A las 9 en punto de la mañana, tenía a la asistente de Roberto al otro lado de la línea preguntándome por los nombres de las personas que asistiríamos a la fábrica de Mexicali. Se justificó diciendo que los necesitaba para la compra de boletos de avión y hospedaje. Pero específicamente en el tema del hospedaje hizo un comentario que me dejó con la boca abierta… Al final, cuando ya me preparaba para colgar, añadió que ella también iría y que al ser las únicas mujeres podríamos compartir habitación. Hasta ese extremo estaba llegando Gustavo para garantizarse que Erick no me acompañaría y que por lo tanto… no pasaría la noche conmigo. Lo que Gusano no sabía… es que en la vida real ni siquiera estaba contemplado que Erick fuera a ese viaje y lo más importante… desconocía que a Erick tampoco le gustaban las mujeres.
Solo para alargar un poco la angustia, en caso de que mi teoría fuera cierta, le dije que me diera por favor dos horas para poder confirmar si sí me quedaría con ella o si yo cubriría los gastos de mi hospedaje porque me acompañaría una persona. A las 11 con cero minutos la señorita me estaba llamando para preguntarme si sí me quedaría con ella. Pescaste el anzuelo Gusano… parece que después de 5 años las cosas tampoco habían cambiado en aquel lado. O al menos eso quise suponer, por que todavía esas cosas eran muy ambiguas… ¿nos odiábamos? ¿nos habíamos superado? ¿O solo estábamos acostumbrados a pelear?.
El viernes llegué al aeropuerto con las dos respectivas horas de anticipación que piden para tomar un vuelo. Desde que iba en camino en el taxi, no dejaba de textear en el grupo de w******p con los chicos de mi equipo que se encargarían de la grabación del video. Poco a poco empezaron a llegar para documentar el equipaje y cuando estuvimos todos juntos, seguimos la fila que cruzaba los filtros de seguridad. Rumbo a la sala de abordaje ubicamos a la señorita con la que había confirmado nuestra asistencia, me sorprendió con un fuerte abrazo y una enorme sonrisa, parecía ser que al menos alguien estaba muy feliz con este viaje.
—Me encanta venir con usted, Licenciada María.
—Mucho gusto Diana, no tengo problema en que me hables de tú, si quieres me puedes llamar solo María.
Le guiñé un ojo. Yo era de las que creía que el respeto no se ganaba con un título, el respeto se ganaba según yo por la forma de liderar un equipo y comprometer a todos los miembros a luchar por un mismo objetivo de manera genuina y no por obligación.
Después de los saludos llegamos por fin a la puerta de abordaje, nos quedaban unos 45 minutos de espera y desde donde estábamos se alcanzaba a ver un Starbucks, les pregunté a todos si alguien quería un café y solo Diana respondió que sí, se puso de pie y caminó conmigo para hacer una nueva fila. Mientras esperábamos viendo hacia ningún lado a que nos llamaran por nuestro nombre para entregarnos las bebidas, a ella le entró una llamada en su celular.
—Es el licenciado Dos Santos —se disculpó y se alejó un poco para contestarle, pero de inmediato regresó con el teléfono en la mano para pasármelo diciendo que él quería hablar conmigo.
Supongo que el piso del aeropuerto se abrió en dos y me tragó por completo, dejándome caer hasta el centro de la tierra. Tuve esa sensación que es como si te jalaran el ombligo cuando vas resbalando a toda velocidad en algún juego mecánico de un parque de diversiones. La llamada era una llamada de FaceTime en la que aparecía la cara de Gustavo ocupando toda la pantalla, ¿Por qué lo hizo? La respuesta era obvia, lo hizo para que yo pudiera verlo recargado en un balcón con vista al mar.
—Licenciada, no podré acompañarlos porque tenía un compromiso para venir el fin de semana a la playa —que sonrisa más descarada puso cuando volteó de reojo a su espalda para darle un vistazo al paisaje— te llamo ahora porque una vez que lleguen no tendrán señal y había olvidado decirte que necesito una toma donde se muestre el nuevo sabor de nuestras bebidas, por favor no se vayan a enfocar solo en nuestro sabor tradicional, que es el de ponche de frutas… es todo, espero que disfruten las grabaciones —y con la más sexy de sus sonrisas, acompañada de una ceja levantada colgó.
