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Narrador omnisciente
—Jane Lía Miller, 24 años, soltera desde hace cuatro años, ha tenido pequeñas aventuras pero ninguna termina en sexo…
El inexplicable deseo de Alek al escuchar eso cobró vida, ella era un paraje inexplorado, un libro cerrado, un tesoro sin descubrir y él sería el primero en poseerlo, su sonrisa no podía ser más ancha.
Él sabía de antemano que no sería fácil, pero eso era lo que más le gustaba. La inocencia que aquella chica trataba de disimular, pero que estaba ahí dentro y él sería quien se la quitaría.
Había pasado años pensando en ella, la primera vez que la vio… la primera vez que se sintió acorralado por alguien, la primera vez que alguien se metía de esa forma en sus pensamientos.
Ella debía ser suya, así tenía que ser y si no… él haría que así fuera.
Lenin continuó.
—No tiene familia, salvo una hermana gemela que está hospitalizada en un centro psiquiátrico, no hay diagnóstico, aún así la mayoría de giros en sus cuentas van a parar a ese lugar, aunque es una estafa — Arrugó su entrecejo, irguiéndose en su asiento con sus manos juntas bajo su barbilla —. Ninguno de los cuidados que brinda ese lugar es real, maltratan a los pacientes, no siempre les dan comida y pocas veces dan una explicación de sus enfermedades a los familiares, las áreas de limpieza son abastecidas una vez al año y las salas solo son ordenadas cuando es día de visita.
—Un asco — bufó el castaño, levantándose de su asiento para servirse un trago y servir uno para su mano derecha. —¿Doctor o doctora a cargo?.
—la directora del hospital es Martina Lamberger, el doctor del caso es Mario Olivares y la enfermera a cargo es una bella y joven chica de 25 años llamada Karina Varislova, quien ha tratado de denunciar en varias ocasiones los abusos de ese lugar, con diferentes identidades, pero nunca logra nada.
Alek tomaba su vodka a tragos pequeños, jugaba con las llaves en una de las bolsas de su pantalón y miraba al piso tratando de pensar con cabeza fría, ideando, buscando respuestas y asimilando la información que Lenin le brindaba.
—¿Ella no sabe nada? —Preguntó de pronto, cortando algunas de las palabras de Lenin.
Este negó con la cabeza, le dio un sorbo de su bebida y continuó.
—No, ella cree que su hermana está en Buenos términos, la enfermera que cuida a su hermana está bajo amenaza por lo que no puede decir nada, pero aparte de eso descubrí algo más que seguramente ella tampoco sabe…
Esto último sonó demasiado inquietante para él, que de inmediato fijó de lleno su atención en el joven zarco.
Día del incidente en la cafetería.
De entrada, en la sucursal principal, fue recibido con todos los honores, dignos de un líder político o algo mejor, tratado como todo un monarca de la economía, de esos que solo podía verse a medio kilómetro de distancia o por la televisión. Iba rodeado por diez hombres y no porque no pudiera defenderse solo, sino por pura formalidad, por el gracioso hecho de inspirar respeto e importancia.
Blossom Fashion's era su objetivo, el lugar que lo pondría en uno de los mercados más influyentes de Nueva York y de paso le ayudaría a tener un perfil bajo mientras destruía a sus enemigos.
No era su área, después de todo tampoco le hacía falta el dinero ahí invertido, pero era la única forma que tenía para lograr su cometido.
Para conseguir a la mujer que lo había torturado hasta en sueños durante años, la dueña de sus duchas frías y sus momentos de calma.
Sería suya a como diera lugar.
—Bienvenido, señor Zakharov —recibió Wendy, la gerente general y vicepresidenta de la agencia, quien desde que vio al bello magnate abrió sus ojos con asombro, sonrió de oreja a oreja y se aproximó para tomarlo del brazo.
No era común que los grandes accionistas fueran recibidos de esa manera, pero tampoco era acertado creer que cualquiera podía tomar del brazo al despiadado empresario y seguir como si nada.
Inmediatamente Alek la miró con frialdad, miró su brazo y luego miró sin ánimo o amabilidad a la chica, esta lo soltó y continuó incómoda, guiandolo por los corredores de la empresa.
—Blossom Fashion's es una empresa de alto rango en textiles de alta calidad a nivel mundial, sé que le encantará invertir aquí…
—Yo no quiero invertir —Soltó com voz grave, sacando suspiros por donde pasaba. > se preguntó, mientras buscaba a su presa entre todas aquellas personas —. Mi intención es comprar este lugar.
