Capítulo 9

1220 Words
Daniel observaba a Alice dormir y se arrepentía por haberla dejado sola. Mientras tanto Viscencius entra al cuarto y lo llama a conversar. Ambos marchan al living a hablar. —Nos queda poco tiempo, ¿no?—inquirió Viscencius. —¿De que hablas? —Tus padres nos tienen aquí solo por lo que le pasó a Alice. —No importa, hablaré con ellos. Al menos si quieren que vaya a una universidad. —¿De que hablas? —Cosas del mundo moderno, pero encontraré siempre el modo en el que puedan quedarse, tienes mi palabra. —No te mientas a ti mismo, solo eres un joven, como mi hermana y yo, ¿que sucederá después? Si nos quedamos tendremos que adecuarnos a la vida de éste mundo. ¿Y que es lo que sigue? Tú estudias, en mi época lo hacíamos en casa. No podemos entrar a la escuela, trabajar o hacer una vida como quieres. —¿Tú realmente ves futuro aquí?—preguntó reticente Daniel. Viscencius suspiró. —Mi hogar es mi familia, y la única que me queda pues...está atada a este mundo. —¿Lo dices por Alice? Viscencius asintió. —Quizás yo deba ser el único en volver. —¿Que? No, eso destrozaría a Alice y menos ahora, después de lo que pasó. —Lo sé, no será ahora, pero prométeme que cuando sea el momento, me dejarás ir. Mi hermana tiene que conocer el mundo, prométeme que al menos lo hará de tu mano. Daniel asintió con la cabeza, pero lo que menos se imaginaban es que en el Castillo alguien visitaba al gato Ceshire. —Así que te escapaste...—murmuró el gato viendo al mismísimo. Jack en persona, con su cabello largo y rubio y aún su traje de caballero. —Están con las defensas bajas...—espetó Jack. —¿Lo dices por Alice?—preguntó el felino. —No, por Viscencius también—aclaró él. —¿Que planeas hacer? —Es momento de que volvamos el tiempo atrás. —Pues te será difícil, Alice está enamorada de alguien. —Alice siempre es y será mía, lo sabrá cuando me vea—dijo sacando su espada—.Y esto recordará a Viscencius que la tragedia de Sablyer sucederá siempre. —¿Porque tardaste tanto en hacerte ver? —Porque ahora sé que no están fuertes, además tuve que estudiar a ese chico... —¿El tal Daniel?—preguntó incesante el gato. Jack asintió con la cabeza. —No es un caballero... El gato rió. —Claro que no lo es, es una paria... —Entonces será muy fácil volver a poner las cosas en su lugar. El gato volvió al castillo y Jack lo siguió, apropincuándose del lugar. Mientras se acababa el tiempo, Daniel ilusamente llevaba a Alice a una pradera cerca del Castillo, donde crecían muchos girasoles. —¿Porque me trajiste aquí? —Por ésto—dijo indicándole el picnic que preparó. —¿Porque crees que ésto me hará sentir mejor? —No lo hará, Alice, lo sé, nada te hará olvidar las cosas, pero te mereces conocer el mundo. —Ésto no es conocer el mundo... —¿Acaso conoces un picnic junto a una plantación de girasoles? Ella se rió y bajó sus defensas. —Está bien, como sea—dijo sentándose sobre un puñado de telas—¿Que trajiste para comer? —Sandwiches, pero con los panes más suaves que conocerás en la vida. Ella probó y asintió con la cabeza tomando uno más como una niña entusiasmada. Lo sucedido le había robado la luz, así que Daniel se prometió devolvérsela, así que mientras ella comía, él le mostró un peluche, un conejo de peluche. Ella con la boca llena le preguntó porqué un conejo. —Porque todos regalan osos, pero nadie regala conejos y además, el conejo es amigo de Alicia en el país de las maravillas, como el gato Ceshire. —¿Y se supone que yo soy Alicia del país de las maravillas? Él negó con la cabeza. —No eres el cuento de un desquiciado, solo es una rara coincidencia, pero me gusta pensar que toda ésta locura también es un cuento, nuestro propio cuento. —¿Y cómo termina éste cuento?—preguntó ella curiosa. Él se acercó a ella aunque percibía que sus muslos se contraían cuando la tocaba. —Cuando lo quieras acabar... —¿Porque yo? Él la abrazó y ella permitió relajarse para el contacto físico. —Porque tú eres la que salvó a Sablyer. —Más bien lo llevé a la oscuridad... Él la mira a los ojos. —Tú puedes salvar a todo Sablyer. —¿Cómo?—inquirió ella. —Volviendo a una época en donde no haya existido aún la tragedia. Ella cambió su mirada y miró a los girasoles. —No puedes viajar y pensar que el mundo no traerá consecuencias. —No importan las consecuencias, ésta época no puede ser peor. —No lo entiendes—dijo ella negando con la cabeza—.Por alguna extraña razón estás unido a la sangre de Jack, y si muere, finalmente, quizás ya no existas tú. —Existiré—prometió él—.Solo que no así... —No quiero que dejes de existir. —La vida nos volverá a encontrar. —¿Cómo puedes decir eso? Yo moriré en mi época y tú nacerás en ésta. —Entonces llévame contigo a Sablyer. —¿Y que haré si desapareces tras matar a Jack? —Tus ojos son los únicos que quiero ver si desaparezco de la tierra, lo juro. Ella se sonrojo desviando la mirada. —No digas cosas como ésas. Tú tienes una familia. —Y un futuro al que estoy atado por mi padre, de todas formas me iré a la universidad y juro que no quiero estar ahí. —¿Y porque no se lo dices a tus padres? —Porque ellos han comenzado a tener planes sobre un hijo que no tienen y cuando me di cuenta de lo lejos que había llegado la pantalla, solo la mantuve. Algunas cosas son más fáciles ocultarlas que dejarlas ver. Ella acarició su rostro. —Tus padres no te dejarán de amar por tus decisiones. En cambio, si desapareces, yo no tendré a quien mirar como te miro a ti... —¿Y cómo me miras?—dijo apoyando la cabeza en la mano de Alice. Ella lo miró y lo abrazó. —Como lo único que quiero ver antes de morir... —Entonces nos sentimos igual... —No quiero que mi primer amor sea una tragedia—murmuró ella con la mirada a los girasoles. —Quizás no lo sea, pero si lo es, siempre estaré en ti. Tu puedes recordarme, y viviré en tu memoria. —No quiero que vivas allí, quiero poder tocarte. —Mereces conocer el mundo, Alice. Ningún hombre debería atarte a alguna época ni a ningún lugar en particular. Te prometo que suceda lo que suceda conmigo, siempre estaré contigo, amándote. Porque en ti es el único lugar donde quiero terminar y estoy en paz con eso. Ella lo besó llorando, algo grande se acercaba, quizás Jack, o quizás el hecho de que el mundo moderno estaba expulsándolos de su tiempo.
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