Maldito mamón ¿en serio fue capaz de esto? Diana me dio una mirada preocupada y me quitó su teléfono de las manos porque intuyó que estaba por lanzarlo hasta destruirlo en mil pedazos. Sonreí con una sonrisa maniaca sin poder creer lo que acaba de pasar, hice uso de todo lo que había aprendido en mi vida en las clases de catecismo, yoga, meditación y cursos adicionales para recuperar la cordura y no salir corriendo a la pista jalándome de los pelos.
—Diana… ¿La planta sí está Mexicali, verdad?
—No María, está en un pueblito aledaño, de hecho lo único que tiene el pueblo es la fábrica y un hotel pequeñito que es donde nos quedaremos.
¡Lo iba a matar! y que a nadie le sorprendiera verme en un capítulo de mujeres asesinas.
Efectivamente llegamos a un pueblo que en algún momento de la historia pudo ser considerado un pueblo fantasma, lo único que faltaba para hacer más deprimente la imagen eran las bolas de paja paseando por las calles. Nos explicaron que su gran orgullo era la planta productora de bebidas y que esa fábrica era lo que les había dado trabajo a las familias que vivían allí y a las de los pueblos cercanos. Nos dijeron que estaban muy contentos porque desde la llegada de Energy Punch los hombres habían tenido oportunidades de trabajo, y ahora ya no eran un pueblo donde solo vivían mujeres, ancianos y niños… Como era antes, cuando los hombres en edad productiva tenían que emigrar para poderles mandar dinero a sus familias. Aún no había señal de internet, solo recepción telefónica, fue por eso que Gustavo me llamó cuando estábamos en el aeropuerto, porque quería que yo viera que él se había ido de fin de semana a la playa, si la llamada hubiera sido solo telefónica yo no habría podido atestiguarlo. Ahora tenía otra pregunta ¿Con quién se fue? Y también tenía la respuesta a mis preguntas: nos odiábamos, el amor se había extinguido en estos años.
Llegamos al hotel solo para dejar nuestras cosas. Teníamos el tiempo medido y el viernes estaba programado participar en un tour donde nos explicarían todo el proceso de la bebida. El sábado lo aprovecharíamos para el levantamiento de tomas y el domingo regresaríamos a la Ciudad de México.
Conforme fuimos avanzando en el recorrido, agradecí que me hubiera tocado asistir, bien dicen que las cosas pasan por algo y mientras aprendía sobre el proceso de producción, la cabeza me explotó con millones de ideas que quería transmitir en el video, así que con la mente ocupada en cosas del trabajo… por todo ese día me olvidé de Gusano. (Pau era la mejor poniendo apodos).
En la noche después de cenar y cuando ya estuvimos en la habitación, tuve una corazonada, algo así como una especie de revelación. Pensé que podría ser una buena idea preguntarle a Diana por la vida de Gustavo, quizá ella podría darme información de esta laguna de 5 años en la que yo le había perdido la pista.
—Oye Diana, ¿tú tienes mucho tiempo trabajando para Energy Punch? —ella estaba recostada en una cama atenta en su celular, mientras que yo en otra cama tenía la computadora encendida haciendo anotaciones de cosas que no quería olvidar para grabar en el video.
—Sí, llevo 8 años, por eso me invitaron a que viniera, para que en caso de que surgiera alguna duda quizá yo podría ser de utilidad y podría ayudar a aclararla.
—Ah ya veo, que bueno que has venido entonces. Oye —puse toda mi atención en el teclado, necesitaba ser muy cuidadosa con mis siguientes preguntas— y el licenciado Gustavo ¿de qué área es director? ¿Sabes que temas ve él en la empresa? Porque no sé si también veremos muchas cosas con él o solo con el Licenciado Roberto —recé porque de verdad mi interrogatorio estuviera sonando como algo casual y no como un tercer grado en el que solo me faltaba una lámpara de luz blanca sobre la cabeza de la pobre Diana y una botella de Tehuacán a un costado.
—Que va, el licenciado Gustavo es el dueño de la empresa.
—¿El dueño? —el grito me salió desde el fondo de mi garganta no hubo forma de que hubiera podido disimularlo ¿En que momento Gustavo se convirtió en dueño de una empresa como ésta? ¿Qué en 5 años se sacó el billete de la lotería? —Ah ya veo… ¿Y tiene mucho tiempo como dueño?
