XXIX —¡Es horrible! ¡Me gritó horrible! ¡Él no era así! Ronald llevaba una hora en su móvil escuchando llorar a Laura por algo que había hecho su amigo, pero que aún no entendía muy bien el qué. La mujer lo llamó de la nada a contarle sus penas, cosa que se le hizo muy molesto, pues parecía que ella asumía que seguían siendo grandes amigos, aun después de lo que hizo antes de casarse con Alex. —Laura, no es mi problema… —Tú tienes que ayudarlo, ¡por favor! Está desorientado, desesperado por esa condición en su cuerpo… —¿Condición? —cuestionó Ronald poniéndose de pie del elegante sofá y caminando al ventanal. Ya empezaba a molestarse porque era obvio a lo que se refería. —Tú sabes… —sollozó la mujer al otro lado de la línea. —Claramente, sí lo sé y no deseo hablar de eso. —Suspiró un

