3 | Todo o nada

2908 Words
BIANA TORRES Llega un punto en el que dejas de tener miedo y te avientas a la guerra con la vista clara en un solo objetivo: Ganar. Prefieres morir al fallar que aceptar que la has liado y que después seguirás teniendo el mismo problema por el que has iniciado todo— el cual sigue sin solucionarse—, y otro adicional que consiste en levantarse y repetir el procedimiento de una forma distinta hasta que acabes en una lista de intentos fallidos, buscando un éxito que no sabes si llegará. Poco alentador, ya lo sé. Pero eso sólo sucede cuando vas por el mundo a media máquina, sin hacer lo que sea que desees con ganas verdaderas. A mis treinta años he aprendido que en esta vida debes darlo todo sí o sí, o simplemente morirte de una puta vez. Si todos los mediocres del mundo muriesen le harían un favor a la humanidad porque jamás debes hacer nada a medias, y ésto aplica para la sobrevivencia, el amor, los estudios, el área laboral y todo lo que incluya el desarrollarte como ser viviente del planeta tierra. Es todo o nada. Ganar o morir. Sencillo, cruel y correcto. No acepté el puesto ofrecido por Spence solo porque sí, lo hice porque en el fondo de mi alma deseaba aprovecharme de él como director y personaje influyente para llegar una vez más hasta los hijos de puta que me hicieron daño en Asia. El motivo de mi aceptación a colaborar con el SIPM siempre tuvo un trasfondo: llegar de regreso a China para conseguir la base del hilo que mueve toda esa red de tráfico y prostitución. Creí que si me ganaba a mis compañeros y jefes lograría que me agregaran a misiones relacionadas con la red de trata blancas, pero no. He tratado de sobresalir, roto las reglas y hasta convertido en la protagonista de tareas que no me competían solo para demostrar que soy buena, porque mi sed de venganza pide que regrese para devolverles un poco de veneno a aquellos que me convirtieron en esclava s****l, a aquellos que pusieron en riesgo mi integridad, a aquellos que propiciaron la muerte de Marbella. El SIPM se mantiene en lucha constante contra los grupos criminales, pero las ramificaciones de los líderes de la mafia los convierten en oponentes indestructibles. No consigo apoyo de ningún tipo, mis propios compañeros evitan ponerme en riesgo, el jefe de la división no me envía a misiones y Spence dejó de orden desde que ingresé que sería personal de colaboración, básicamente una mensajera. Frustrante para una chica que anhela escalar para lograr sus metas. Es por ello que no he visto más escapes o salidas que actuar por mí misma. Por cuestiones de ética y moral a los agentes no los relacionan con ningún caso en los que hayan estado involucrados como ciudadanos ajenos al cargo, y es esa la excusa que me han clavado por años para que me mantenga alejada del caso 082, número de mi puto caso en Asia. Pero no puedo permitir que aquí también me mantengan prisionera. Así que eso acaba hoy. Salgo del salón con el pecho apretado, tengo el pendrive escondido en el sujetador y transpiro en exceso por los nervios de ser capturada antes de lograr salir de aquí. Mis pasos son apresurados y el pasillo es asfixiante, me siento atrapada, rodeada, como si las paredes se estuviesen encogiendo y amenazaran con aplastarme. Los agentes que caminan en dirección opuesta observando sus teléfonos o hablando entre ellos pasan por un lado, y es tanto el nerviosismo que la paranoia me carcome. Trato de no ver a los lados y me enfoco en el final del pasillo. Tengo que llegar, salir ya. Me miro el reloj de muñeca, son las tres y cuarto de la tarde. Tengo pisadas detrás y doblo al final del pasillo para por fin salir del ala. Según mis cálculos me quedan cinco minutos para evacuar la base... Pero se activa una alarma que pone a todos en estado de alerta. Carajo. —Perímetro cerrado, —Se escucha por el altavoz—. permanezcan dentro de la instalación, agentes. Mierda. Ya no hay nada que hacer más que