Me quedé pensando en eso y para distraerme di una vuelta por el lugar, quería ver todo y hacerme una idea más clara del evento, enterarme de cómo era recibido nuestro producto y como podríamos mejorar con las propuestas que yo tenía en mente.
Erick aprovechó para hacer una historia en su cuenta de i********: de MAD HOMBRE, buscaba seguir alentando los rumores sobre su identidad, ya que nadie esperaba que él estuviera ahí. Pero en cuanto su historia fue publicada, empecé a ver unas caras sorprendidas que buscaban desesperadas entre los invitados, era como si con ello pudieran descubrir quien de todos los presentes era MAD HOMBRE, me empezó a dar una risa boba.
—¿Qué es tan gracioso? —su voz apagó mi risa para ser sustituida por una oleada de algo que yo supuse era incomodidad.
—Nada, solo recordé algo chistoso. —levanté los hombros restándole importancia.
—Gus ¿Vienes a presentar lo que sigue? —se me revolvió el estómago al escuchar "Gus" salir de la boca de Carlota.
—Claro, ¿María puedes venir con nosotros? —no sabía porque Gustavo me llevaba con ellos pero intuí que no sería nada bueno.
Llegamos hasta un escenario donde se encontraban unas bicicletas estáticas, muchos reflectores las estaban enfocando. Erick nos alcanzó para preguntarme que actividad seguía en el programa pero todos guardamos silencio por que Ani fit había encendido el micrófono para comenzar a hablar.
—Antes de la master class tendremos una demostración de clase de cyclo y nos gustaría invitar a la Licenciada María Madrigal, para que nos acompañe —Ani fit hablaba con tanto entusiasmo y me buscaba con la mirada mientras yo buscaba la capa de invisibilidad de Harry Potter.
—Jajajajaja María nunca hace ejercicio, es más si algún día la ven correr, corran también ustedes que de seguro la vienen persiguiendo los zombies y es el fin del mundo. —le di un codazo con todas mis fuerzas a Erick, no pude creer que hiciera ese comentario que hizo que Carlota y Gusano se destornillaran de risa.
—¿María? Te esperamos arriba, ven a pedalear con nosotras.
Una luz me enfocó y no tuve otra opción, solo me quedó pasar saliva y dar un paso al frente para dirigirme al estrado, una vez que llegué, me percaté que quedaban otras dos bicicletas vacías, le pedí el micrófono a Ani fit y sin nervios empecé a hablar:
—Pido un aplauso para animar a participar a uno de los patrocinadores de este evento, sobran bicicletas, por favor Licenciado Dos Santos acompáñenos… y también podría venir su novia… la señorita Carlota quien es la organizadora de todo este maravilloso y saludable evento.
El corazón me latía fuerte esperando la reacción de Gusano, alejé el micrófono para no delatarme y escuché que la gente empezó a aplaudir, me quedé satisfecha cuando vi la cara de confusión de Gusano al decir su novia, Carlota sonrió extasiada pero Gustavo casi se desmayó, así que me relajé al darme cuenta que lo más probable era que no fueran novios, él estaba completamente avergonzado.
La exhibición duró lo que duraron 3 canciones de música electrónica pero a mí me pareció que fueron seiscientos años, por supuesto que Carlota y Gustavo bajaron como si tan solo hubieran dado la vuelta al parque, mientras que yo estaba tan bofeada que sentí que el corazón se me saldría por la boca, intenté disimularlo pero cuando Erick me mostró el video, me di cuenta que había quedado exhibida mi falta de condición.
—María… no agradezcas solo a tus genes y juventud ese cuerpo, jamás estarás así de flaca como todas las aquí presentes porque esa no es tu complexión, pero necesitas moverte muñeca, no es posible que no hayas aguantado ni 15 minutos. —Erick me estaba regañando mientras me pasaba un vaso con Energy Punch sabor fresa con kiwi.
Empecé a darle sorbos y vi lo empalagosa que Carlota se había vuelto con Gustavo y lo nervioso que él se veía tratando de salir del enredo. Entonces aún sin recuperar el aliento pensé 1-0 Gusano, voy ganando 1-0.
—Te pasaste María, te pasaste con ese comentario al micrófono —la vena de la garganta de Gustavo estaba tan gruesa que no me quedó duda que si me hubiera podido arrancar la cabeza me la hubiera arrancado y se la hubiera comido como Saturno devorando a su hijo en el cuadro de Goya.
—¿Yooo? ¿Cómo? ¿Carlota no es tu novia? —era obvio mi tono cínico, ni siquiera me preocupé por querer parecer sorprendida y no me costó trabajo porque yo estaba relajada sintiendo una esperanza de que quizá él también seguía soltero.
—No es mi novia y me hiciste quedar en ridículo ahí arriba.
—Perdón Gusssss no fue mi intención.
—Parece que jamás vas a madurar —y después de decir eso se fue, y esa frase me dolió más que cualquiera de las cosas que pudo haber hecho para querer hacerme sentir mal, porque por eso nos habíamos separado: por mi edad, y por eso habían sido todos nuestros problemas por mi continua falta de madurez. Ahí estábamos otra vez lanzándonos dardos envenenados de palabras hirientes que nos hacían daño de verdad.
