Capítulo 10

1139 Words
Alice se encontraba jugando con su conejo de peluche mientras su hermano la cuidaba en el cuarto de Daniel, Viscencius recostado la analizaba. —¿Estás enamorada? Ella lo miró. —Creo que sí. —¿Puedes amarlo como amabas a Jack? Ella llevó la cabeza al peluche de nuevo. —Solo una parte de mí amaba a Jack... —Lo sé, ya sé que siempre dices que es la antigua Alice, pero no dejas de ser tú en el fondo. —¿Y tú cómo sabrías lo que es tener dos personalidades? —Te conozco lo suficiente como para saber que la otra Alice ya no ama a Jack. Ella solo se limitó a mirar al conejo mientras Daniel estaba en entrenamiento y uno de los chicos del equipo se lesionó y Daniel lo tuvo que reemplazar. Los caza talentos se encontraban allí, de muchas universidades y aunque él no sabía lo que sucedería en el futuro, si su mundo fuera éste, y si Alice y Viscencius no existieran, éste siempre había sido su sueño, así que le hicieron un pase y lo llevó a ganar, con toda la concentración del mundo. El equipo lo levantó y su corazón palpitaba, nuevamente, por algo humano, de su vida original y al ver la cara de su padre orgulloso de él, se le hizo fácil olvidar nuevamente a Alice y a su hermano. Así que tardaron bastante en llegar a casa, ya que su padre lo invitó al bar de Shawn. —Hoy jugaste como un campeón—dijo su padre pidiendo cerveza. —Te dije que había estado entrenando—mintió Daniel. Su entrenamiento había cesado desde lo que le sucedió a Alice y solo quedaban pequeños guiños de su antigua vida, cuando no tenía que encargarse de alguien. —Y dime, esa chica Alice y su hermano...¿Seguirán más tiempo en casa? Daniel solo negó con la cabeza. Shawn lo llamó para que fuese al baño y éste lo acompañara al baño. —Te conseguí una receta de mi padre, sabes lo que significa. —Que será la última vez. Shawn asintió. —Debes llevar a esa chica a un psiquiatra, podría ser bipolar, o tener personalidad múltiple. —Lo haré, lo prometo. Shawn le entregó una receta médica y Daniel la guardó y volvió con su padre. —Sabes, estoy enamorado y quería decírtelo—espetó Daniel al volver. —¿Y eso que quiere decir exactamente? —Nada, solo eso. Que me importa y que no la echaré de casa ni a ella ni a su hermano, y que si me quieres, aguardarás a que consigan donde vivir. Su padre quedó estupefacto y se paró para marcharse pero no sin antes decir lo que pensaba; —¿Sabes? Ése es el Daniel real, el que jugó hoy. Y nadie que te ame o que ames debe apagarte ese fuego en la cancha. —Sabes que solo fue suerte... —Siempre la has tenido, solo que no tienes fé, y eso es peor que entrenar todo el tiempo, porque si ya has perdido en tu cabeza, entonces perderás siempre. Así que luego ven y dime que quieres ser el novio de alguien a los dieciocho años o quieres un futuro en una universidad prestigiosa. Daniel pasó por una farmacia antes de volver a casa y se llevó unas pastillas para la psiquiátricas que trataban la esquizofrenia y otros patógenos, al volver a casa, Alice lo recibió con un abrazo de Koala y lo llenó de besos. —¡Te extrañé! —Tengo algo para ti—murmuró él. —¿Que es? —Toma, esto es una pastilla para apagar las voces que escuchas. Ella se hizo un paso atrás. —¿Quieres que desaparezca a la otra Alice? Sabía que eso sería demasiado para Alice, así que negó con la cabeza rápidamente. —Solo te dejará tranquila, sin tantas voces. Ella tomó la pastilla tragándosela a secas y con plena confianza mientras su madre se aparece repentinamente por detrás. —Me dijo tu padre que hoy jugaste... —Sí, también se enojó conmigo. Su madre miró a Alice y ambas se miraron al unísono. —Ella irá conmigo arriba... —¿No quieres algo especial? Digo, hace mucho no hablamos... —No tenemos nada de que hablar, mamá—dijo subiendo escaleras arriba con Alice que comenzaba a sentir los efectos de la droga. —¡Te amo!—espetó tirándose a sus brazos. Él la sostuvo, como un príncipe, pero por dentro sentía culpa. Viscencius no estaba en el cuarto, así que dejó a Alice recostada, pero ésta, guiada por las pastillas lo tomó del brazo y lo estiró hacía la cama entre risas. —¿Porque estar en una misma cama significa tanto para ti? —Porque lo es para ti... —Te amo, con todo mi corazón y con la otra Alice. ¿Puedes creer eso al menos?—dijo sacándose el abrigo que tenía. Él comenzó a verla desnudarse, y solo se quedó allí mirando, vislumbrado, atónito, y ella prosiguió a ayudarlo a desnudarse. Y todo se sentía tan liviano, y de pronto, ya no existía el fantasma del tirano Dadley, ella solo quería sentirlo a él, la diferencia de aquello y de hacer el amor. —No me pidas que de ti me aleje—susurró ella quitándose la blusa mientras lo besaba. —¿Está bien ésto que hacemos?—inquirió él. Ella los tapó a ambos y quedaron bajo las sábanas. —Quiero saber lo que es el amor... Él solo se entregó y con cuidado, ambos estuvieron juntos y ella comenzó a dejarle tocar las partes que el sucio Dadley había tocado. Daniel sabía que ésto se debía a las drogas, pero no quiso pensarlo, solo tomó sus manos y las besó para acalorarlas. —Te amo Alice, eso tienes que saberlo, he estado solo, mucho tiempo, y tú apareciste en mi vida y toda tu locura y tu mundo, se volvió la mía—dijo mirándola a los ojos y acariciándole un cachete. —No podemos seguir en este tiempo—dijo ella tomando su mano—.Alguna vez tendré que irme. —Entonces iré contigo—espetó él—.No puede ser coincidencia, no puede ser el azar, el mundo solía ser gris, aburrido y cotidiano, pero desde que estás aquí, todo tiene colores... —No puedes hacer promesas como ésas y luego volver atrás—le dijo ella. —No volveré atrás, te lo prometo. Alice abrazó a Daniel y todo parecía surrealista, ninguno de los dos había hecho el amor antes, pero era cierto, Daniel tendría que tomar una decisión, como sin saberlo, lo hizo Viscencius al volver al Castillo, sin saber que se encontraría allí con una presencia conocida... La de Jack...
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