Guardó el teléfono y se volteó hacia Mely con movimiento brusco. Sus manos tatuadas se posaron sobre los pequeños hombros de ella. La miró fijamente a los ojos con intensidad que no admitía juegos ni bromas. —Duende, escúchame bien —dijo con voz baja pero urgente, cada palabra saliendo cargada de seriedad absoluta—. Pretende que eres Melanie Harrison, ¿ok? No que eres una soldado austriaca asesina. Trata de cambiar tu acento. Suavízalo. Hizo pausa, asegurándose de que ella estuviera procesando cada palabra: —Mis padres creen que eres Melanie. La hija de Harrison. No pueden saber la verdad. Ni tampoco lo del atentado. ―¿Porque? ―Porque no. No por ahora. Melanie con su expresión amargada y seria le dijo con su acento austriaco en tono de burla: ―Mmmm. ¿Les tienes miedo? Ezra la miró

