Faltaban dos horas para que la medianoche cayese sobre la isla Cara, y aunque al día siguiente fuese Lunes de clases y los pequeños de la familia Tybur debían de estar durmiendo para levantarse temprano y tomar el bus; que los dejaría en la parte comercial, cerca de la única escuela que había en la isla. Estaban completamente despiertos esa noche, ya que Benny se encontraba aferrado a las piernas de su madre como sí fuese una garrapata (evitándole la salida de la casa, ya que ella estaba a punto de salir para quedarse en casa de Max), y Pandora le discutía a su progenitora por ello, diciéndole que no la dejase sola con el más pequeño de la familia.
- ¡No puedes ir a quedarte en casa de tu noviecito, y dejarme sola con el neandertal de Benny, mamá!- le replicó la muchacha a su madre como por milésima vez con la cara quemada (por haber estado todo el día bajo el sol, tomando su bronceado en el yate), y con un tono de voz bastante chilloso. Mientras qué yacía con la bata que usaba como pijama abrazando contra su pecho a su gato Copito-. ¡Estoy cansada y mañana debo levantarme temprano para ir al instituto, mama! ¡¿A caso piensas que esta belleza que tengo se mantendrá sola si no duermo bien?! ¡Obviamente debo de cuidar mi perfecta imagen para seguir siendo la mujer más hermosa del mundo, y tú lo arruinarás todo si me dejas con Benny porque él no me dejara dormir esta noche! ¡Pasará todo el rato molestándome!
Entonces, Benny rodó los ojos con una mueca de desagrado, sin despegarse de la delgada pierna de su madre, y pensó: «Maldita egocéntrica, algún día serás igual de fea que la mierda de mi sapo.»
Por otro lado su madre; quien estaba vestida con un vestido suelto muy bonito, el cabello hecho una cebolla y con un poco de maquillaje. Pareciendo una mujer completamente diferente a como era antes. La siguió mirando de manera tímida y sumisa yaciendo todavía en la entrada, con una sonrisa nerviosa, levantando las manos, y diciéndole:
- Pero cariño, calmate un poco. Solo te quedarás por hoy con tu hermanito, ya que Hugo no está, es tu responsabilidad ver por Benny mientras que yo me voy a pasar la noche en otro lugar.
- ¡No me interesa a dónde carajos vayas tú! ¡Ya te he dicho que no me quiero quedar esta noche con el fenómeno de Benny!- chilló Pandora, ruidosamente-. ¡Esto era responsabilidad de Hugo pero se fue a chuparle las bolas a su novio! ¡Y yo niñera de fenómenos no soy!
- Pandora, no digas eso de tu herma...- intentó Isabella reclamarle con tranquilidad a su caprichosa hija adolescente, pero fue interrumpida por las bruscas y agresivas palabras de su hijo menor.
- ¡Créeme qué ni yo quiero quedarme una noche a solas contigo, Barbie plástica!- le gritó Benny a su hermana con un tono rabioso, mirándola con esos ojos enormes y fríos que tenía de manera asesina.
- ¡No me vuelvas a llamar "Barbie plástica", imbécil!- le contestó la pelinegra, inclinándose hacia su hermano entre las piernas de su madre, con Copito entre sus brazos, para gritarle-: ¡Y si piensas qué con eso me estás insultando, pues dejame decirte que al menos no soy un puto fenómeno como tú!
- Maldita zorra- murmuró el menor tan bajito que ni se logro escuchar, con esa fría mirada, y con un fuerte odio que tenía en su interior por su caprichosa hermana. Entonces, tomó impulso desde su garganta, y saliva dentro de su boca. Y sin pudor alguno le escupió directo en la frente a Pandora cuando esta acercó su rostro todavía más a él.
Pandora no lo pudo creer, y su cara se contrajo enseguida de completo asco, desfigurandosele como sí fuese un rompe-cabezas. La muchacha se irguió de golpe y retrocedió exageradamente un metro de distancia de su madre, para empezar a gritar fuertemente por toda la casa. Mientras qué saltaba violentamente sobre su sitio como si estuviese pisando cucarachas debajo de sus descalzos y pálidos pies:
- ¡QUÉ ASCO, QUE ASCO, QUE ASCO!