huir, así que echo a correr de regreso por donde vine pero doblando hacia la puerta contraria a la que salí, chocando con algunos agentes que se me atraviesan y que no hacen nada porque no entienden mi actitud. Hay cámaras por todos lados y no paro de correr tratando de irme hacia el lado B de la infraestructura, pero la pared de músculos con la que me estrello y que sale de la nada me marea. Intento devolverme y también tengo a dos agentes impidiendo el paso. Estoy rodeada. —Agente Torres, contra la pared. Maldición. No puedo escapar ni esconderme, me han atrapado. Y levanto las manos. ¿Pero se acuerdan cuando dije que los mediocres debían morir? Y yo no soy una. No tengo permitido el porte de armas, así que no llevo nada más que el carnet que me identifica como parte de la organización, a diferencia de los tipos que me apuntan con sus pistolas. Pero conozco el reglamento interno del SIPM y está prohibido atacar a otro agente, a menos que este ataque primero y actúes en defensa. Así que no van a disparar. —Vamos a hacer las cosas por las buenas, compañeros —Por el rabillo del ojo veo que las montañas de músculos que tengo a mis espaldas se acercan—. Yo no he hecho nada malo, solo quiero irme a casa. —Agente Torres, por favor acompáñenos a la sala de juntas y entregue lo que ha cogido. La acusación y orden es directa. Evidentemente me han pillado por cámaras. —No, —Mi respuesta es clara y tajante—. No voy a ir a ningún lugar, yo ya me iba a casa y eso es lo que haré. Trato de pasar entre los dos hombres de enfrente pero uno de ellos me agarra con una llave que inmoviliza todo mi cuerpo, dejándome de cara contra el suelo. Era obvio que terminaría así, no tengo los años de entrenamiento ni la experiencia que debería para los seis malditos años que tengo aquí. —Colabore con nosotros, agente Torres. Estoy seguro de que hay una explicación para todo ésto. Claro que la hay, la explicación es que me robé los archivos del caso 087 para poder acceder a la información que me han negado por años. —Vale, de acuerdo —cedo. Y me sueltan. —Por favor, entrega el pendrive —Ordena el superior de todos. Es el Agente González, número uno de la base en Barcelona. Entonces me sacudo el pantalón, abro mi camiseta y saco el dispositivo húmedo de entre mis pechos, pero no para entregarlo, sino para tragármelo. El tamaño facilita la acción y me lo meto a la boca tragando saliva de inmediato, el plástico pasa a través de mi garganta y sonrio. A eso me refiero cuando digo que en la vida debes ir a por todo o nada. Y no me interesa las consecuencias si voy a tener la información que necesito para por fin armar mi propio plan. La cara de los sujetos es ilegible, pero sé que no esperaban eso. —Ahora sí, vayamos a la sala —hablo. *********** No es una sorpresa para mí la decisión tomada, y no me afecta en lo absoluto, nunca tuve algún tipo de apego o sentimentalismo por el SIPM. Estoy en la base de Madrid porque fui citada aquí, han pasado cinco días desde que fui expulsada en Barcelona y no reparo a Margot que está a mi lado. Desde que la vi llegar con su cara de palo supe que no me salvaría de algún estúpido regaño, y no estoy para mareaderas suyas. Hice lo que hice porque merezco vengarme. Llegué a dónde lo hice por una maldita Vendetta, y ahora yo también armaré la mía. —La expulsión definitiva de la ciudadana Biana Torres es un hecho —La jefe de división de Madrid termina con la asamblea y visualizo a Spence a lo lejos, serio. Él vino solo porque se trataba de mí, el directo de la organización tiene mejores cosas que atender que venir a ver a una rebelde siendo botada de alguna base. —Siempre supe que era una mala idea meterte en esto —Murmura Margot a mi lado. —Para ti todo es una maldita mala idea, y me tienes los huevos hinchados. Su cabello está más largo, con ese corte por la barbilla que la hace ver sexy. Me convertí en un chivo espiatorio con un fin, y si por las buenas no sucedía lo que