—No, apenas dos años, la empresa estaba pasando por un muy mal momento, necesitaban un inversionista, pensamos que nos quedaríamos sin trabajo. —suspiró con la nostalgia del recuerdo— El producto es bueno y tiene su mercado, pero no es conocido… necesitaban a alguien dispuesto a invertir en el plan de mercadotecnia para promocionarlo y tener crecimiento. Como no se encontraron inversionistas, pusieron la compañía a la venta y un buen día todos respiramos tranquilos cuando supimos que el Licenciado Dos Santos había comprado la empresa y que estaba dispuesto a hacer una buena inversión en el plan de marketing para hacernos una marca competitiva en el mercado y dar el salto. Después los contrataron a ustedes y ahora todos estamos ansiosos por ver lo que van a proponer y estamos muy emocionados de saber que por fin tendremos publicidad. —los ojos le brillaban con tanta ilusión; se notaba a leguas que tenía bien puesta la camiseta de la empresa y me prometí hacer un buen trabajo para ayudar a todos esos empleados a conservar su trabajo y tener el crecimiento por el que habían estado rezando, me identifiqué con ellos y asumí que mi misión en esta extraña broma del destino, tal vez era esa, colaborar con los empleados de Energy Punch para lograr su sueño y de paso alcanzar el mío, lo único que estorbaba era Gusano— Lo poco que se ha hecho hasta ahorita ha sido por contactos que ha traído el licenciado Dos Santos… como el evento que vamos a patrocinar con la influencer del ejercicio, dicen que ese patrocinio se logró porque la organizadora es su novia o su amiga, nadie sabe bien, pero creemos que es su novia porque ya tenían otra marca confirmada y la cancelaron para meternos a nosotros de último momento y además la señorita Carlota siempre que va a la empresa y sabe que estará el licenciado Dos Santos va mucho más arreglada.
Seca se me quedó la boca con ese último comentario ¿Quién sería esa señorita Carlota? La curiosidad mató al gato María y ahí estaba yo, estirando la pata, muriendo muy lento al imaginar a Carlota y Gustavo tirados en dos camastros con vista al mar, bebiendo mojitos. Mientras yo estaba en este pueblo fantasma, sin aire acondicionado, sin televisión con cable y con un zumbido de un mosco que ya predecía no me permitiría pegar el ojo en toda la noche.
El sábado terminamos tardísimo con todo el levantamiento de tomas que se me ocurrieron en el último minuto, e incluso el domingo nos levantamos de madrugada para poder captar el amanecer. Quedé satisfecha con el trabajo y regresamos con mucho entusiasmo por lo que lograríamos proyectar en ese video. Al final de cuentas no había estado tan mal posponer ese viaje imaginario con mi novio de mentiras.
—Erick necesito que me acompañes a un evento. —apenas aterrizamos y yo ya le estaba marcando a mi novio falso.
—Háblale a Emilio.
—Gustavo va a ir a ese evento con su novia o amiga. No puedo llegar con Emilio, necesito llevar a mi novio, el que él conoce y que me dice Mariquita de cariño.
—¡Ay María! estás buscándole 3 pies al gato cuando sabes perfecto que tiene 4 ¿De qué es el evento?
—Es una master class… impartida nada más y nada menos que por Ani Fit y será como ir a un antro pero saludable, ya sabes.
—María ¡Es nuestro día de suerte! —detecté emoción en la voz de Erick— ¿Sabías que también será la apertura de la sucursal de lululemon y no invitaron a MAD HOMBRE? ¿Puedes creer que me están haciendo un complot? Se han puesto todos de acuerdo y no me quieren invitar a ningún evento hasta que revele mi identidad. No tenía forma de asistir a ese evento con Ani Fit, por primera vez no conocía a nadie que fuera ir y que me pudiera llevar… mi Mariquita acabas de salvarme el pellejo, cuenta conmigo para beber todos los Energy Punch sabor ponche de frutas y comer todo el apio y comida sin gluten que me quepa en el cuerpo. —los dos nos reímos y quedamos que él pasaría por mí ese día en punto de las 6 de la tarde.
