XXVIII La mirada la tenía fija en su niño al que veía subir y bajar del tobogán de ese pequeño parque, en un loop infinito de arriba abajo. Ella estaba y no estaba, se había perdido en la puerta de esa escuela y ya no se podía encontrar consigo misma. Tenía que ser la madre de siempre, la Olivia que sonreía y protegía con su ya tan lastimada existencia, la de su hijo. El pequeño llegó a su lado, era hora de merendar. De su lonchera de superhéroe sacó las deliciosas cosas que su madre le había puesto para comer. Feliz, devoró todo lo de las bolsitas, la fruta y la bebida, para luego disponerse a seguir jugando en el parque. Olivia lo seguía con los ojos, vigilando y esperando despertar de esa atroz pesadilla. El día comenzó normal. Llegó a la escuela con su hijo, lo dejó en el salón y sa

