XXIV La incitante música empezó a retumbar en lo más alto de aquel espacio lleno de hombres que olían a tabaco y lujuria. El sitio le parecía de lo más elegante, para serse muy sincero, pensó que era un lugarcillo barato, donde todo se pasaba de vulgar, de pesado. Odiaba ser así, era su defecto, ser algo prejuicioso con todo. Quizás era su forma de ser desde que era muy pequeño, su madre le dio valor a todo lo que los rodeaba, haciendo que siempre estuvieran prevenidos por lo primero que vieran. No entendía entonces por qué fracasó tanto en su matrimonio si había hecho todo un juicio de su futura esposa y creyó haber tomado una elección correcta. Tal vez ella tuvo que luchar mucho para encajar en su idea de perfección y por eso no se mostró tal como era para él. Entonces no dejó ver sus