POV GUSTAVO
Sabía que quizá volvería a ver a María en la boda de Darío, me ilusionó imaginar como se vería, si seguiría igual de bonita ¿Cuánto podría haber cambiado? ¿Se habría hecho algún cambio de look? ¿Seguiría usando el mismo perfume.? Después de nuestro dramático rompimiento no volví a saber nada de ella ni de su familia, y me dolió mucho pero en ese momento estúpidamente creí que era lo mejor.
Después de la muerte de mi mamá perdí también a mi papá y la oportunidad de tener una familia. Su nueva esposa nunca me quiso, tuvieron hijos pero ninguno era tan parecido como yo me parezco a mi padre y eso le molestaba. Es increíble como los adultos a veces no saben gestionar sus problemas y se desquitan con niños. Así, esa señora descargaba todo el tiempo su enojo conmigo. Prácticamente crecí con la familia de María, ellos me adoptaron emocionalmente y me llevaban a todos lados, pensé que así sería siempre. Pensé que mi instinto por protegerla, por cuidarla, por estar al pendiente de ella, era porque la veía como una hermana menor… pero un buen día descubrí que no. Cuando Andrés y yo regresamos de Estados Unidos, ella se había convertido en una mujercita, una hermosa mujercita con expresivos ojos de color café, llevaba el pelo castaño obscuro, suelto, y al volar con el aire desprendía un aroma a vainilla, sus labios gruesos protagonizaban la más hermosa de las sonrisas y entonces cuando la saludé, cuando la besé en la mejilla y sentí su cuerpo entre mis brazos, las cosas que imaginé haciendo con ella no eran propiamente lo que uno imagina hacer con una hermana. Andrés me pidió que nos regresáramos juntos a Estados Unidos, pero yo no me quería separar de ELLA, me moría de celos solo de pensar que ella pudiera salir con alguien y yo no estuviera para evitarlo. Estaba en una edad en la que no tardarían en presentarse pretendientes queriendo cortejarla. Además mi papá me había dicho que era el momento de involucrarme en la empresa familiar y si nunca antes me había buscado, pensé que era mi oportunidad para convivir con él, para sentir que realmente pertenecía a la familia Dos Santos y separarme de la familia Madrigal, en la que yo ya no quería que ELLA me viera como otro hermano.
Nunca sabré a ciencia cierta si fue un error haberme ido a trabajar con mi padre. Yo estaba ilusionado por empezar a salir con María y se lo hice saber, quería un consejo, quería tener esa charla de hombres en la que él me dijera lo importante que era una familia, que me motivara a que en algún futuro yo pudiera formar la mía. Me decepcionó cuando se empezó a reír, cuando me dijo que el amor para siempre no existía y que no me podía enamorar de la primera escuincla que hubiera visto en mi vida, que me divirtiera con ella y más adelante buscara a una mujer de verdad, yo le dije que no quería conocer a nadie más y entonces él me dijo que más adelante lo querría, que eso siempre pasaba, que él se arrepentía de haberse casado tan joven con mi madre, que siempre es necesario conocer a más mujeres antes de sentar cabeza. Sus palabras me calaron hondo y me hicieron eco, yo estaba seguro que María era la mujer de mi vida, pero pensé ¿Y si yo le estoy robando la oportunidad de conocer a alguien más? ¿Y si ella necesitaba conocer a otros hombres antes de decidir? ¿Cómo podría saber también ella que yo era el indicado, si no tenía la oportunidad de salir con alguien más?
En esos años peleábamos tanto por tonterías propias de la edad, que me convencí de que los dos necesitábamos nuevos aires, me convencí que lo que mi padre me había dicho era cierto y me alejé, éramos igual de orgullosos y ninguno de los dos nos volvimos a buscar.
Trabajar con mi padre se volvió cada día más estresante e insoportable, su mujer se metía todo el tiempo haciéndole creer que yo les querría robar, estaba convencida que yo la dejaría a ella y a sus hijos en la calle.
Me colmó el plato hasta que yo quise alejarme de ellos, independizarme, hacer mi vida y tener por una vez en mi existencia algo de paz. Un día pasó que el destino escuchó mis plegarias, recuerdo estar tan borracho con solo 5 dólares en la bolsa y ver un cajero de bitcoins, cada moneda costaba un dólar. Durante la cena con unos clientes de mi papá, alguien había mencionado que en algún futuro esas criptomonedas podrían valer mucho dinero y sin pensarlo dos veces compré 5 bitcoins, 1 por cada letra de su nombre, pensé en María y en como esas monedas nos ayudarían, me reí de mi mismo, me dormí y lo olvidé.
