XXIII Aspiró un poco de aire, algo bloqueaba su nariz para respirar con normalidad. Se movió otro tanto, estaba sobre una textura que se movía, no entendía lo que pasaba hasta que abrió sus ojos muy despacio y su vista de inmediato se topó con una cosa redonda. Se levantó de un brinco al reconocer aquella preciosa protuberancia suave y de cima oscura, el seno de su amada Olivia. Ella estaba tendida boca arriba, tal cual como la había dejado una vez terminaron de hacer el amor. Alexander miró su reloj, era de madrugada, sin embargo, el sol todavía no asomaba. Se levantó con un poco de dificultad, le dolía su cintura, fue entonces que se miró, claro que empezaba a recordar lo que había pasado, vio a su pene, su antes muerto amigo, ahora renacía de las cenizas y de qué manera, para invadir

