—Ya me dijo Erick que se encontraron a Gusano en la boda. —Gusano era el apodo que Pau le había dado a Gustavo después de enterarse de mi terrible historia con él.
—¿Qué te dijo exactamente?
—Primero me dijo que era un bombón y que estaba guapísimo en persona, pero ya sabes como es Erick, es más olvida que lo mencioné, lo que me preocupó fue lo que dijo después... Porque me dijo también, que cuando se encontraron se violaron con la mirada, que había más tensión s****l entre ustedes que entre Chuck Bass y Blair Waldorf… que si hubiera sido tu novio de verdad, te hubiera hecho un escándalo y lo hubiera retado a golpes —las dos nos reímos porque sabíamos que Erick sería incapaz de pelearse y arruinar su peinado— y por supuesto…me hizo hincapié en que te doble la mano hasta que digas que vas a llamar a Emilio para decirle que aceptas salir con él de una vez por todas, que te convenza de que te darás una oportunidad y que te imagines que pasaría si te casaras con él… Amiga formarían una familia preciosa, —parecía que a Pau solo le faltó agregar ¿cómo no te das cuenta?— de esas familias que parecen de revista porque todos se vean guapos en las fotos de Navidad.
—¿En serio mencionó a Emilio?
—También mencionó que a partir de ahora te podemos decir Mariquita.
Las dos estallamos en carcajadas y quedamos de vernos en Alma de Coco para comer juntas. Me bañé, me metí en unos jeans básicos de color blanco y en una t-shirt verde menta que combine con unos tenis adidas del mismo tono y de prisa guardé mis cosas en una bolsa rosa pastel. Era momento de ir a analizar todas las teorías con Pau. Porque así éramos nosotras, éramos especialistas en darle vueltas a un asunto hasta que al final decíamos… “pero bueno, pues quien sabe.. a ver que pasa…”
—Mariquita —y Pau me lo dijo con todo el tono de burla que pudo meter en esa palabra mientras yo me reía y negaba con la cabeza, ya encontraría la forma de vengarme de Erick. Nos sentamos y colgamos nuestras bolsas en el perchero.
—Vas a llamarle a Emilio por las buenas o ¿te tendré que hacer manita de puerco? —revisamos el menú, lo conocíamos de memoria, fue algo así como un reflejo el darle una ojeada porque ya sabíamos lo que íbamos a pedir. Siempre pedíamos lo mismo: Poke de salmón y agua de horchata.
—Por supuesto que Erick está loco, ¡No le llamaré a Emilio ni a nadie! y el tema de Gusano ya está cerrado, tan solo me impresionó verlo después de estos años pero si he pasado 5 años en paz, sin topármelo y sin saber nada de él puedo pasar muchos más… Mejor cuéntame ¿Tú que hiciste ayer? —necesitaba cambiar de tema, porque empecé a hiperventilar de lo nerviosa que esta situación me estaba poniendo. Parece que no le daría tantas vueltas después de todo. Aún no era capaz, pensé que sí, pero parecía que no.
—Nada, fui con Poncho al cine y después fuimos a cenar, un plan muy equis pero tuvimos una semana pesada, así que eso estuvo perfecto.
Pau y Poncho eran novios, y eran de ese tipo de novios que se llevan tan bien que te hacen creer en el amor, que te hacen pensar que es cierto que todos tenemos una media naranja. Se conocieron trabajando en el mismo despacho de abogados y el flechazo fue inmediato, por parte de Poncho… que se puso las pilas para llevarle café en las mañanas a Pau, la acompañaba a su coche a la salida del trabajo, le ayudaba con los casos fáciles y los difíciles. Organizó salidas al bar después del trabajo para convivir juntos, y finalmente, sobornó a la asistente del despacho para hacer un intercambio de amigo secreto en la oficina, donde no descansó, hasta que consiguió que él le diera el regalo a ella. Y cuando le regaló su perfume favorito (que dicho sea de paso se excedía por $2,100 pesos de la cuota de $300 pesos que habían puesto para el regalo) Pau cayó en la cuenta que quizá Poncho tenía un interés especial en ella y como a ella también le llenaba el ojo, comenzaron a salir.
En un abrir y cerrar de ojos, Pau ya estaba invitada al cumpleaños de la abuelita de Poncho y su mamá le decía Paulinita. Poncho se llevó bien con toda la familia de Pau y en poco tiempo se animaron a abrir un despacho ellos dos solos, de forma independiente, al que llamaron P&P (porque pues la creatividad no es algo así que tú digas que distingue a los abogados) y la verdad es que les estaba yendo bastante bien. En su vida todo iba viento en popa.
Se esforzaron en presentarme a varios amigos porque hacíamos citas dobles y mi acompañante era Erick, pero a veces él no podía de último minuto y yo me quedaba de mal tercio.
Cada amigo que me presentaban yo encontraba un pretexto para no seguir saliendo con ellos y el pretexto al final era que ellos no eran ÉL. Un buen día me presentaron a Emilio, un cliente importante de Poncho; y Emilio era perfecto, un hombre educado, serio, caballeroso, decente, trabajador y guapo, sobre todo guapo. Emilio tenía una melena dorada y en el largo ideal para lucir despeinado pero sin verse greñudo, al verla daban ganas de meter los dedos entre sus mechones, su piel era muy blanca y eso hacía que el lunar que estaba cerca de sus labios resaltara a primera vista… pero ese tono tan blanco era el que precisamente me hacía recordarlo a ÉL. Pensaba en lo diferente que Emilio era de Gustavo. Gustavo con su 1.93 de estatura, con su piel tan morena y el pelo rizado que llevaba siempre muy corto, su barba incipiente que a veces raspaba, sus ojos que eran tan negros como tenebrosos, y sus labios... los más carnosos y delineados que he visto, los que más había disfrutado morder en mi vida… ahí estaba otra vez ÉL y el Mar de recuerdos que siempre llegaba con ÉL.
—María, María —Pau me tomó de la mano para que pudiera reaccionar.
—¿Eh?
—Te estoy preguntando que cuándo firmarás con Energy Punch.
—Mañana… quedamos que firmaríamos mañana.
—Bueno, pues entonces mañana nos tenemos que ver para brindar por el primer contrato realmente grande que tienes, el primero de muchos ya verás.
—No me la creo, todavía me parece increíble que nos hayan buscado a nosotros.
—Pero ¿Por qué increíble? Ellos son una marca en crecimiento y ustedes también, el año pasado estuvieron nominados a la mejor agencia independiente y estoy segura que ésta es tu oportunidad para ganar ese o cualquier otro premio.
—Si logramos que con esta campaña mejoren sus ventas y su posicionamiento en el mercado, tendremos oportunidad de ganar algo —crucé los dedos y a mi amiga le dio le dio risa— y… mi querida Pau, tengo un as bajo la manga que si me lo aceptan… por fin, por fin podremos ganar algún premio importante. —me brillaron los ojitos al pensar en ese plan, en mi mente me relamí los bigotes imaginando en lo que con esa campaña podría lograr.