JANE El reloj marcaba las 7:30 de la tarde. Impaciente, guardé una vez más mi reloj y me aseguré de que Lucien aún no hubiese llegado. Se suponía que él acompañaría a Sergei a la celebración de acuerdos comerciales que Italia y Rusia estaban celebrando, didfrazando como buena noticia sus tratos de maletines negros, llenos de dinero, bajo una cortina de humo, que sin saberlo, los demás celebraban como algo bueno. Quien seguiría con el teatro desde el punto de acción, ahora, sería Lucien. —¿Ya estás lista? Debería entrar contigo a escondidas. Me solté el cabello para pasar de inadvertido el auricular que llevaba en mi oído derecho, y lo miré con advertencia. —Claro que no, tú eres Lucien ahora. Además ¡Lucien no debería estar metiendo su mano ahí!. Alek sonrió pícaro, mordió sus la

