ALEK No entramos al hospital psiquiátrico. Nos quedamos un rato en el auto y luego nos marchamos, porque ella no quería y porque yo tenía una reunión de carácter importante que atender. Así que la llevé a casa, le pedí a Lenin que la cuidara y me dirigí a la empresa. No obstante, una llamada me hizo frenar a medio camino. Atendí, pero me quedé en silencio. No era un número que tuviera registrado. —recibí tus mensajes, Zakharov. —Era Vasilick. Sonreí en mis adentros al saber que con la explosión de su viñedo, el imbécil sabría que yo no estaba bromeando. —Quizá creas que me importa, pero no. En este mundo ni la familia, ni los negocios, te detienen. Espero que sepas eso, porque si me quitas todo, te informo que no me importará. Inclusive si me matas. No somos tan diferentes. ¿Pero p

