- ¡Maldita perra! – gritó al momento en que logre liberarme de él y corrí lo más rápido que pude hacía un lado de la calle, buscando lo que sea para defender a mis amigas. Por suerte encontré un par de rocas en el suelo, así que tomé todas las que pude y al momento de girarme me confundió lo que vi, pues era un caos total. habían tres hombres más de los que recordaba a menos que debido a la borrachera estuviera viendo doble.
- ¡Corre tonta!- me gritaba Viena mientras arrastraba a Ayse hacia lado bajo de la calle – al momento comprendí, los otros tres tipos estaban peleando con los hombres que intentaron secuestrarnos. Pero los chicos que intentaban defendernos estaban en desventaja, había un hombre golpeando a un muchacho mientras su compañero barbudo lo sostenía como si fuera un saco de boxeo. había otros dos peleando uno a uno y la se veían bastante parejos en la pelea, por otro lado había un tercer muchacho que estaba enzarzado en una pelea dos contra uno pero a diferencia de su compañero, él iba ganando la pelea.
- ¡¿Qué haces tonta?, corre! – Viena me dio un empujón para que reaccionara pero en lugar de salir corriendo con ella, me encaminé hacía los hombres que peleaban como animales. Tiré la mayoría de rocas que tenía y me quedé con la más grande. La sostuve con ambas manos y corrí lo más rápido que pude hacia el hombre que golpeaba sin tregua al pobre muchacho mientras su compañero cobardemente lo sostenía para que no pudiera defenderse. Al estar a unos centímetros de ellos salte y golpeé lo más fuerte que pude la nuca del hombre, al momento en que la roca impactó su nuca sentí el dolor en mis manos y el hombre soltó un alarido de dolor pero no quedó inconsciente como pensé, simplemente cayó de rodillas y unos segundos después se abalanzó hacía mí dándome un fuerte puñetazo en la cara. Mi cuerpo impactó el suelo y sentí un dolor insoportable pero al momento de levantar la vista el chico al que habían estado golpeando hacía unos segundos ahora estaba encima del hombre que me golpeo y a juzgar por lo que pude ver estaba propinándole la paliza de su vida al barbudo. Su compañero se recuperó en unos segundos y nuevamente se abalanzó hacía el muchacho, pero ahora ellos se veían rodeados debido a que sus otros tres amigos yacían en el suelo inconscientes y lo último que pude ver fue a Viena gritando como loca mientras alguien se acercaba a mi y…
- ¡Oouch! – Mi cabeza, duele muchísimo, y no puedo abrir los ojos debido a que siento que la luz me quema y las llamas van a dar directamente al cerebro. Hago un esfuerzo por levantarme de la cama donde estoy. Esperen ¿una cama?
- ¡al fin despiertas! – es la voz de Viena – ¿planeas quedarte dormida todo el día?
- ¿Viena? ¿dónde estamos? – le pregunto
- Estamos en casa de Adam – dice tranquilamente
- ¿Adam?
- Sí, uno de los chicos que nos salvó anoche
- ¿Por qué estamos aquí?
- Haber, dime. ¿Cómo esperabas que yo te cargara a ti y a Ayse en medio de la noche por la ciudad en el estado en el que estábamos? – pregunta un poco molesta
- Tienes razón, lo siento. Es solo que ya muchas molestias les hemos dado, es decir; anoche recibieron una paliza por nosotras y no puedo ni pensar lo que esos tipos les harán si los ven de nuevo
- ¡Ja! créeme, esos tipos fueron los perdedores anoche, además no te preocupes por ellos que ya lo tienen todo resuelto.
- ¿A qué te refieres y por qué hablas de ellos como si los conocieras? – la interrogo
- Los conozco, íbamos juntos a la Universidad, ¿acaso no los recuerdas?
- Yo no… no salía mucho – me excusé
- Bueno, ya no importa, lo que tenemos que hacer ahora es agradecer lo que hicieron por nosotras porque, si no fuera por ellos, nosotras ahora mismo estaríamos en una zanja.
- No digas esas cosas tan a la ligera
- Es la verdad
- Oye, ¿Dónde está Ayse? – pregunté recordándola de repente
- Tranquila, está abajo desayunando o bueno almorzando
- ¿qué?
- Sí, ya es más de medio día
- No puede ser, debemos irnos por…
- ¿a dónde?, te aseguro que nuestros queridos esposos ni siquiera han notado nuestra ausencia – dice y debo aceptar que ella tiene razón así que decido no hacer nada
- Ven, vamos a comer algo – dice levantándose de la cama – ten, ponte esto – dice tirándome un hermoso vestido veraniego
- ¿De dónde lo sacaste? – le pregunté y luego noté que ella también usaba un hermoso vestido celeste que la hacía ver más blanca de lo que era pero, a la vez se veía hermosa
- Los chicos que nos trajeron a su casa se tomaron la molestia de ir personalmente a comprarnos ropa para que estuviéramos más cómodas – dice mientras se dirige a la puerta – date una ducha, arréglate, cubre ese moretón en tu rostro y luego baja a saludar a nuestros anfitriones – dice y luego sale de la habitación
Luego de media hora ya estaba lista para bajar a comer, al momento de salir de la habitación noté lo lujosa que era la casa en la que estábamos. De un hermoso color blanco con tonos negros y dorados, parecía estar hecha de mármol o porcelana, pero a pesar de tanto lujo, la casa parecía un poco solitaria ya que no me topé con nadie en mi camino hacia las escaleras. Luego de seguir el camino principal; ya que no conocía la casa. Logré llegar a las escaleras que daban a la primera planta. Y al bajar me guié por las voces para poder llegar al hermoso comedor n***o con tonos dorados que se veía perfecto en un enorme cuarto blanco.
