Capitulo 07: Predicciones.

4341 Words
No sabía qué hora era exactamente. Pero sabía que era bastante tarde cómo para que alguien tan joven como él estuviese rondando por ese obscuro laberinto de árboles al que habían prohibido entrar. Y que el bosque en la noche mostrase una cara completamente diferente a como era en el día. Eso le asustó tanto a Benny Tybur mientras qué caminaba lentamente por la maleza que se movía de manera fantasmal al igual que las hojas en los árboles. Pero él solo se dijo mentalmente, apretando sus manos en dos sólidos puños: «Sigue caminando hasta estar seguro de haberte alejado de ese monstruo marino, no seas un maldito marica.» A la par de que su rana Gumther yacía sobre su cabeza, inmóvil. Mirando con sus brillantes y enormes ojos sobresalientes, hacia el frente. El pequeño se había estado empezando a asustar tanto por las espeluznante formas que los árboles habían tomado por la oscuridad de la noche, qué para sentirse acompañado y más cerca de su rana. Queriendo concentrarse únicamente en los sonidos que esta daba. La tomó y se la puso en la cabeza, como si la usara como sombrero. Benny así, se sintió más cómodo y continuó caminando entre los árboles como una astuta rata de campo, mirando hacia todos lados de manera paranoica, porque él sabía después de todo, qué ese bosque había estado empezando a tener ciertos rumores. Y qué era prohibido. Él sabía que era bastante joven como para estar en ese prohibido lugar a tan altas horas de la noche, pero prefería ser un niño guapo y perdido. Que un niño guapo, y muerto. Por eso no dudó dos veces antes de salir corriendo directo a la habitación de Hugo (después de haber recogido a su rana), porque era el único cuarto que tenía ventanas. Y descendió como un ninja por el marco, aterrizando sobre sus pies torpemente en la arena para empezar a correr despavoridamente directo al bosque Amatista con su sapo entre los brazos. «¡Nosotros no podemos morir! ¡Nosotros no podemos morir!», pensó por cada paso que daba corriendo, alejándose de su casa y abandonando todavía más a su hermana y madre con esa letal criatura marina. «¡Gumther y yo somos demasiado perfectos para morir!» Y Benny sabía que había sido un cobarde por haber abandonado a su familia de esa manera. Pero él lo único que pensó sin remordimiento alguno fue: «Alguien tan apuesto y joven como yo no debe morir aún, y Gumther no merecía ese destino tan cruel.» «Mamá y Pandora sabrán cómo salvarse el culo.» Sin embargo, el pequeño estaba tan concentrado en sus egoístas pensamientos qué no se detuvo ni un segundo para inspeccionar la enorme cinta policial qué había a los alrededores del bosque: avisando que estaba extremadamente prohibida la entrada. Por eso se coló entre los árboles rápidamente y se perdió entre las sombras. No tenía pensado volver atrás, esa opción para él era bastante peligrosa, ya hasta inclusive estaba pensando en ser un ermitaño viviendo por ahí. Quizás, no era tan malo comenzar a vivir entre los árboles, siendo su mejor amigo Gumther su única compañía. Eso no sonaba tan malo. Tendría mucho espacio para jugar, y habrían muchos animales a los cuales torturar y sacarles las tripas. ¡El bosque era el hogar perfecto para él! ¡¿Por qué no tomó la decisión de irse de su fea casa desde un principio?! Además, él ya estaba cansado de que su madre le prestase más atención a ese hombre con el que había empezado a salir, que a él. Pensó que en ese sitio él sí podría ejercer sus reglas, y qué nadie le diría cómo comportarse. Entonces, fue en ese momento cuando Benny volvió a sumergirse en sus pensamientos, mientras que escuchaba el croar de su rana Gumther y varios grillos que hacían de fondo en el bosque Amatista. Así el pequeño fue poco a poco distrayendo su mente, sin darse cuenta de que los árboles le habían empezado a susurrar desde que entró. Y qué las ramas de los pinos se movían de una forma fantasmal, y cósmica; como si tuviesen vida propia y estuvieran a punto de agarrarlo entre sus ramas en cualquier momento. Pero aún así, el pequeño Benny Tybur no lo notó, y continuó caminando colina abajo, cruzando por mucho pinos que tenían diferentes formas. Uno más espeluznante que otro, pero ya eso no le asustaba a Benny, él con el pasar del rato se había estado adaptando