Mientras la nieve comenzaba a sepultar los senderos exteriores, dentro de los muros de la fortaleza de la Garra de Bronce, el tiempo se detuvo para dar paso a un ritual tan antiguo como la misma luna. No se trataba solo de deseo carnal; era la colisión de dos linajes que habían estado separados por un siglo de sombras y secretos.
El Fuego y el Hielo: Silas y Lyra
En la penumbra de los aposentos del ejecutor, el aire ardía. Silas despojó a Lyra de su capa con una reverencia que rozaba lo sagrado. Sus manos, curtidas por el acero y la batalla, temblaban al rozar la piel de alabastro de la mujer que su lobo reclamaba como reina.
Su fornido cuerpo desnudo se acercó a ese delgado, esbelto y blanco cuerpo de Lyra que ardía de pasión por dentro ante el tacto de su macho. Silas beso sus labios, por fin tenía aquella boca para él, la beso apasionadamente, lamiendo hasta la comisura. Se desplazó a su cuello para inhalar aquel olor que despertaba a su bestia.
Empezó a acariciar sus pechos, a lamer sus pezones. Alternaba cada succión que le daba uno y a otro. El hombre levantó a su mujer y la colocó suavemente en la cama, mientras abría sus piernas para acariciar su genital.
—¡Mmm!...¡Aaah, Aaah, Aaah!...—Lyra empezó a gemir seguido, su respiración empezaba a aumentar. Silas no dejaba de acariciar la cima de su montaña íntima, de introducir los dedos para extraer los fluidos para acercarlos a su nariz, el olor del genital de su mujer era lo que más lo excitaba.
La polla de Silas estaba lista para actuar, decide penetrarla lentamente hasta que la chica se vaya acostumbrando a sentir a su macho protector cogiéndosela. La chica emite un grito agudo, mientras su pareja empieza a penetrar con suaves movimientos.
—¡Ay, aaah, aaah!...
Lyra estaba muy excitada, colocaba sus manos sobre la cadera del hombre mientras el incrementaba la penetración. La chica estaba sumamente excitada.
En el clímax de su pasión, Silas hundió sus colmillos en el nacimiento del hombro de Lyra. El dolor fue un destello blanco que rápidamente se transformó en un éxtasis eléctrico. La sangre de la Loba Blanca y la del Ejecutor de Bronce se mezclaron, sellando un pacto que vibró en la misma tierra de la manada. En ese instante, Lyra dejó de ser una refugiada para convertirse en el ancla del guerrero más letal de los Montes de Hierro.
La Melodía de los Sentidos: Bastien y Selene
Simultáneamente, en el ala este, Selene estaba molesta por el trato que le dio Hakon a su petición. Quería volver a la cueva y ayudar a sus hermanas, pero para esta manada de fuego tenían que entregarse a sus parejas.
—Palomita si te quieres poner difícil y molesta por lo ocurrido, no te voy a presionar ahora. Pero no te dejaré salir de mis aposentos hasta que seas mi mujer.
Así que me voy a servir una bebida fuerte con bastante porcentaje de alcohol para relajarme y olvidar que mi lobo está hambriento por ti.
La actitud de Bastien le sacó una sonrisa a la chica, era increíble como todo se lo tomaba con calma, buen humor, pero remataba con su posición protectora y de poder.
—Me gustaría un vaso para mí, también si no es una molestia.
—Mi reina puede pedir lo que quiera. Ten, esto te ayudará un poco, a diferencia de los humanos que terminan inconsciente por beber, a nosotros nos relaja un poco y nos pone alegre. La embriaguez no ocurre en estos cuerpos.
Ambos empezaron a beber. Mientras el hombre le servía el tercer vaso, se animó a acercarse a Selene y empezar a acariciar su cabellos, deslizar delicadamente sus dedos por su rostro, sus labios, sus brazos. Bartien no dejaba de mirarla fijamente, tomó un poco de su trago y la besó apasionadamente.
Bastien, cuya vida siempre había sido un juego de rastreos y sombras, se encontraba finalmente atrapado por la luz. Selene le devolvió el beso con la misma pasión, soltó el vaso para agarrar el rostro de aquel hermoso hombre.
Aquella apertura de la chica le permitió a Bastien despojarla de su ropa y empezar a acariciar salvajemente su cuerpo. La bebida había hecho su parte, ambos parecían bestias besándose, acariciándose y moviéndose rápidamente en dirección a la cama. El se sentó y subió su chica encima de él y la penetró rápidamente, no pidió permiso, no hubo un preámbulo, ambos estaban muy excitados y empezó la gimnasia entre ambos.
Bastien quería tener sexo salvaje, hizo algunas variaciones en las posiciones. La puso en cuatro y empezó a acariciar su trasero a darles nalgadas mientras Selene gemía de placer por las travesuras de su hombre.
Bastien no dejaba de cogerla en esa posición, pero su lobo quería marcarla y le exige que dejará de jugar y procediera a poseer lo que le pertenece. El hombre la soltó para acostarla en la cama, mirándola.