La chica cubrió su boca, lo miró asustada y trató de hablar con más normalidad.
—¿Hay un lugar en el que pueda comer algo antes de la reunión?.
De la impresión al coqueteo pasó el rostro de Wendy, sonrió y cuando iba a tomarlo del brazo de nuevo para guiarlo a la cafetería, él carraspeó y se adelantó unos pasos.
Al parecer su belleza, la cual dejaba hipnotizado a cualquiera, incluyendo al dueño de aquel lugar, no había funcionado con él. Eso la enfureció, pero atrapó más atención hacia aquel sujeto.
Llegaron a la cafetería, ordenó algo de bistec, una bebida natural de naranja y la mejor mesa de aquel lugar. Le gustaba imponer elegancia y lujo, le gustaba ser quien mandara y le gustaba tener siempre lo mejor, era arrogante y soberbio, pero cada cosa que lo describía, llevaba consigo la palabra riesgo.
—Iré a informar a los dueños que ya está aquí, señor Zakharov —la chica se inclinó un poco al frente para decir aquello, mostrándole sus senos por debajo de la camisa, remojo sus labios y se dio la vuelta despacio, contoneando sus caderas.
Alek sonrió con desinterés, miró a su alrededor y no vio a quien buscaba, solo a unos pocos empleados que lo miraban con curiosidad y al fondo un grupo de personas que reían hablando mal de otras.
¿Qué estaba haciendo ahí? Aquello era demasiado patético para él, pero quería a la chica, quería poseerla y ahora que la había encontrado la haría suya.
Antes de dar el primer mordisco a su comida su teléfono comenzó a vibrar en su saco, rodó los ojos y lo sacó para contestar la llamada.
Era Lenin.
ALEK
—No desayuné, así que espero que sea importante para interrumpir mi almuerzo.
Me levanté y caminé a un lugar más privado.
—Es sobre la chica, encontré más información sobre su "empresa de locas despechadas" —habló con burla —. También encontré información sobre los dueños y empleados de Blossom Fashion's, obtuve un informe de cómo se mueven sus cuentas personales y mandé a dos hombres a vigilar a Segei…
Asentí, deslicé una mano por mi barbilla y me aseguré de que nadie me estuviera espiando.
—De acuerdo, gracias.
—¡Ah! y antes de que cuelgues la llamada, te advierto que quiero un aumento.
Alejé mi teléfono para asegurarme de que la persona con la que hablaba era Lenin, pues era raro que después de hacerle varias veces la oferta de un aumento y ser rechazado, ahora me lo pidiera solo por así.
—¿por qué? —respondí con una pregunta al asegurar que sí era él.
—Mientras investigaba a tu chica, una loca se me atravesó en el camino y casi me deja sin bolas, así que quiero un maldito aumento, Alek.
No pude evitar soltar una carcajada.
Lenin gruñó molesto y cortó la llamada.
Le daría ese aumento, lo merecía.
Iba distraído pensando en aquellos ojos que de cuando en cuando eran mi motor a tierra, cuando de nuevo la extravagante chica que me había recibido en la entrada se apareció de nuevo frente a mí, con sus largas piernas, su falda que no dejaba nada a la imaginación y su sonrisa coqueta.
—Señor Zakharov, el jefe está libre para hablar con usted ahora.
Reí con altivez. —¿Ahora? —ella asintió sin dejar de verme de pies a cabeza. Carraspee y pasé por su lado sin mostrar interés. —Dígale que terminaré de almorzar, que espere.
De verdad tenía hambre.
—Pero señor Za…
Me siguió unos pasos atrás, pero se quedó en silencio al mismo tiempo que yo me detuve de golpe para apreciar la escena del frente.
Adelante yacía una bella ladrona con ojos de nutria hambrienta, devorando el que hasta hace unos pocos minutos era mi plato de comida.
Era ella… y me juré no dejarla escapar una vez posó sus ojos en los míos.
Serás mía, Jane Miller - me juré.
Lo que me juraba, lo cumplía.
JANE
Ojos azules, cabello entre n***o y castaño, alto, cuerpo de infarto, un traje hecho a la medida que resaltaba su belleza y una sonrisa matazorras que me invitaba a admirarlo de lejos.
Estos eran los más peligrosos.