quería pues tocaba por las malas. Y así lo he hecho. Estuve seis años relacionándome con las personas indicadas por los jefes de división de España, obedeciendo órdenes y ganándome a mis compañeros, muchos de los cuales ya han egresado. Claro que he hecho contactos y podría armar mi pequeño grupo para llegar hasta el Club del Amor nuevamente. Me hice una chismosa discreta que bajo su máscara de estudiante y luego de recién graduada pasó archivos, datos y pistas que derrumbaron revueltas organizadas. Me metí en el papel y ya está. Hago esto por mí y por todas las víctimas de esa maldita red. El dictamen es claro y oficialmente he sido expulsada. El juicio fue relativamente rápido, se presentaron pruebas con las que quedé expuesta como una ladrona de archivos confidenciales. El vídeo de las cámaras de seguridad lo confirma. No me preocupo ni un poco y apenas se abren las puertas salgo disparada para marcharme de regreso a Barcelona. —Biana —Spence trata de detener mi paso pero me sacudo, no quiero escuchar su regaño. No me interesa nada de lo que quiera decirme. No quiero estar en el SIPM ya. Sin embargo, Gregor se atraviesa y ésta vez sí que es imposible huir, él tiene algo que es mío. Carga una carpeta sujetada por la prótesis que diseñaron para él, la cual me entrega. No sé qué es y me sorprende mucho ver que Margot se quita la placa y camiseta que la identifican como agente de la sede en Roma sin importar quedarse en franelilla. Spence me rodea hasta estar en frente y habla: —Margot estará apoyándote en esta puta locura que has inventado —Está serio y aunque trato de ocultar la sonrisa, fallo—. Yo no sé nada a partir de ahora, lo único que pido es que lo que sea que traigan de regreso sea lo suficientemente bueno como para disolver tu expulsión porque... Biana, eres buena en ésto. »La Yakusa no es cualquier organización, es la red con más tentáculos en el mundo. Y yo quiero arrancar cada uno de ellos. —Te recuerdo que Martini Corvino murió por descubrir cosas que no debía. La mención del padre de Margot me arruga el corazón. Ella me contó esa historia hace un par de años y terminé llorando como una niña asustadiza al empatizar con aquella pequeña a la que dejaron sin nada. —Martini Corvino no estaba preparado... —Era militar, Biana. Tu ni siquiera eres una agente real. —Pero me he preparado... —Todas las clases especiales y cursos, talleres y actividades clandestinas a las que me he apuntado previendo cualquier sorpresita no pueden ser en vano. Yo estuve de primera línea en el otro lado de la moneda, fui raptada, prostituida y sometida a las peores tareas existentes. Digo, sé que no soy una experta en combate ni alguna francotiradora. Pero puedo defenderme. —No eres agente, punto —Zanja—. No tienes la preparación adecuada para andarte metiendo en éstos líos. —Me sé defender ahora mejor que antes. Lo veo rodar los ojos. —Lárgate ya, Biana. Trata de no matarte en tu camino de investigación, ahí te llevas a la mejor niñeras de todas. Asiento, tratando de reprimir la sonrisa que se forma en mi cara. —No sonrías. —Sí, señor —me pongo seria. —Suerte —me da una palmada en el hombro y sigue su camino. Gregor me guiña el ojo, dejando sobre mi mano un sobre transparente y milímetrico con el pendrive que defequé dentro. Margot me agarra del brazo para salir juntas de la instalación y cuando por fin siento la brisa contra mi cara me permito soltar la carcajada que estaba reteniendo. Tenía la adrenalina a millón. Siempre que me meto en problemas ellos vienen a sacarme de apuros y la verdad es un privilegio del que estoy muy complacida de tener. —Expulsada como una vil perra —se burla Margot, luciendo su perfecta silueta con el pantalón de cuerina que trae—. A solo unas semanas de que por fin te dieran una placa y sales con esto. Que desgracia. Lo que dice me entra por un oído y me sale por el otro ya que la carpeta que sostengo se lleva toda mi atención. —Sabes muy bien que