Capítulo 11

1469 Words
Viscencius llegó al castillo y aunque no se encontró con Jack, pudo ver ropaje para ocultarse que no estaban allí antes. El gato Ceshire terminó por confirmar las sospechas. —Jack ha vuelto, ¿no?—preguntó Viscencius. El gato se lamía su pelaje despreocupado. —Sí, y piensa atacarlos. —Piensa repetir la tragedia—pensó en voz alta Viscencius. —De quererlo lo hubiera hecho antes, él jamás estuvo en la oscuridad... —¿De que hablas, gato? —Él desapareció junto al Castillo, es decir, que está en este mundo desde que el castillo apareció. —¿Que? ¿Y porque no se hizo ver? —Un chico moderno que podría saber más que él. —Daniel...—dijo y amén de lo dicho escapó corriendo a la casa de Daniel, a despertarlo. —¿Que sucede?—musitó Daniel. —Jack está aquí, siempre lo ha estado. Daniel se pone una camiseta y comienza a vestirse, lo que le dio lo suficiente a Viscencius para darse cuenta que dormía casi desnudo junto a su hermana. Se había designado a cuidar el honor de Alice, al menos no era Jack, pero sabía que Jack aún era su primer amor y que podría cambiarlo todo. —¿Cómo es eso de que siempre ha estado? Alice se despertaba por las voces. —¿Que está sucediendo? —Jack es lo que sucede—dijo mirándola estupefacto. Ella mira a su hermano. —¿Cómo que Jack? ¿Lo has visto? Viscencius negó con la cabeza. —Ceshire me dijo que él esperaba que estuviéramos vulnerables, y que pensaba que lo estábamos. —No estamos vulnerables—espetó Alice. Viscencius y Daniel silenciaron. —Debemos apagar a la otra Alice—espetó contundente Daniel. —¿Como ayer?—reprochó Alice. Daniel negó con la cabeza. —Debes ver a alguien que lo solucione. Y mientras Daniel llevaba en el auto de su madre a Alice a un psiquiatra, Viscencius montaba guardia. Pero mientras Daniel esperaba que evalúen a Alice, recibió una llamada; una Universidad. Quería cubrirle con una beca, veía talento en él y consintieron un encuentro, lo que llevó a Daniel a paralizarse. Alice salió de la consulta y lo vio petrificado. —¿Jack?—murmuró ella. —Algo peor, mi vida...—espetó él Cuando volvían en el auto Daniel intentó explicarle porque era un mal momento una buena noticia como esa. —¡Es todo lo que has querido!—insistía Alice. —Era todo lo que quería—dijo tomando su mano y aparcando el coche. —¿No lo entiendes cierto? —No, no lo entiendo. —Te amo Alice, y lo que dije ayer... —Lo dijiste mientras yo no era yo—agregó tajante ella. —Lo de ayer es porque no tenía esto, ahora tienes un recetario, medicación real solo para ti. —Para desaparecer a la otra Alice... —No es normal en este mundo tener dos Alices—explico Daniel con gesto cansino. —En mi mundo sí lo es—dijo arrugando su recetario—.Me has traído en vano. —¿Porque hiciste eso? —Quzás debamos tomar los caminos que se nos fueron asignados. —¿De que hablas? —Hablaré con Jack. —¡No! ¿Porque lo harías? —Porque fue mi primer amor—espetó ella. —¿Y todo lo demás? —Todo lo demás fue hermoso hasta que me doy cuenta que no me quieres como soy, sino que quieres transformarme. Soy honesta al decirte que hice el amor contigo y significó mucho, pero no puedes apagar a mi otro lado solo porque sí. —Lo siento... —No lo sientas—dijo tomándolo de la mano—.Desde niña había esperado un amor como éste, y pude sentirme cómoda contigo y estoy agradecida de haberte encontrado. —¿Entonces? —Es momento de volver a casa, Daniel. Intentaré que nada malo ocurra, que la tragedia no suceda, Viscencius ya lo sabe y no sucederá otra vez. —¿Y cómo sabré que funcionó? —Entonces tendremos sangre pura de la familia, una dinastía, y la conocerás y eso significará que hemos vivido una larga y feliz vida. Él la toma de los cachetes. —No quiero que pienses que no te amo enteramente... Ella se apartó. —Es difícil amar todas las piezas de una persona, eso está bien para