Era todo un sueño, pero se transformó en una pesadilla cuando habló.
—Te ofrezco cuartel —Dijo, rodeando la oficina hasta llegar a mi escritorio y sentarse en mi silla giratoria.
¿Cuartel? ¿Qué era esto? ¿Los piratas del Caribe o qué?.
—No lo entiendo… ¿Quién es usted? —me giré con mis brazos cruzados y lo miré fijamente a los ojos de forma retadora. No se me hacía difícil perderme en esos orbes azules —¿Es socio?
Negó, tomando sin permiso mi plan de ventas.
—Digamos que soy la única opción que tienes.
—¿Perdón?.
—Necesitas el empleo, necesitas el ascenso y necesitas mi ayuda, así que será sencillo para ti…
Se levantó y apenas dio un paso al frente mi cuerpo se estremeció, me sentí extrañamente excitada, atraída y no pude moverme, era como si un maldito imán me tuviera atrapada al piso, como si tuviera que estar cerca de él.
—¿Q-Qué hace?.
Se acercó despacio, dio una vuelta a mi alrededor y se detuvo detrás de mí.
—Una noche, señorita Miller, y tendrá su empleo de nuevo.
¡¿Qué?!
¡Idiota!
Me di la vuelta furiosa y estampé mi mano en su rostro con toda la fuerza que tenía, la cual quizá era muy poca porque no lo moví nada. Llevó su mano a su mejilla, me observó seco con algo en su mirada que aún no puedo explicar y me tomó con una mano de la cintura, presionando su cuerpo al mío. Sentí su virilidad en mi centro y no fui capaz de ocultar el rubor en mis mejillas. Sonrió, dio un par de pasos al frente y me dejó pegada a la orilla del escritorio.
En ese momento no tenía miedo de nada, ni siquiera de ser descubierta por Nilton, Wendy o alguien más, pese a ser inocente de todo lo que estaba pasando.
Yo solo lo había dejado, nada más…
—Seamos socios —gesticuló en mi oído, susurrando con voz ronca, logrando que sin yo poder hacer nada, mi corazón latiera fuerte, mi estómago se contrajera y sudara helado.
—No sé quién es usted… Pe-pero la respuesta es no.
Se pegó un poco más, haciendo fricción entre nuestras partes, metió una mano debajo de la orilla de mi falda y apretó mis muslos.
—Acepta…
Negué frenética, solté un jadeo y abrí mi boca para tomar aire. Sin explicación alguna mi nariz no estaba funcionando para nada.
Iba a mandarlo al carajo, vaya que sí pero… No me dejó continuar.
Apretó sus labios contra los míos y en un segundo su lengua estaba haciendo maravillas en mi boca, profundizó el beso metió dos dedos debajo de mi braga.
No era posible… Era la primera vez que lo miraba, permitir esto era una idiotez.
Pero no podía, no me sentía con fuerza para terminar con el contactos entre nuestras bocas.
No lo hagas, Jane. - Pidió mi subconsciente.
Pero no tenía control sobre mi cuerpo.
Lo tomé del cuello, abrí mis piernas y me senté sobre el escritorio.
Mi corazón era un inútil sentimental.
Y por alguna razón sentía que lo conocía.
Se coló en medio, me levantó con firmeza y paseó sus manos por mis piernas, levantó mi falda, jaló un poco de mi cabello para tener más acceso a mi cuello y bajando de nuevo su mano, trató de bajar el cierre de su pantalón.
Ese ruido fue capaz de hacer que un poco de la Jane objetiva en mi interior, despertara de su letargo y volviera a la realidad.
No podía respirar con normalidad, mis labios estaban hinchados y sin notarlo o sentirlo, había clavado las uñas en mis palmas mientras él acariciaba mi sexo despacio con sus dedos.
Lo Empujé, lo miré alarmada y me abofetee mentalmente por permitir que aquello llegara así de lejos.
Debía estar loca.
—No soy una prostituta, señor como sea que se llame… Así que no vuelva a acercarse a mí…
—Señorita Miller…
—Y acepto mi despido, no pienso volver a este lugar.
Lo empujé del hombro cuando pasé por su lado buscando la salida, acomodé mi ropa y cubrí con una mano mis labios hinchados para que nadie se diera cuenta.
Eso fue algo que no debí permitir nunca… Y que no volvería a pasar, como que le llamaba Jane Miller.