… —¿Y? ¿Te gusta?. Mi boca, que hasta ese momento caía desencajada al piso, se cerró de golpe y asentí con bastante emoción. Alek me había llevado a una especie de granja, en donde aparte de la cantidad de animales que tenía, había terrenos gigantescos, campos hilados y sorprendentes viñedos. A unos metros del campo había un hermoso arroyo, y al centro del campo yacía una increíble casa de madera de dos pisos, amueblada con hermosos y ostentosos muebles. Nada menos, viniendo de él. —¿Una granja…? —Bueno, resulta que cierta persona me dio una idea y la compré. Reí, sosteniéndome de un corral de madera en donde estaban las cabras. —Yo que tú no haría eso, las cabras muerden el cabello. Me alejé como rayo y lo escuché reír. Tomando mi mano me llevó hasta la casa. Si por fuer