mí. Me has amado más de lo que he pensado en toda mi vida que me amarían. Él echó un suspiro y apenas llegaron se dirigió a hablar con su padre. —Es el momento, padre... Su padre no entendía nada, hasta que Daniel le mostró la correspondencia. —Solo por una vez que jugué, tres universidades están interesados en mí. Su padre se levantó del asiento de su oficina y lo abrazó. —Alguien de ésta familia por fin será un grande. Pero luego se alejó del abrazo y lo vio a su hijo cabizbaja. —¿Que sucede? —No estoy seguro... —¿Cómo que no? ¡Has entrenado toda tu vida para ésto! —Lo hice por ti, papá... —¿Quieres echar a la borda todos tus planes solo por dos personas que conoces o porque crees estar enamorado? Es la universidad, tendrás miles de oportunidades con otras chicas. —No se trata de ellos, de hecho, creo que estarán solo un tiempo más y se irán. —¿Entonces? —Comenzarán las vacaciones, y sé que harás el entrenamiento más duro de lo que estoy acostumbrado, pero solo soy un chico y quiero vivir mis vacaciones sin tener que romperme la espalda intentando que me elijan. —Así es la vida, Daniel. No somos ricos... —Papá, han sido los meses donde menos he entrenado y por la única vez que entro en la cancha es que me han reclutado. Soy bueno, lo sé. Pero necesito éste verano para pensarlo. El hombre reacio a sus palabras no se dignó a seguir escuchando y se marchó a otra parte de la casa. Daniel fue con Viscencius que se encontraba en el living, junto a la puerta de entrada. —No entiendo porque se oculta... —¿Jack? Viscencius asiente con la cabeza. —Ha asesinado a cien personas, una persona como él no tiene miedo. —No tiene miedo a personas, tiene miedo a la oscuridad... —¿Que?—inquirió Viscencius. —Digo, ¿ustedes no tienen los relojes? Quizás no se presenta porque no sabe si aún tiene el poder de convencer a Alice y sabe que tú tampoco le facilitarás tu reloj. —Entonces ésto es una guerra anunciada. —Sí, pero nadie hará nada hasta que la otra parte lo haga. Viscencius pensaba mirando detenidamente por la ventana, así que Daniel subió a hablar con Alice. —Alice, tenemos que hablar... Ella dibujaba pero levantó la mirada para verlo. —¿De que? —De ayer... —¿Te sientes culpable? Él asintió con la cabeza. —No debes drogar jovencitas y luego aprovecharte de ellas—espetó volviendo a sus dibujos—.Pero a mí me ha ayudado a soltarme. Se sintió genial. —Ehm, ese es el problema de las drogas, son geniales, hasta que dejan de serlo... —Perdóname por romper tu papel con las otras drogas, pero no quiero tener partes en blanco, ¿sabes? No odié la parte de que hayamos hecho el amor, odié las partes que no recuerdo. Y te amo y es enserio. Él la abrazó y ambos se taparon. Daniel no pensó que Alice se tomaría las cosas tan a la ligera, pero después de todo, él jamás lo hizo con malicia. Y ésa noche, volvieron a hacerlo, pero ésta vez ella estaba sobria, lo suficiente para la propuesta de Daniel. —Alice...—dijo admirando sus dedos. Ella se voltea a verlo fijamente. —¿Que sucede? —¿Te he dicho que te amo? Ella sonrió asintiendo con la cabeza. —Yo también te amo. —¿Te querrías casar conmigo? —¿Que? —Sí, no quiero comenzar las vacaciones sin ti, no me importa lo que suceda con Jack, o con el tiempo, estamos unidos y de eso estoy seguro, tan seguro como de que te amo. Ella asintió aceptando la propuesta tomando un anillo que era de los padres de Jack que Daniel había hurtado. Daniel sabía que Jack merodeaba por su ciudad, que podría aprender cosas que no convenían a la situación, sabía que era malo y déspota, y sabía que querría usar a la pequeña Alice, así que pensó, si ambos estaban enamorados, ambos deberían unirse ante Dios o lo que existiera y fuese artífice de éste maravilloso suceso con el tiempo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD