MISHA —¡Cobarde! —Le dije cuando la vi escapar, dejándome más duro que una roca y con mi polla más que lista para hacerla jadear. Sería mía y se arrepentiría de desafiarme. La quería y la tendría. Mi nariz no era capaz de retener el aire, mi garganta estaba seca y mi piel se estremecía con nada. No fue difícil seguirla de principio a fin con la mirada mientras se alejaba, hasta que ella se detuvo y volteó. —No me importa… —¡Mojigata! —¡Traidor! —¡Insegura! —¡Cabrón! —¡Mi amor! —¡Muérete! —Espetó, dando dos pasos más, para luego girarse y mostrarme su dedo medio. Lancé una carcajada y me sumergí en el agua hasta la boca, sin dejar de verla. Agradecido estaba, de que el pasillo fuera largo. Ahí estaba esa mirada de nuevo. La vi escapar, pero ya no dije nada. Mía er

