez y apuntó contra su amado Daniel. —Si él es la causa del problema, entonces lo resolveré. —Viscencius, soy yo...—intentó calmarlo Daniel. —Sí, como Jack, creía que eran mis amigos pero solo quieren llevarse lejos a mi única familia. —Puedes ir con nosotros—espetó Daniel—.Haz estado allí, sabes cómo es. Ella lo observó silencioso, Viscencius no lo haría, no se iría, porque quería ser el caballero del Castillo de Versalles. —No se trata de mí—murmuró ella mirándolo a los ojos. —¿A que te refieres?—preguntó indignado. —Que no se trata de mí, ni de Daniel. No dejarías Versalles jamás...—dijo ella evidenciándolo. —Tú no deberías dejar Versalles... —Sabes que si me hubiera casado y no lo hubiera esperado a Daniel, hubieras tenido que darle mi dote a alguien más y también me llevaría lejos. —Lejos no significa otra época—murmuró él insistente. Daniel abrazó a Alice e hizo que se volteara a verlo. —No quiero hacerte elegir entre tu hermano o yo, encontrarás un gran amor, ya no hará falta que me esperes, solo prométeme que antes de volverte la ama de casa de alguien, conozcas el mundo, todo lo que tiene él para darte. Este tiempo a diferencia del mío, tiene más belleza, el mundo no ha sido devastado, ni deshecho tanto por el ser humano. Solo sé feliz. Alice comenzó a llorar. —¿Cómo podría ser feliz sin ti? ¿No sabes porque esperé tanto tiempo acaso? Él le dio una caricia en su mejilla para secarle una lágrima y la miró y sonrió. —Tú, mi amor, puedes ser feliz, porque eres pura, porque cuando sonríes lo haces genuinamente, porque caminas sin mirar a los lados por codicia, ni eres una pretenciosa o de actitud soberbia, eres bella y no te lo crees, y no sabes lo mucho que lamento eso, que no puedas verte como todos te vemos. —No me importa ser bonita, solo quiero que me ames—dijo mientras lo abrazó. —Siempre te amaré, Alice. Nunca encontraré a alguien como tú, no lo haré y tampoco quiero conocer el amor si no es contigo. —Yo tampoco quiero conocer el amor si no es contigo—murmuró ella juntando su frente con la de Daniel y llorando mientras lo tomaba de las manos con fuerzas. Viscencius sacó su reloj de su bolsillo y lo vio, mientras que a la vez veía a su hermana llorar junto con su amado. Así que lo dejó caer y lo pisó. Alice y Daniel lo miraron al unísono. —¿Ese era tu reloj?—preguntó Alice. Viscencius asiente con la cabeza. —Solo queda el que tiene Daniel en sus manos... Alice miró a Daniel y él se encogió de hombros sin entender. Viscencius guardó su espalda. —El amor no debería ser saqueado por vándalos, ni por los ricos, como yo. No quiero ser lo que provoqué en Jack, así que prefiero una vida sin ti hermana, pero sabiendo que eres feliz, que una vida contigo y atormentándote—dijo retractándose. —¿Y tú no irás?—volvió a insistir. Él dio una media sonrisa y negó con la cabeza. —Ya tienes la edad suficiente para saber que no eres una niña, que eres más fuerte que eso, ya no necesitas que tu hermano te cuide. No estuve para ti en los peores momentos, y será difícil seguir sabiéndolo, pero sin embargo esto es un inicio. —¿Un inicio?—instó ella. —De hacer las cosas correctamente. —Viscencius, ¿porque te importa tanto Versalles? —Porque soy el rey—espetó él. —Pero ella es tu familia—insistió Daniel viendo a Alice llorar. —Nunca dije que es fácil ser el rey. —¿No podremos visitarte? Él negó con la cabeza. —Ya hemos hecho mucho daño al tiempo. Lo justo sería que lo dejemos en paz. Daniel asiente y lo abraza, pronto al abrazo se une Alice. —Tienes mi bendición—susurró Viscencius. —Gracias—susurró Daniel en respuesta. Daniel sacó su reloj de bolsillo y miró a Alice. Ella lo toma de la mano pero mira a su hermano, éste le saluda con un gesto de manos, y allí, fue el momento. El reloj los desintegró dejando la nada misma, dejándolo a Viscencius con su reinado y el silencio del imperio más grande de los Versalles.
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