Copito entre sus brazos soltó un maullido, y por los bruscos movimientos de su dueña el felino terminó zafándose de su agarre. Aterrizando torpemente sobre el suelo, para salir corriendo directo hacia el cuarto de la pelinegra, posiblemente para esconderse entre su armario de ropa, asustado por todo el ruido que había.
Y porque Benny Tybur lo estaba mirando con ojos enormes.
Isabella soltó un suspiro de cansancio por toda esa escena que habían montado sus hijos, y se pasó una mano por la cara. Estaba cansada de tener que ver miles de veces la misma pelea entre Pandora y Benny. Una y otra vez. «¿A caso no se cansan?», pensó la mujer agotada por lo mismo, volviéndose esta vez hacia su hijo menor, poniéndose de rodillas para estar a su nivel de tamaño. E, ignorando por completo los exagerados gritos de Pandora, le habló suavemente:
- ¿No te puedes quedar solo por esta noche con Pandora? Ya acepté la invitación de Max de ir a quedarme en su casa, él me dijo finalmente qué quería mostrarme dónde vivía y yo no quiero rechazarlo...
Benny en respuesta hizo un puchero, y miró hacia otro lado con indiferencia, respondiendo:
- Sabes qué ese “Max” no me cae muy bien, prefiero qué sigas estando sola. Era mejor así. Además, el único hombre que necesitas en tu vida soy yo.
- Pero, hijo, por favor escucha-
- No me digas nada más- le interrumpió él con seriedad, cruzándose de brazos y añadiendo-: Todos estábamos mejor en casa antes de que “Max” apareciera. Porque tú me prestabas más atención y no andabas concentrada siempre en ese sujeto. ¿Y qué a caso ya no amas a papá?
Isabella se mordió el labio inferior con incomodidad, y pasándose un mechón que le estorbaba en la frente detrás de la oreja, dijo:
- Extraño a tu padre, tanto como ustedes, Benny. Pero debo continuar con mi vida, y me gusta estar con Max.
- Terminale- soltó el menor sin anestesia alguna, y volviéndose hacia su madre con el entrecejo más que fruncido-. Terminale. No lo quiero como padre.
- Pero, Benny, ¿cómo puedes decir eso si no lo conoces...? Y él no va a ser tu pa-
- Porque puedo, y porque quiero- dijo él, bruscamente-. Terminale.
- Pero, Be-
- ¡Ya te he dicho que le termines, porque no lo quiero más aquí!- le habló él en un fuerte grito-. ¡Qué te quede eso claro, mamá!
Entonces, Isabella sintió que estuvo a punto de llorar por lo incomprensivos que eran sus hijos, pero se contuvo para no hacerlo frente a ellos. Sin embargo, no pudo contenerse más cuando Pandora se acercó violentamente hacia su madre, con la cara roja de ira, gritándole:
- ¡Te tienes que quedar esta noche, porque si te vas considerate la peor madre del maldito mundo, oíste! ¡Y no te volveré a hablar nunca más!
«¿Por qué no podían simplemente ponerse feliz por mi?», pensó Isabella con cierta tristeza, sin darse cuenta de que la primera lágrima ya había caído por su maquillado rostro; corriendole así todo el maquillaje cuando las demás lágrimas cayeron sin control. Porque, Isabella Tybur había roto a llorar por el egoísmo de sus hijos.
- ¿A caso no pueden ponerse feliz por mi...?- cuestionó ella cuando entreabrió los labios pintados de rosa, y la voz finalmente le salió, débilmente-. ¿No... No les importa mi felicidad?
De pronto, cuando Pandora y Benny se dieron cuenta de qué finalmente habían quebrado a su madre por sus riñas, se quedaron en un absoluto silencio. Mirando cómo la mujer que les había dado la vida, y que había sacrificado todo por ellos, estaba llorando porque ellos eran unos incompresivos.
