Madison
No sabía que me iba a pasar, estaba muy asustada. Tenía el presentimiento de que hoy moriría, lo que a estos niveles ya me daba igual. Mientras saliera de aquí, me daba igual morir o no. No tenía familia, ni amigos, ni nada por lo que debería no querer dejar este mundo, así que si tenía que morir ahora mismo me daba igual, no tenía a nadie.
Si mi destino es morir tal vez sea porque me lo merezca, pienso y lágrimas se derraman por mis ojos.
— ¡Suelta a la chica de una vez, demente! — vocea uno de los policías hacia el ladrón.
El chico aprieta cada vez más la pistola contra mi cabeza. Me está poniendo cada vez más nerviosa. Mi corazón late a mil por hora ahora mismo. Esto no parece real.
Los policías nos siguen apuntando. Puedo observar como a algunos les tiemblan las manos, sudan, o hay algunos que hasta incluso están deseando disparar.
Desvío un poco la mirada ahora hacia la calle y veo algo que me aterra mucho más. Un grupo grande de personas, esta vez todos con máscaras de animales (lo que causaba más miedo) se estaban escondiendo detrás de los coches los cuales estaban aparcados cerca de aquí. Mierda, no puedo evitar pensar que algo más malo está a punto de suceder.
El ladrón que me tiene retenida parece darse cuenta de que me he percatado de su "plan", así que me aprieta más contra él con rabia y furor, casi ahogándome.
— Cómo digas una palabra a la policía, estás muerta — berrea hacia mí de mala manera y lo miro a los ojos, asustada, aunque automáticamente cuando nuestros ojos conectan, la desvío con miedo. Qué mirada tan intimidante.
Trago duro, dándole vueltas a sus sucias palabras, a la vez que mi mente va maquinando lo que va a pasar. La espera me está matando, que lo hagan ya.
De repente, diviso como las personas enmascaradas que se estaban escondiendo anteriormente, ahora están sacando sus cabezas por los laterales de los coches, observando así el panorama. Pero, mierda, también están sacando armas. ¡Van a disparar, van a disparar! De los policías me fiaba, pero de estos no, para nada. De seguro me pegaban un tiro a mí.
— A la de tres, tírate al suelo, ¿Entendido? — oigo como el ladrón me susurra cerca del oído, aunque nadie se percata ya que lo hace muy disimuladamente. Me estremezco al oír su voz tan cerca de mi oreja.
— ¿Qué? — expreso confusa e intranquila hacia él, obviamente sin mirarle ya que sino los policías sabrían que estamos hablando. ¿Me ha dicho que me tire al suelo?
Observo como él rueda los ojos de mala gana, a la vez que suelta una queja, a lo que yo pienso "c*****o".
— ¿Quieres morir? — interpela de nuevo, apretando aún más su pistola en mi cabeza.
— N-no — logro a murmurar, a la vez que una lágrima se derrama por mi mejilla.
— Pues cuando te diga, tírate al puto suelo — vuelve a repetir de malas formas. Eso haré, aunque no estoy muy segura — ¿Está claro? — berrea esperando una respuesta. Le respondo un "sí" casi en un susurro, a la vez que mi cuerpo tiembla sin cesar.
La situación se está poniendo más tensa aún. El chico sigue con su pistola en mi cabeza, cada vez apretándola más, y no paran de llegar policías.
Observo el fondo de la calle de nuevo y puedo ver cómo los matones de su banda que se estaban situando detrás de los coches ahora están preparados para lo que parece ser disparar.
Me van a dejar cómo un colador, cavilo entristecida y temerosa a la vez.
— Ahora — ordena el chico y rápidamente me pega un empujón haciendo que caiga directa al suelo, golpeándome así el hombro fuertemente con el pavimento, para después este ponerse a disparar como un loco junto con su banda.
¿Qué coño está pasando aquí?
Temerosamente, tiritando y con lágrimas sin cesar cayéndome de los ojos, me desplazo por el frío y sucio suelo de la calle con cuidado, a la vez que lo único que se oye son los disparos.
«No quiero morir, por favor», rezo sin parar a la vez que sigo arrastrándome hasta un lugar seguro.
Diviso un coche a tres metros de mí y sin pensármelo más me arrastro hasta detrás de este, desesperada por poder cubrirme de los disparos y asegurarme de que no me van a dar. No parece real lo que está pasando.
Por culpa de mis malditas lágrimas lo veo todo bastante borroso, lo que me pone más nerviosa.