—Te voy a marcar palomita, lo haré en tu seno derecho. Dolerá al principio, pero deja que eso fluya.
Bastien la siguió penetrando y cuando sintió que Selene estaba en el clímax del momento, sus colmillos penetraron su seno. Una mezcla de dolor y placer sentía la chica que empezó a temblar un poco mientras su hombre le hablaba.
—Siente la manada, Selene —susurró Bastien contra sus labios—. Siente cómo nos llaman.
Cuando Bastien la marcó, Selene no solo sintió al hombre; sintió la red invisible que unía a cada m*****o de la Garra de Bronce. Sintió las raíces de los árboles, el susurro del viento en las cimas y la aprobación de la Diosa Luna. El vínculo de apareamiento actuó como un amplificador: ya no eran dos individuos, sino una unidad táctica y espiritual, capaces de sentir el peligro del otro a kilómetros de distancia.
La Conexión Total: El Despertar de la Montaña
Al consumar la unión y sellar las marcas, algo cambió en la estructura misma de los Montes de Hierro. Una onda de energía plateada y bronceada emanó de la fortaleza, recorriendo cada rincón del territorio.
La Manada: Cada guerrero de la Garra de Bronce sintió un repentino aumento de fuerza, una claridad mental que solo la presencia de las hembras sagradas podía otorgar.
La Montaña: El cuarzo de las cuevas lejanas brilló con una intensidad renovada, reconociendo que la estirpe estaba finalmente completa.
El Vínculo: Para Lyra y Selene, el mundo humano se volvió pequeño. Ahora podían escuchar los latidos de la tierra y sentir el aullido de su hermana Elena en la distancia, el dolor de Caleb, su alfa firme en la cueva, no es un eco perdido, sino como una llamada directa a sus corazones marcados.
Eran ahora las Mates de la Garra, protegidas por el honor y la sangre de sus machos. La unión no solo les dio placer, les dio un propósito: la montaña las reconocía como sus dueñas, y la manada, a través del vínculo de sus líderes, juraba lealtad implícita a las Reinas del Invierno. La guerra podía llamar a sus puertas, pero ahora, ellas no pelearían solas; tenían el fuego del bronce y el hielo de la plata corriendo por las mismas venas.
La Energía del Guerrero
Mientras sus hermanas estaban sellando la unión con sus parejas por presión de la circunstancia, Kaia seguía entrenando con Jaxon. El hombre estaba fascinado de luchar cuerpo a cuerpo con aquella decidida guerrera.
No permitió que ninguno de sus compañeros de entrenamiento se le acercara. Disfrutaba del olor, sudor y rabia de su aprendiz. Aunque era una mujer, no fue condescendiente en su disciplina con ella.
—Estoy cansada Jaxon, ya no puedo más—reclamó una exhausta Kaia. Creo que llevamos más de tres horas entrenando.
Jaxon se detuvo y le lanzó una toalla y un tipo de cantimplora con agua para que se hidratada.
—Tú querías ser mi aprendiz. Pensabas que sería sutil contigo. Estas equivocada Kaia. Mira a tu alrededor.
La chica lo ignoró y seguía doblada con la mirada en el suelo, tratando de recuperar la respiración.
—Observa a tu alrededor Kaia—subió la voz, Jaxon.
La chica tomó aire y miró su entorno, varios hombres de los Garras entrenando y observándolos a la vez. Muchos de ellos no dejaban de mirarla con una especial atención, distraídos con su presencia.
—Estas es una manada de hombres - lobos. La mayoría no tienen pareja o una mujer para desahogar su apetito s****l. Muchos en luna llena debemos buscar mujeres, probamos con humanas, pero muchas salen lastimadas y nos pone en peligro.
Y frente a mí tengo una hermosa mujer loba, una de las más apreciadas por las manadas, un mito para los lobos. Tu olor, tu sudor, tu risa, tus gritos y todo lo que emana de ti está volviendo loco al lobo dentro de nosotros. Pero no solo a nosotros, sino a los bestias de los Ébanos. Olvidas que Malpha quería abusar de ti.
Ellos están haciendo un esfuerzo por no poseerte, y no se trata de marcarte. Aparentemente ninguno es tu compañero destinado, pero eso no quiere decir que no te desean para satisfacer a la bestia. Y tú te quejas por el duro entrenamiento que te estoy imponiendo, al menos no serás presa fácil para ninguno de los lobos de aquí o fuera de está fortaleza.
Kaia observó a sus compañeros de entrenamiento, estaban deseosos de acercarse, de repente una vibración especial se sintió en la montaña, cada uno sintió la energía, levantaban su pecho tratando de alimentarse de esa extraña fuerza que los invadió.
No entendía lo que les ocurría incluso Jaxon cerró los ojos y respiró profundamente ese aliento de energía que pareció fortalecerlos.
La chica se asustó y decidió retirarse del lugar y refugiarse en su aposento.