Pandora en ese momento, quizás sintió algo de remordimiento en el pecho al ver a su madre así, y se calmó un poco; bajando la guardia. Pero Benny posó una mueca de disgusto, segundos después, y con el entrecejo más que fruncido, dijo:
- ¿Ah, si? ¡¿Qué tonterías estás diciendo?! ¡Tu deber como madre es poner nuestros intereses primeros que los tuyos, y yo te estoy pidiendo que te quedes esta noche conmigo y qué dejes a ese feo hombre!
Isabella se quedó sin palabras, y con ese dolor en el pecho que tenía, asintió con la cabeza mientras que se cubría la cara con las manos. Y de rodillas lloraba silenciosamente frente a sus hijos.
Y Pandora quizás, le hubiese dicho algo a su hermano por hablarle así a Isabella, si hubiera tenido un mayor remordimiento. Pero así no fue, y por eso enseguida que vio esa enorme vulnerabilidad de su madre y el momento indicado, dijo con cierta satisfacción:
- Saldré y le diré a Max que no irás.
Isabella no respondió, y en su lugar se echó a un lado de la entrada y se sentó en el suelo de madera. Apoyando su espalda contra la pared, mientras qué todavía se cubría la cara sin decir ni una palabra. Benny miró con odio a su hermana cuando pasó por su lado, pero aún sonrió también de satisfacción cuando vio que su madre no saldría con ese imbécil hombre que tanto él odiaba.
- Oh, mamá, no llores- le habló el pequeño Benny en consuelo, acercándose hacia su dolida madre para abrazarla por la cabeza y acariciarle el cabello rubio, diciéndole-: Tranquila, si quieres vamos a mi cuarto para que veas cómo Gumther se come unas moscas. Eso seguro que te hará sentir mejor, mamá.
Pandora rodó los ojos con asco cuando escuchó eso, y enseguida tomó el pomo de la desgastada y débil puerta de madera para abrirla. Por eso, la giró y la abrió al instante para salir a decirle a ese hombre que su madre había conocido hace unas semanas atrás, qué ella no iría con él a su casa esa noche. O, al menos eso era lo que tenía pensando hacer una vez que saliera y bajase por las escaleras de madera que habían enfrente, porque la pequeña cabaña donde vivían se levantaba sobre el aire, siendo sostenida por cuatro pilares que la sujetaban en cada esquina.
Pero cuando salió, y miró hacia abajo, en el inicio de las escaleras, sus ojos se encontraron con lo inexplicable, y lo abominable. Por un momento pensó que estaba soñando, pero cuando la fuerte brisa de la noche le pegó en la cara, y ella parpadeó un par de veces y esa cosa todavía seguía al pie del primer escalón, mirándola fijamente. Supo, que eso qué estaba ahí era bastante real, y no lo podía creer. Eso, se veía como un enorme tiburón blanco, que medía aproximadamente unos dos metros desde la punta de la nariz hasta la cola. Tenía unos pequeños ojos fríos de pez muerto, y de su vientre abierto emanaban muchos de sus órganos que se entrelazaban con las enormes patas que le salían de sus entrañas y con las que el letal animal se desplazaba sobre el suelo con facilidad.
Esa cosa tenía la apariencia de un tiburón. Pero como al resto de los peces de la Isla: le habían salido enormes y espeluznantes patas de araña. Mientras, qué su piel se tornaba más babosa y oscura, teniendo la apariencia desagradable de un pez en descomposición. Desprendiendo así un fuerte hedor de putrefacción, que acompañaba a su apariencia horrenda y asquerosa. Y cuando Pandora notó que ese animal tenía sus enormes fauces entre abiertas, mostrando la hilera de dientes afilados que brotaban de su mandíbula; desprendiendo una húmeda baba como sí estuviera hambriento. No dudó dos veces antes de volver sobre sus pasos violentamente, y cerrar la puerta detrás de sí cuando finalmente entró con unos ojos enormes y la cara pálida de horror, gritando:
- ¡OH, DIOS MÍO!
El aire se le escapó de los labios, y la muchacha se quedó paralizada de espaldas contra la puerta de madera. Mirando fijamente hacia su madre y a su hermano; quienes voltearon a observarla con rostros de confusión por ese repentino comportamiento.
