No sé por qué, estando en la tumbona, con una piña colada en mi mano y el sol pegando suave sobre mi cuerpo, sigo viendo la imagen del idiota ese siendo abrazado por unas manos de mujer.
Es ridículo.
Pero es él quién está haciendo el ridículo, es él quién se engaña a si mismo, es él quién juega con alguna tonta que le cree cuando se nota a leguas que sigue enamorado de su ex, al final no entiendo por qué los hombres hacen esto, se mienten y buscan otros cuerpos intentando borrar los malos recuerdos, y a veces hasta los buenos, aún sabiendo que eso no va a pasar. Pero está bien, si eso es lo que él quiere, si piensa que podrá continuar metiendo a muchas mujeres a su cama, entonces que lo haga, será él quién se contagie de alguna ETS.
Bien, que continúe siendo un completo imbécil que piensa que todo lo hace bien.
¡¡¡Ah!!!
Y ni siquiera entiendo por qué me importa.
¡Que rabia!
Pero bueno, ya da igual. No es algo en lo que voy a pensar.
¡Qué va!
A veces pienso en todo lo que ha pasado y no le encuentro una buena respuesta a todas las preguntas que aún estoy guardando, pero prefiero dejar las cosas así y continuar creyendo que lo que hice (arrancarme) fue lo mejor que pude hacer, de haberme quedado, ahora estaría allá, en medio de esos dos y con el corazón quemando por no poder borrar los sentimientos que aún tengo por ese condenado hombre.
De pronto, una mezcla de emociones me invade y sólo puedo entender una de esas... La tristeza.
Miro al cielo con mis lentes de sol que me ayudan a ocultar las lágrimas que los recuerdos me dejan, y la luz del sol se tapa de pronto.
- Disculpe, señorita ¿Puedo hacerle una pregunta? - Un hombre de unos treinta años, cabello claro y ojos oscuros me mira con una sonrisa coqueta.
- Si, claro ¿Que necesita? - Pregunto mientras me siento y me quito los lentes de sol.
- Bueno, mire, la verdad es que la estuve observando desde el otro lado de la piscina y me preguntaba si quisiera tomar una copa conmigo. - Su expresión de niño y sus ojos alegres me hacen sonreír ligeramente.
- Muchas gracias, pero como puedes ver, yo tengo ya mi copa. - Levanto mi piña colada y observo su sonrisa desaparecer lentamente.
- Bien, disculpe por importunarla, señorita.
- No se preocupe. - Le sonrío y él se mueve hacia la derecha, es cuando veo al imbécil ese colocarse frente a mi al otro lado de la piscina con un short azul y gafas negras, además de un cuerpo fornido y marcado como si de un modelo corporal se tratase.
El maldito se ve bien, y lo sabe.
Cintura estrecha, pecho firme y apretado, brazos grandes y duros, espalda ancha y completamente marcada.
Si yo fuera cualquiera, me habría quedado mirando mucho tiempo, sin embargo, no soy cualquiera y a mí ese idiota no me interesa.
Vuelvo a colocarme las gafas y miro hacia otro lado tratando de entender por qué carajos me molesta tanto que ese idiota esté aquí, si en la mañana parecía que habíamos llegado a un entendimiento. Tal parece que no fue así, al menos no para él.
Cierro los ojos y de pronto la luz vuelve a irse. Miro por mis gafas y otra persona se encuentra frente a mi, esta vez es una chica.
- Hola, buenas tardes señorita, le dejo aquí su trago. - Sus palabras me obligan a ver de qué está hablando.
- Disculpe, yo no he pedido nada. - Le digo a la dulce chica mientras puedo ver al tipejo ese, está acompañado de una rubia despampanante.
¡Ja! Mira tú... No me lo podría haber imaginado.
Es ironía.
Me muevo un poco para levantarme y es cuando noto que no es solo la rubia, es también una chica de pelo castaño, ella está detrás del imbécil haciéndole un masaje mientras se ríe.
