XLVIII Un grito se escuchó de la parte superior de la casa, uno que tenía contenidos mil sentimientos que saltaban de la dicha a la frustración. Ronald subió la cabeza y sonrió al reconocer la dueña de esa voz enérgica, la misma dueña de su corazón. No se esperaba para nada que la chica bajara a los brincos esa escalera y se le abalanzara de tal manera como para casi tumbarlo. Él jamás había sido recibido con tal alegría, nadie nunca le había demostrado el extrañarlo tanto. —Yo también moría por verte, Megan. —Fue lo único que salió de su boca mientras consolaba a su novia, que lloraba a mares—. Olivia, Alexander está haciendo todo lo posible por venir lo más pronto. —Lo sé —susurró conmovida al ver a sus amigos abrazados—. Creo que yo voy a hacer lo mismo que Meg, no soporto ya su ause