por fin he cumplido mi sueño —Suelto. Recuerdo que mi primer año prestando apoyo externo al SIMP fue bastante aburrido; para el segundo año me inscribí en su pregrado de criminalística, llevando de forma paralela la finalización de mi carrera principal con esa nueva materia. Logré graduarme el año pasado porque anduve divagando y haciendo pausas innecesarias que me retrasaron, sin embargo, no fui aceptada de primera entrada en la SIPM como agente gracias a mi relación con Massimiliano Benedetti. Creí que integrándome como una verdadera agente podría llegar a donde quería, pero al no ver resultados saqué mi modo villana. —La carpeta que me dió Gregor... —Debe tener más información del caso. Seguramente el pendrive que robaste no estaba tan completo. Ver a Margot después de un año me alegra en sobremanera. —¿Has hablado con Nader la última semana? —Cambia el tema y volteo a verla. Creo que tengo poco más de quince días sin comunicarme con él. Niego. —Fiorella se está metiendo en muchos problemas últimamente, creo que de alguna forma está drenando lo que lleva por dentro. No es fácil cargar con el peso de que tu padre haya acabado con tu familia. Al menos está muerto y no tiene que vivir con un abandono, más que con una situación que se escapa de las manos de cualquiera en este mundo. Mi madre me abandonó, dejándome con mis abuelos. Habría preferido ser huérfana que concientizar lo poco que le importé. Aunque le agradezco a la vida que aquello sucediera, porque sin duda alguna con mis abuelos me sentía mejor y más segura. Pero nunca dejas de preguntarte cómo es que una mujer abandona a su única hija. —Tal vez debamos ir a verla, digo, ahora que estoy oficialmente expulsada de la SIPM. La sonrisa de mi amiga es combustible para mí. Además, también se me antoja ver a Nader. Margot y yo solemos viajar a El Salvador, cada quien a destiempo por las diferentes tareas de ambas, pero ahora que acabamos de emprender un viaje sin retorno me parece que es buen momento para visitar a nuestra pequeña familia putativa. —Ya lo voy a llamar para avisar que estaremos tomando un vuelo esta noche —Me emociona el plan repentino. Ya quiero ver a mi pequeña terremotos—. Debería llevar condones ¿verdad? Y píldoras. —Que asco esa extraña relación de mierda que tienen, no se hubiesen divorciado. Ruedo los ojos. Cada vez que tocamos este tema terminamos de mal humor ambas. Extrañamente nuestros encuentros sexuales mejoraron del cielo a la tierra luego del divorcio. No somos nada y visiblemente nos tratamos como amigos, pero cuando los visito terminamos durmiendo en la misma cama. —No, no ruedes los ojos, Biana —Se molesta la mujer—. Es cruel. Nader lleva toda la puta vida enamorado de ti, déjalo en paz ¿sabes por qué no se termina de buscar una novia? ¡Por ti! —No lo he ilusionado ¿vale? somos adultos. Ambos somos conscientes de lo que hacemos, somos ex esposos y follamos de vez en cuando. Nada malo, es como un tbt. La veo negar con la cabeza. —A veces me encantaría saber qué pasó contigo, porque antes no eras este monstruo de ahora. Aunque lo dice en forma burlona yo me lo tomo personal, porque sé que entre la risita hay parte de verdad en sus palabras. —Antes no había sido violada por decenas de hombres en una sola noche, antes no sabía que la vida se te podía ir en un parpadeo. No me responde, y se le borra la sonrisa. Se me contagia el mal humor y aunque tenemos un viaje recientemente programado en conjunto nos quitamos el habla por lo que resta de la tarde. No estoy para regaños. Mi vida s****l es bastante moderna desde hace años y me gusta la nueva versión que he creado de mí. No necesito la aprobación de nadie. Ciertamente he tenido cambios, pero es muy cierto cuando dicen que a veces debes perderte para encontrarte. En mi caso no siento que me haya perdido, es más fuerte que eso. Siento que morí hace seis años y que volví a nacer.
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