XLVII La palabra felicidad era algo ambigua en la familia Tiberius. Ellos no podían gozar de esta completamente sin antes sufrir su respectiva tragedia, o no vivirla nunca. Ahora que todo parecía iba por el camino correcto en esa fractura que Alex sufrió con las mujeres con las cuales creció y conoció la existencia, de nuevo todo se iba a traste. Estaban sentados los tres casi frente al imponente cajón donde su madre moraría por la eternidad. Para sorpresa de los hermanos, fueron muchas las personas que se acercaron a darles el pésame y no solo como una fórmula social o para criticar y burlarse, seguro no faltaría aquello; de verdad a algunos les dolía. De lo que más sorprendió a los hijos, fueron las muchas coronas de flores que venían de parte de instituciones que se dedicaban a la car