¡Sí que es descarado!
Me termino de parar y tomo mi bolso para dirigirme hacia la playa, esto ya no me está divirtiendo.
Salgo del edificio y camino hacia la playa con mis sandalias en una mano y mi sombrero en la otra, todo ha sucedido tan lento que desearía que las cosas pasaran más rápido.
Suspiro y miro mi reloj. A esta hora ya Ronnie debe estar descansando, sopeso la situación y decido llamarla.
Ella contesta al segundo tono.
- ¡¡Alma!! - Grita en cuanto responde.
- ¡Carajo, niña! ¿Quieres dejarme sorda? - Ella ríe al otro lado de la línea.
- Lo siento, cariño, no pretendía eso ¿Cómo estás? ¿Cómo llegaste? Perdón que no te haya llamado antes, pero llegamos hace poco y fuimos a comer, además de ir por un par de cosas que me olvidé en España.
- No te preocupes, yo también debí llamar antes y no lo hice ¿Cómo te encuentras?
- Bien, estamos bien, han pasado muchas cosas y por ahora solo queremos descansar y relajarnos, así que hemos tomado todo con calma ¿Cómo estás tu? ¿Cómo está todo por allá? - Pienso en las respuestas para esas preguntas y no sé por dónde comenzar.
- Yo estoy bien, el departamento está perfecto, ahora estoy en la playa, es que la playa queda en frente del resort que cuenta con bar y piscina, es hermoso aquí. Anoche salí a comer afuera y me encontré con un tipejo odioso que me terminó haciendo enojar, justo ahora estaba frente a mi en la piscina, es por eso que decidí venir a la playa.
- ¿Te hizo algo? ¿Quién diablos es ese tipo? - Pregunta una Ronnie muy asustada, mientras la voz de Nate se puede escuchar también.
- ¿Que le sucedió a Alma? ¿Le hicieron algo?
- No, tranquila - Digo en el teléfono - Todo está bien, de hecho, el muy idiota es mi vecino de en frente, pero no es un chico malo - Aunque él haya dicho que lo es por lo que pasó con su ex - Te aseguro que no es nada que Alma Garbados no pueda manejar.
Me río un momento y ella se ríe conmigo, pero eso no evita que realmente quiera tenerla aquí, conmigo, para que pueda darme un abrazo que me diga que todo va a estar bien.
- Ten cuidado, mi Alma, no quiero que te vaya a suceder algo malo. ¿Me prometes que llamarás si ocurre algo?
- Por supuesto, eres mi primer y último pensamiento, querida mía, así que no creas que te vas a deshacer tan fácilmente de mí. - Vuelvo a reír, pero ni yo me creo esa risa.
- Está bien, cariño, solo cuídate y pásalo bien por mi. Un gran abrazo. - Dice ella y yo cuelgo sin responder nada más que un "Adiós".
Digamos que no necesitamos más que eso para comprender lo que está pasando. Me enamoré de su novio y eso será un clavo difícil de quitar.
Han pasado algunos días sin novedad, todo marcha bien, he estado trabajando desde aquí con mi computadora y en los tiempos muertos bajo a la piscina o a la playa antes de ir a comer algo o recorrer la ciudad.
Cuando son las cuatro de la tarde recién acabo mi trabajo y me dispongo a bajar a la playa, cuando estoy esperando por el ascensor, una voz familiar me sorprende desde atrás.
- Hola vecina. - No necesito voltear para saber que es el tipo odioso al que no he visto en varios días.
- ¿Así que sigues aquí? Pensé que te habías mudado ya que no te había visto y a tu club de fans tampoco. - Digo con evidente ironía.
- ¿Ah, si? No sabía que me habías estado buscando. - Habla con un dejo de sarcasmo que me irrita.
- Y yo no sabía que seguías siendo tan imbécil. Un placer verte otra vez, odioso. - ¡Uy!
- Max... No odioso.
Espera... ¿Dijo Max? ¿El amigo de Blake?