Tenía que ser una broma. No podía ser real. Después de 22 años de transformación, ya me había resignado a vivir sin un mate. Era una condena que acepté como parte de mi destino. Fui el segundo hijo del alfa de la manada Whit Wolf en Rusia, y hace años me vi obligado a huir de allí debido a los abusos que sufrí por no haber encontrado a mi mate. Viví con la carga de ser "incompleto", como alguien maldito, como una sombra en una manada que ya no podía considerarme parte de ella. Lo peor de todo era que con cada año que pasaba, pensaba menos en la posibilidad de encontrar a mi mate, hasta que la esperanza de que eso sucediera se desvaneció por completo. El tiempo pasó y, por supuesto, la vida siguió su curso. Ya no tenía expectativas sobre encontrar a alguien que me completara. Y ahora, de

