Nuevamente ese sentimiento de ligereza, de flotar en la nada, pero poco de aquello duró, cuando se dio cuenta se encontraba junto a su cama en su cuarto. Y Alice sacó la cabeza de su cama para verlo.
—Llévame a leer los libros de nuestra familia.
Daniel se levanta y apenas espabila.
—¿Libros?
—En los libros se cuentan las historias de las personas importantes, ¿no es así?
Daniel asintió con la cabeza.
—Quiero saber que sucedió con Versalles. Y quiero que me lleves allí.
Él la llevó al primer lugar, a la explanada. Allí el Castillo se mantuvo intacto, como reliquia del estado y ella entró, ignorando que podría haber seguridad cuidando el edificio, y entonces vio...
—El oro...—murmuró ella.
—¿Que sucede?—preguntó sin entender demasiado aún el joven Daniel.
—Ya no está.
—¿Había lingotes de oro por los pasillos?
—Más bien las esculturas eran de oro.
—Pues debes saber algo de mi mundo Alice, cosas como el oro causan guerra y es lo primero que se lo quitan a lo que tenga.
Ella se dirigió al lugar donde Viscencius tomaba sus decisiones y vio su escritorio intacto y sonrió por dentro. Pero Daniel le gritó a lo lejos. Ella va a ver que sucede.
—Los cuadros...—dijo señalando unos cuadros pintados donde se encontraba Viscencius con ella, pero junto a aquel, estaba Viscencius con su familia.
—Así que tuvo familia...
—Sí, aparentemente vivió una vida larga y feliz.
—Una pintura no me dice nada—insistió Alice—.Quiero ir a ese lugar de los libros.
—¿Hablas de la biblioteca?
Ella asiente con la cabeza.
Él asintió con la cabeza y ambos fueron a la biblioteca, donde la bibliotecaria vio con el ceño fruncido a las apariencias de Alice, ya que la pobre no había tenido tiempo de cambiarse y ponerse ropa moderna.
Daniel trajo todos los libros que se trataban sobre la familia Versalles.
—Oh, que rápido...
—Sí, creo que me volví bueno en buscar en el pasado...
Ella comenzó a hojear y entonces pudo leer de donde provenían los primeros Versalles, que habían mudado a su tierra casi sin nada de dinero y como se enriquecieron con las tierras y plantaciones, que describían a su padre como un lord que tenía opiniones muy fuertes en cuanto a la política y que se tomaban en cuenta en aquella época. Ella sonrió y pasó sus dedos por aquellas palabras.
Daniel encontró un retrato dibujado del Castillo y se lo mostró. Ella sonrió como una niña.
—Entonces sí éramos importantes...
Daniel asintió con la cabeza.
—Aunque no sé como justificaron tu desaparición.
Alice toma uno de los libros.
—Aquí—dijo tomándolo y poniéndoselo en frente a Daniel.
—Dice que la señorita Versalles probablemente era una solterona que quería huir porque sus gustos e ideas no eran de la época. No se a que se refieren, pero no me agrada lo que escribieron.
—Al menos escribieron sobre ti.
Ella siguió buscando.
—¿Que tanto buscas? Ya sabes que él se casó y tuvo familia.
—Ésto—dijo ella leyendo cómo había muerto Viscencius Versalles.
Daniel se asomó para ver lo mismo, y había muerto él con uno de sus hijos de tifus.
Él la abrazó inmediatamente. Intentando distraerla, le muestra algunos dibujos sobre la caja de pandora y el gato Ceshire.
—El gato Ceshire ha aparecido en varias historias, significa muchas cosas.
—¿Que podría significar? Era un simple gato.
—No, era mágico. Como tú Alice...
—¿Porque crees que soy mágica?
—Porque tienes a la otra Alice.
—Ya no la tengo, te lo dije antes...
—¿Hiciste algo con la caja de pandora?
—La tiré, en mi espera por ti.