De repente, observo cómo una silueta se acerca por detrás del coche hacia mí, agachado, y me asusto. No lo puedo distinguir debido a las malditas lagrimas.
— Señorita, ¿Está bien? — expresa esa persona a mi lado y ahora me froto bien los ojos para poder ver con claridad.
Me tranquilizo al ver que se trataba de un agente de policía. Estaba inquieto y sin quitar la vista de los ladrones que estaban disparando, a la vez que se escondía detrás del coche conmigo. Agradezco al mundo de que este hombre haya aparecido.
Ahora mismo me da exactamente igual que este hombre me esté viendo llorar cómo una demente, estoy muy asustada y lo único que quiero es saber que no me va a pasar nada.
— Sí — murmuro despavorida titiritando. No puedo evitar llevarme las manos a los oídos y cubrírmelos, ya que no sabía que los disparos sonaran tan fuertes.
Tengo mucho miedo, muchísimo. Estoy en la escena del crimen de un tiroteo, y lo que es peor es que el ladrón me ha usado de rehén. Nunca me habría llegado a imaginar que esto me pasaría.
Los disparos no cesan. Lloro por las vidas que ahora mismo están en peligro y por las que ya se han ido. Gracias a Dios no he visto cómo moría nadie delante mío, porque eso sí que no lo superaría nunca. No me lo podía creer.
— ¡Joder! ¡Son muchos! — oigo vocear a otro policía el cual se estaba cubriendo a detrás de otro coche.
«Por favor, no quiero morir»
Dejo de observar la escena para descender la mirada hasta el pavimento. Estoy tan atemorizada, que ni siquiera puedo mirar a los policías.
Los disparos siguen retumbando por toda la calle y las lágrimas no dejan de brotar de mis ojos.
— ¡Alto el fuego! — se distingue a un policía gritar de entre los disparos, y los demás, hacen caso de la orden.
De repente, no se oye nada más que a gente llorar o gritando por lo que acaba de ocurrir, pero ni rastro de ningún disparo.
«Gracias, Dios», reflexiono en mi interior, aun así nerviosa y con los oídos pitándome.
Pero, ¿Y los ladrones? ¿Dónde se han metido? ¿Se han escapado o estarán muertos? Le doy bastantes vueltas aún desde detrás del coche en el que me estaba protegiendo, pero realmente me da igual, solo me importaba salir viva.
Suelto un suspiro de alivio al saber que no hay moros en la costa, que los malos se han esfumado, pero en cuanto elevo la mirada, veo algo que me impacta a unos metros de la escena del crimen.
Era el ladrón, el que me había tenido retenida. Se estaba subiendo a una furgoneta con los suyos y nadie se estaba dándo cuenta. No puede ser.
— ¡Los ladrones se escapan! —se oye vocear a un civíl y señala hacia dónde yo estoy mirando.
—¡Detenedlos! ¡Se llevan millones! — grita ahora un policía y observo cómo con su arma apunta hacia ellos, pero de nada sirve ya que el ladrón, en un fugaz y ágil movimiento, logra meterse dentro de la furgoneta junto con su pandilla por la puerta trasera.
Antes de que pudieran cerrar la puerta y los disparos volvieran a comenzar, logro distinguir cómo el ladrón se quita velozmente el pasamontañas, creyéndose que nadie lo ve, dejándome así una clara vista de su rostro. ¿Qué?
No puedo parar de admirar la escena, ni su rostro. Estaba alucinada en estos momentos. Era el chico de las noticias, el ladrón más buscado en Londres. Se llamaba... mierda, no recuerdo su nombre.
Él se percata que le he visto la cara y, con miedo, observo cómo pícaramente y divertido me guiña el ojo y se lleva el dedo a la boca en señal de "sht", para después cerrar la gran puerta de la furgoneta y arrancar el automóvil.
Espera, ¿Qué acaba de pasar?
Los policías van tarde ya que cuando se deciden en disparar, los ladrones ya han arrancado el motor y se van, así que acaban bajando sus armas, no sin antes intentar traspasar esa furgoneta con alguna bala, pero resulta ser nefasto.
Suelto un enorme suspiro debido a que todo ha sucedido muy rápido y estoy impactada. Podría haber muerto, pero Dios no lo quiso así. El ladrón podría haberme pegado un tiro en toda la cabeza, pero no, al contrario, me guiñó un ojo, a la vez que se reía, lo que me descolocó por completo.
No entendía nada, pero estaba asustada.