Tiempo después, en una convención vi a unos tipos que me parecieron sospechosos, tuve una corazonada y los seguí hasta un café, hablaban en ruso y no es que yo fuera experto en el idioma, pero intentando olvidar a María salí con una chica de ese país y aprendí algo más que solo decir Nasdrovia. Estaban diciendo que necesitaban bitcoins para una operación financiera, que estaban dispuestos a pagar 2 millones de dólares por cada criptomoneda, seguro no era para algo legal, pero quise pensar que a lo mejor sí y me acerqué. Con mi pésimo acento les dije que yo tenía 5, casi se les salen los ojos de la impresión, pero aceptaron e hicimos la transacción. No todo me lo pagaron en dinero líquido, me dieron 1 casa en Polonia, pensé que podría venderla y comprarme una en mi país, un yate que me pareció totalmente inservible, más de la mitad de ese dinero se iba en el costo del yate, pero por otro lado podría rentarlo y sacarle provecho, además mis amigos serían felices haciendo fiestas ahí, con el dinero que sobraba podría invertir en algunos negocios. Lo que más me emocionaba era la oportunidad de independizarme de mi padre, sin embargo no fue tan sencillo ya que él me insistió que invirtiera en su empresa y de pronto con un poco de dinero yo ya no era alguien indeseable para su mujer. Me inscribí para estudiar un master en administración, ahora más que nunca lo necesitaba. Uno de mis compañeros en el master, era el dueño de una casa de bebidas alcohólicas y me comentó acerca de una empresa que era una muy buena oportunidad para comprar, me dijo que podía ser un caso de éxito, porque tenía un buen producto solo les hacía falta publicidad… Escuchar la palabra publicidad me hizo pensar en Mar, le había seguido la pista y sabía que se había hecho socia de una agencia y que recién la habían nominado a un premio, si compraba esa empresa… tendría el pretexto perfecto. ¡Quizá era la oportunidad por la que había estado esperando! Había invertido en unas franquicias de restaurantes y gasolineras. Comprar esa empresa me dejaría sin liquidez pero sabía que valdría totalmente la pena.
No sabía como iba a reaccionar ELLA cuando se enterara, pero tenía una oportunidad para verla antes de firmar el contrato. La boda Darío estaba en puerta y ella había confirmado su asistencia. Cuando la vi mi corazón aceleró los latidos, la sangre se me congeló al mismo tiempo que me empezó a hervir cuando la vi con su novio ¿Acaso hizo un casting en Disneylandia? Su novio era el príncipe de la sirenita, hasta se llamaban igual ¿Y por qué sé eso? Porque era su película favorita, incluso una vez en Disney World nos formamos durante 2 horas para que ella pudiera tener su foto con él y con la princesa Ariel, Andrés y yo como pubertos con las hormonas al tope, aguantamos la fila con tal de estar cerca de las sirenas que estaban en el set… quien iba a pensar que años después, la canija se consiguió al príncipe Erick de carne y hueso. Me dio rabia pensar que ahora él era el dueño de sus besos, si lo hubiera podido desaparecer lo hubiera hecho, pero consideré que no era prudente un homicidio en la boda de uno de mis mejores amigos. Eso no impidió que en mi mente me viera lavándome las manos con cloro, después de haber acabado con él.
Cuando fuimos a comer, después de la firma del contrato, por inercia rocé su espalda para entrar al restaurante y casi se me quema la mano por ese simple roce. María me seguía encantando, me dio hasta ternura cuando pidió su café y vi que solo usaba la mitad del sobre de azúcar, yo siempre le preguntaba ¿Qué haces con la otra mitad? y ella respondía que a veces las guardaba, era algo que me hacía sonreír.
Pero me cayó mal la comida y me fue imposible sonreír, cuando escuché que se iría de fin de semana con Erick, ¿a dónde pensaba llevársela el cabrón? lo logré arruinar sugiriendo que fueran a grabar un video, pero ella mejor que nadie, sabía como hacerme sufrir. Y cuando insinuó que él podría acompañarla a Mexicali, pensé que me iba a dar un infarto, incluso sentí un dolor en el brazo izquierdo. Al final confirmó que se iba sola y que compartiría habitación con otra chica de la compañía, yo quise fastidiarla haciéndole saber que me había ido a la playa… con suerte y le daban un poco de celos, si se imaginaba que habría ido con alguna novia o amiga, pero en realidad estaba celebrando el cumpleaños de Fico y aunque mis amigos ligaron yo no pude dejar de pensarla y menos teniendo frente a mí el MAR, era la forma en que cariñosamente la llamaba y esperaba que nadie la volviera a llamar igual. Por lo menos ya sabía que Erick la llamaba Mariquita, me pareció súper ridículo.
Había algo con Erick que me hacía pensar que quizá no iba en serio, había algo en la mirada de María y en su voz cuando me retaba, que me hacía pensar que quizá no me tenía del todo olvidado… Pero al parecer lo nuestro ya no tenía arreglo, porque ahí estábamos otra vez, buscando lastimarnos, ninguno de los dos teníamos la madurez para afrontar las cosas, yo no quería pedirle perdón, porque sabía que si me perdonaba, entonces tal vez me superaría y si me superaba… me podría olvidar, entonces sí la perdería para siempre. No, no estaba listo para eso, aunque la respuesta por el momento fuera seguir fastidiándola y no me importaba si para ello tendría que empezar una guerra…