—La caja de pandora se esconden todos los demonios del mundo, por eso ya no escuchas a Alice. ¿Entiendes? Eres mágica.
—¿Tratas de decirme que la otra Alice era un demonio?
—No, solo que era la parte mala de ti, la parte que todos tenemos, pero en ti se poseía.
—Nunca aceptaste a la otra Alice, ¿verdad?—preguntó mirándolo a los ojos.
—Acepto todo de ti, Alice, hasta lo malo—volvió a repetir él.
—Pero siempre volveremos a este tema, y Jack...
Él la interrumpe.
—Jack no te cuidó como yo—espetó.
—Tu mundo fue el que me lastimó—replicó ella.
—El mundo te hubiera lastimado de todas maneras si te hubieras casado con alguien que no amabas, o si tan solo Jack hubiera cometido sus planes...
Ella silenció y siguió concentrándose en los libros. Daniel la dejó en la biblioteca esperándola afuera.
Ella comenzó a llorar apenas se fue.
Al cabo de media hora ella se encuentra con él en las escaleras de la biblioteca.
—Tú nunca me quisiste solo para tener aquello...¿no?
—¿Hablas de tener sexo?
Ella asintió con la cabeza y él la negó.
—Yo solo quisiera que vivieras de mí siempre enamorada...
—Lo haces difícil...
—No, es muy fácil. Amar es demasiado fácil Alice, solo es difícil los cascarones que nos armamos como armaduras para no ser tan estúpidos, o vulnerables.
—¿Lo dices por ti?—inquirió ella apretando los labios a punto de llorar.
Él asintió con la cabeza.
—Por eso disparé, porque Jack no solo tenía el poder de matar a tu hermano, sino que también tenía tu amor, y esa clase de amor nunca lo tendré. Nunca me mirarás como a él.
Ella le estiró el brazo en un gesto para que Daniel la ayude a bajar, él la sujetó fuerte.
—No lo amaba—murmuró cabizbaja.
—¿Que?—preguntó Daniel con sorpresa.
—Lo supe cuando tuvimos aquello, en los restos del castillo. Lo odiaba, y él era Jack, nadie lo había obligado a ser una bestia o actuar como un monstruo como lo hizo. Entonces entendí, aquel era el verdadero Jack, y entonces me di cuenta que siempre lo había sabido.
—¿Y cómo lo hubieras sabido?—insistió él.
—Pues, él prefería mi lado malo...no quería mi lado bueno, no quería mi totalidad. Tú sí aceptaste todo lo que era—dijo besándolo tiernamente y lentamente. Como si aquella biblioteca fuera la única testigo del amor de dos jóvenes amantes.
—Y tienes razón, él vivió una vida feliz. Tuvo esposa y murió anciano—le explicó Alice a Daniel refiriéndose a Viscencius—.Todos morimos, y él lo hizo de la manera más digna que pudo, habiendo vivido y recorrido el mundo.
Daniel asintió con la cabeza y volvió a besarla mientras ella lloraba recordando a Viscencius.
El corazón de una mujer era un profundo mar de secretos, aquello lo habían sido testigos muchos en esta historia, de cómo la pequeña Alice pasaba de ser una jovencita tierna a una despiadada joven que solo quería hacer cosas malas, que jugaba sola con sus peluches en el altillo y con su caja, llena de tonterías que había encontrado en una venta poco ostentosa y que finalmente, había comenzado a transformarla. Pero esa historia nadie lo sabía, y tampoco había nada escrito sobre ella, solo sobre la caja.
La joven se llevó ese secreto y no se lo contó a Daniel, pero la caja estaba en otros libros, de ocultismo, y significaba el infierno desatado cuando ésta se abría, y ella lo había hecho tantas veces que pensó que quizás las desgracias que le sucedieron a su familia significaban una señal de que existía una maldición y de que ella estuvo maldita alguna vez.