Ayse y Viena estaban sentadas del lado izquierdo del elegante comedor mientras tres hombres jóvenes estaban sentados justo frente a ellas del lado derecho y por lo que pude notar estaban muy animados. Parecían un grupo de amigos que se había reunido para desayunar, al notar mi presencia los tres jóvenes hombres se levantaron y saludaron muy educadamente.
- Buen día – los tres al mismo tiempo, lo cual hizo que tanto Ayse como Viena se giraron para verme. Ayse se levantó en seguida.
- ¡Selene!, ¿Eres tú? – dice incrédula- Te ves hermosa, ¡Nunca te había visto con el cabello suelto!
- Ayse, basta. No te burles – la reprendí
- No se burla – dijo Viena – Ella tiene razón, luces preciosa cuando utilizas ropa para chicas de tu edad
- ¡Basta! – les digo a ambas ya que me estaban avergonzando
- Está bien, no diremos nada más. Por ahora – dice, tomándome de los hombros mientras me empuja hacia el comedor
- Selene, te presento a nuestros héroes – dice señalando a los jóvenes
- Él es Daniel Taylor – dice señalando al chico cabello castaño, con unos hermosos ojos color miel y un cuerpo esbelto pero no musculoso – Él es Harry Brown – dice señalando a un chico cabello rubio y ojos azules que hacían que te congeles en su mirada a primera vista, Viena siguió con su presentación – y por último pero no menos importante, él es William Thomas – dice señalando al chico pelinegro con unos hermosos ojos verdes – Chicos ella es Selene Evans – dice mientras me empuja hacia adelante para que me vean mejor.
- Es un placer conocerla formalmente – saluda, Daniel
- Lo mismo digo, se ve muy bien con ese atuendo, no creo que sus amigas se estuvieran burlando. Ellas simplemente dicen la verdad – me explica, Harry
- Buen día, señorita Evans. Espero se sienta mejor – Saluda William
- Buen día caballeros, agradezco sus atenciones y preocupación. Me encuentro bien gracias a ustedes – saludo de vuelta
- ¿Por qué todos se pusieron serios tan de repente? – dice Viena
- Por favor, regresen a la mesa – nos invita Daniel
- Sí, así nos conoceremos mejor – dice Viena, mientras me jalonea en dirección a la mesa. Al sentarme junto a Viena, al menos tres sirvientas se acercaron a mí con las manos llenas de comida y la pusieron justo frente a mí, pero no se me apetecía nada; aun así me obligué a tomar los cubiertos y empezar a comer.
- Bueno, continuando con nuestra charla, Chicos, quiero agradecerles infinitamente por ayudarnos anoche – dice Viena – Sí no hubieran intervenido ahora, Ayse estuviera muerta en algún motel de la ciudad…
- ¡Viena!
- Selene estuviera secuestrada por esos patanes mientras la torturan de formas horribles ..
- ¡Viena!
- Y yo, yo estuviera tirada en la zanja de un callejón oscuro… - estoy segura de que hubiera seguido con su horrible parloteo pero el chico llamado Daniel Taylor la detuvo
- No creo que esos escenarios tan horribles hubieran sucedido, ya que las tres saben defenderse muy bien.
- Así es, con un poco más de ayuda estoy seguro que les darían una paliza – dice Harry
- No lo creo – interrumpe William – Unas chicas tan linda no deberían ensuciarse las manos con basuras como ellos, aprender a manejar un arma me parece los más indicado – las tres nos vemos mutuamente sorprendidas ante su extraña conversación pero nos reímos al mismo tiempo.
- No, jamás podríamos hacer eso – explica Ayse tímidamente
- Habla por ti, a mí me encantaría patearle la cara a esos tipos o a cualquiera que se lo merezca – dice Viena, más emocionada de lo normal
- ¿Y usted qué piensa? – Me pregunta Daniel
- Comparto la opinión del Sr. Thomas, creo que prefiero utilizar las armas aunque creo que no está de más aprender a defenderse por nuestros propios medios.
- Entonces, no se diga más. De nosotros depende que ustedes aprendan a defenderse de la manera correcta. Prometió Daniel
- Me parece genial – estuvo de acuerdo Viena
Pasamos las siguientes horas hablando de todo tipo de cosas hasta que me di cuenta que había empezado a anochecer, me levante de la mesa y agradecí por todo, luego salí corriendo hacia afuera; busqué un taxi y me dirigí lo más rápido que pude hacia mi casa a las afueras de la ciudad.