Con la toalla amarrada en mi cuerpo, contemplé mi clóset. ¿Qué se supone que debía ponerme? Yo no participaría en la clase, solo iba de observadora pero pensé que quizá desentonaría si no me vestía con ropa deportiva. Al final me decidí por unos leggings color azul turquesa, un top a juego y por supuesto que encima me puse una playera holgada sin mangas, con estampado tye dye en diferentes tonalidades de amarillo. Porque yo tenía el vientre plano… pero no marcado, y al sentarme se me hacían pliegues de piel o pequeñas lonjitas, como ustedes prefieran llamarlo, definitivamente yo no tenía el cuerpo de las chicas que de seguro asistirían a ese evento. Erick llegó a mi casa luciendo muy fashion, con cosas que solo a él se le podrían ver así de bien, llevaba unos leggings negros con un short encima gris claro y una sudadera ligera color gris obscuro, sus tenis eran amarillos y estaban recubiertos de una tela un poco transparente también de color gris. Como siempre se veía guapísimo, ojalá fuera mi novio de verdad y ojalá le dieran celos a Gusano al verme con él.
Llegamos y el lugar era muy espacioso, estaba todo descubierto porque era en el helipuerto del edificio. Ya era de noche y no estaba obscuro por toda la iluminación que proveían diminutas lámparas de leds de todos los colores, todo en conjunto daban la apariencia de estar en un bar al aire libre, la música era muy alta y al escucharla era irresistible no empezar a mover el cuerpo. Vimos a muchas personas con sus tapetes de yoga colgados en la espalda y más que una clase para hacer ejercicio, eso parecía una pasarela, hombres y mujeres estaba guapísimos por igual. Erick me tomó de la mano y caminamos hacia la barra de bebidas energéticas, ambos agarramos una de coco que era el nuevo sabor de la marca. Sentí que mis vellos de la nuca se levantaron y volteé buscando el origen de esa sensación, era como si de pronto hubiera desarrollado poderes paranormales que me hacían detectarlo, se me erizaban los vellos como si fuera la presencia de un fantasma… la razón de ese sentimiento la confirmé cuando vi a Gustavo, que venía caminando hacia nosotros con pasos muy largos. Me saludó y antes de decir buenas noches, me reclamó tan cerca del oído que sentir el vaho de su aliento me hizo contraer cada músculo de mi cuerpo.
—Creí que venías de trabajo, no pensé que traerías compañía. —y como esos comentarios me prendían de inmediato, respondí sin pensarlo.
—Arruinaste nuestro fin de semana con el viaje a Mexicali… tenía que compensar al pobre de Erick. —sonreí cuando escuché que tronaba una vez más los dientes, seguro su dentista me odiaría.
Apenas nos separamos y Erick lo saludó levantando las cejas, en menos de medio minuto ya se habían integrado a nosotros Ani Fit, la estrella de la noche, y Carlota… la organizadora del evento. Por inercia sumí el abdomen en cuanto las vi, iban con dos outfits a juego en color zanahoria que contaban con líneas azules de muchos destellos, había transparencias en sus leggings y sus tops eran muy escotados, pero tenían esa clase de cuerpos en los que no hay curvas, así que era imposible que algo en ellas se tornara vulgar, nada de busto, nada de glúteos, cadera inexistente y los músculos ligeramente delineados, marcando la raya del centro en el abdomen. Las caras preciosas, el pelo sin una sola punta abierta y lo llevaban recogido en una pony tail alta. Me recordaron a las muñecas de Bety Spaguetti. ¿Cómo lograban todas las chicas presentes, tener esos cuerpos sin carne? ¿Nadie les había contado de los postres?
Gustavo me presentó con ellas diciendo que formaba parte de la agencia que llevaría la mercadotecnia y yo presenté a Erick, pero solo dije: —Él es Erick— a secas, sin especificar si era mi amigo, compañero de trabajo, novio o hermano. No pasé por alto los ojitos que Ani fit le hizo a mi amigo, quien solo se rió para después pasar su mano por detrás de mi espalda. La mandíbula apretada de Gustavo se abrió para preguntarle a Carlota si podía acompañarlo con los dueños de la boutique, se fueron juntos y la que se quedó con la mandíbula contraída ahora fui yo.
—Disimula María, si lo sigues viendo así le harás mal de ojo.
—Se ve tan guapo que duele, de verdad Erick me duelen los ojos tan solo de verlo.
—¿Y que piensas hacer?
—Pues nada, odiarlo hasta el día que me muera.
—Del odio al amor queda un paso María…