Benny tenía una risita obscena en sus labios, mientras que Isabella parecía más atenta a las palabras de su hija.
- ¿Qué pasó, tonta?- soltó Benny, rodando los ojos y mirándola con burla-. ¿A caso había un espejo ahí afuera que te mostró tu horrendo reflejo?
En otra ocasión eso hubiese conseguido que Pandora le siguiera el infantil juego a Benny como si fuese una niña, pero la muchacha esta vez ignoró todo eso. Y con ese crudo horror que su madre pudo notar claramente en sus ojos, reveló sin poderselo creer:
- Hay un tiburón al principio de la escalera.
- ¡Ja!- rió el pequeño sádico-, y yo me llamo Michael Jackson.
Pandora entonces lo miró con mayor fijeza a los ojos, y con la cara sudandole por los nervios, le gritó:
- ¡De verdad, hay un maldito tiburón ahí afue…!
Pero no pudo acabar con sus palabras, ya que en ese momento su cuerpo se estremeció y sintió un fuerte golpe detrás de ella; como sí esa cosa del otro lado hubiera embestido la puerta para derribarla y entrar. Sin embargo, Pandora se aferró con fuerza contra esa débil puerta, para que no se viniera abajo, gritando:
- ¡ES ESA COSA, MAMÁ, ESA COSA HA VENIDO A COMERNOS!
La muchacha no lo pudo seguir soportando y empezó a gritar cubierta de pánico, mientras qué lágrimas desesperadas caían por sus mejillas, y su madre se levantaba con una enorme inquietud en el pecho, ciertamente asustada. Ella no sabía si lo que su hija decía era verdad, ya que probablemente le estaba jugando una broma a Benny, en venganza. Pero, supo que la pelinegra no estaba tan equivocada, cuando caminó hacia la habitación de al lado, que era la cocina, para mirar hacia el otro lado por la ventana que allí había.
Y aunque, Isabella por un momento había creído por un ligero segundo qué todo era un engaño de Pandora, así prefirió qué hubiera sido cuando observó por el vidrio de la ventana cómo del otro lado había un enorme tiburón blanco, que había mutado de manera espeluznante y qué estaba golpeando su cabeza fuertemente contra la puerta de madera para pasar, y devorarlos a todos ahí dentro.
Era una escena tan perturbadora como irreal, e Isabella no lo pudo creer. El horror que se apoderó de sus ojos, y de su sistema nervioso, fue tanto, que la mujer no logró asimilarlo y se desplomó enseguida sobre el suelo, desmayada. Entonces, la pelinegra, quien seguía sosteniendo la puerta para que no se cayera y quien había visto a su madre colapsarse, empezó a gritar y a llorar con mayor violencia, sintiendo como esa criatura golpeaba con mas fuerza cada vez.
Y ella no podría seguir resistiendo.
Benny entonces se dio cuenta de qué realmente estaban sufriendo el ataque de un tiburón, y por el miedo que se apoderó de su cuerpo, como le había pasado a su madre antes de desmayarse. Después de darle una rápida mirada a su progenitora y a su hermana, salió corriendo espantado, directo hacia la ventana que había en la habitación de Hugo. Para salirse por ahí y correr hacia el bosque que estaba a unos metros detrás de la cabaña para poner a salvo su trasero, y el de su rana Gumther (a quien pasó recogiendo antes por su dormitorio).
- ¡BENNY, REGRESA AQUÍ Y AYUDANOS!- le gritó Pandora con la desesperación en cada una de sus palabras, pero el menor lo único que hizo fue darle la espalda y salir corriendo directo al pasillo sin titubear. Y la muchacha se quedó paralizada con las palabras en la boca. Mirando, como su hermano menor las abandonaba.
«Si me quedo con ellas moriré.», pensó el pequeño sádico, mientras que se escurría como un ninja por la ventana y salía corriendo sin dudarlo dos veces hacia el bosque. Abandonando así, a su madre y a Pandora con esa criatura hambrienta que estaba a punto de derrumbar la puerta, y devorarlas entre sus fauces.
