Conducía hacia mi casa, pero mi mente no dejaba de dar vueltas. El sonido constante del motor de mi coche parecía ahogarse entre mis pensamientos, como si fuera incapaz de romper el caos interno que había creado la conversación con Simon. ¿Era Aria realmente mi hija? Quería creer que no, que todo era una confusión, una exageración de alguien que pensaba demasiado, pero algo en mi interior me decía que tal vez Simon tenía razón. Si Aria realmente fuera mi hija, ¿por qué Maritza no me lo habría dicho antes? El simple hecho de imaginar que podía tener una hija me desbordaba, pero la duda seguía allí, acechándome. ¿Por qué no lo había sabido antes? ¿Por qué me mantenía en la oscuridad? ¿Acaso me había ocultado algo tan grande como eso? Lo que Simon decía tenía sentido: Aria se comportaba dife