La joven pelinegra, entonces pensó que esa brizna de esperanza que había puesto en su hermano Benny, se había ido, y qué, probablemente moriría esa noche con su madre. Ya no cumpliría sus sueños. Y ya no estaría más con Copito.
«¿Realmente así moriré?», pensó la muchacha en una milésima de segundo, mientras que todavía seguía apoyando todo su cuerpo contra esa puerta, y la criatura del otro lado seguía golpeando violentamente.
«¿Moriré en esta maldita isla sin siquiera haber salido nunca de ella?», se preguntó melancólicamente, mientras qué su cara estaba extremadamente pálida y sus ojos cubiertos de horror yacían completamente perdidos, sin mirar a una dirección exacta. Porque la adolescente ya se encontraba pensando en sus últimos momentos de vida, y qué no había vivido mucho. En qué no logró graduarse del instituto. En qué no salió de la isla Cara, ni mucho menos pudo casarse como un millonario hombre como el novio de su hermano Hugo. Nada de eso pasó, y ella estaba a punto de morir. Sin embargo, sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando sus ojos divagaron por la habitación y se encontraron con el cuerpo de su madre; quien seguía desmayada en la cocina tendida en el suelo. Y por extraño qué hasta a ella le hubiera parecido, la muchacha quería morir estando al lado de su madre.
Por eso, enseguida que vio la oportunidad de salir corriendo directo a la cocina para tirarse junto a su progenitora en el suelo y abrazarla desconsoladamente, lo hizo. Siendo ese, el momento en el que la criatura marina golpease con mayor impacto la puerta de madera, provocando que finalmente se abriese un enorme hueco hacia adentro y que la madera quedase todavía más débil. Pandora ahogó un grito horrorizada, y enseguida que se tiró al suelo con su madre y la abrazó para pegarse contra la pared con su cuerpo. El momento llegó, y esa espeluznante criatura derribó la puerta con facilidad, arrancándole el grito más grande de su vida a Pandora y mostrandole su putrefacta cara de pez muerto más de cerca.
El aire se le escapó de los labios a la muchacha, y ni siquiera pudo parpadear cuando esa enorme criatura marina se arrastró sobre su cuerpo con rapidez. Con esas cuatro patas, directo hacia ella con cara hambrienta. Pandora se aferró al cuerpo de su madre como sí se tratase de un salvavidas, y cerró los ojos justo en el momento en que el tiburón se abalanzó sobre ellas, y saltó como un torpedo en su dirección, abriendo sus enormes fauces para devorarlas. Entonces, la pelinegra extendió sus brazos por instinto, para cubrirse irónicamente el rostro con las manos, y gritó fuertemente:
- ¡DETENTE!
Ese fuerte grito retumbó por toda la habitación con cierta extraña vibración; que hizo retumbar las paredes. Y Pandora sin darse cuenta sintió que todo oscureció para ella repentinamente. Pero no sintió dolor alguno, cuando «eso» las devoró de un bocado con sus letales dientes.
¿Por qué? Si esa cosa se suponía que las había devorado, y les había dado una muerte espantosa.
«¿A caso morir no duele?», pensó la muchacha por un segundo, rodeada de oscuridad y confusión. Sin embargo, cuando entró en razón y notó que todavía tenía el peso de su inconsciente madre en su regazo, se dio cuenta de que había estado con los ojos cerrados desde que ese tiburón se alzó frente a ellas.
Y por eso, con una confusión que la envolvió, abrió los ojos con recelo, sintiendo como su corazón palpitaba con fuerza. Encontrándose, cuando su visión se volvió nítida poco a poco, con un inexplicable hecho paranormal que no tenía respuesta para ella. Porque sí, ella y su madre seguían sorprendentemente vivas, pero ese tiburón seguía frente a sus narices con sus enormes fauces abiertas; y grandes hilos de baba que le colgaban como péndulos y que goteaban en el suelo.
Demostrando que ese animal seguía vivo.
Sin embargo, lo más extraño de todo fue que esa criatura estaba completamente inmóvil, flotando entre los aires. Porque Pandora lo había hecho levitar con ese vibrante grito, al haber despertado sus poderes mentales esa noche.
Porque era una bruja.