a toda esa inquietud que producían los árboles y la oscuridad. Tanto así, qué no tuvo miedo alguno cuando se encontró con el tronco caído de un árbol, y con un muy pequeño estanque lleno de muchas plantas acuáticas que tenía enfrente. Y pensó en ese momento, qué sería bueno pescar algo para comer esa noche junto a Gumther. Por eso se acercó sigilosamente como un gato hacia el tronco, que cruzó de un salto, para admirar el obscuro estanque que tenía a su merced y qué era iluminado débilmente por la media luna que se posaba entre el cielo nocturno sin nubes. Cuando dio ese brusco salto de saltamontes, sus pies aterrizaron justo dentro del pequeño estanque y su rana Gumther salió disparada de su cabeza para caer zambullida entre el agua y perderse un poco entre los lirios acuáticos. Benny al darse cuenta de aquello se alarmó enseguida, y se puso en cuclillas como una madre-rana para buscar a su pequeño amigo rápidamente, qué se había camuflado con el color de las plantas, provocando un pánico en el pequeño Benny. - ¡Gumther, Gumther, ¿dónde estás, mi pequeño amigo?!- lo llamó desesperadamente, mientras qué apartaba todos los lirios de en medio para buscar mejor entre el agua, y aunque sintió que estuvo a punto de tener una crisis cuando siguió escarbando entre el estanque y no encontró nada más que pequeños peces y piedras. Suspiró cuando una de esas «piedras» que tomó, era su pequeña y vieja rana-. ¡Oh, mi Gumther, jamás te vuelvas a perder así de mi vista!- chilló con lágrimas en los ojos, abrazando desconsoladamente a su rana. Y el sapo como sí le hubiese entendido, parpadeó, asintiendo. - Bueno, ahora dejame buscarnos algo de comida- le habló al animal, como sí este pudiera entenderlo a la perfección. Sujetándolo con ambas manos muy cerca de su cara-, porque no pienso dejarnos pasar hambre en este bosque. ¡Ya verás qué vamos a sobrevivir y qué no necesitamos a esa insolente de mamá y a esa zorra de Pandora! ¡Ni mucho menos al sabelotodo de Hugo! ¡No necesitamos a nadie más que a nosotros mismos!- gritó el pequeño con un tono muy chillón y seguro, para después decirle a la rana dulcemente-: Tú solo necesitas a tu papi, mi pequeño Gumther. ¿Oh, quién es tu papi, Gumther? ¿Quién te quiere? ¡Dime, dime! ¡Oh! ¡Yo soy tu papi quien te quiere! La rana solo soltó un «ribbit», y Benny sin completo asco le dio un beso justo en toda su babosa y verde cara de anfibio. - ¡Oh, Gumther, eres todo un consentido!- exclamó el menor entre bruscas carcajadas, qué hacían eco por todo el bosque de manera fantasmal y se perdían entre los árboles-. Bueno, ahora serás un buen chico y te quedarás aquí mientras qué yo busco la cena, amigo- le dijo, y antes de tener respuesta alguna de la rana, la dejó encima del viejo tronco caído. Después con el pecho bien erguido, sintiéndose como una especie de valiente y guapo aventurero, se volvió hacia el estanque y se arrodilló para tratar de pescar un pes entre esas aguas. Cosa qué se le dificultó un poco ya que eran muy pequeños, y bastante escurridizos. Algo que le arrancó más de una maldición al pequeño, y le hizo fruncir el entrecejo. - ¡Malditos peces, déjenme comerlos!- les gritó con la cara roja de frustración, moviendo sus manos de aquí para allá para tratar de pescar algo. Pero no tuvo éxito alguno y se detuvo cuando de repente escuchó un sonido extraño en el bosque-. ¿Qué es eso… que suena?- se preguntó mientras que se levantaba cuidadosamente. Y con la ropa mojada miraba hacia todos lados, confundido. Él jamás había escuchado ese sonido antes en el bosque, no era la primera vez que estaba en el laberinto de árboles de la isla Cara. Pero había dejado de ir por un tiempo desde que estaba ocupado con las tareas de la escuela, y pensó qué quizás muchas cosas habían cambiado desde su visita. Por eso no supo de qué era ese sonido, que era similar a una manada de serpientes que se movían debajo de un grupo de hojas caídas. Y quizás, eso era alarmante, pero le preocupó más que ese sonido venía directo hacia él. ¿Pero de dónde venía si se oía venir de todos lados por el eco que hacían los árboles? Algo que ocasionó una mayor confusión en el pequeño Benny, quien torció el gesto y con horror se salió del estanque enseguida para abrazar a Gumther. Y subirse encima de ese tronco caído, siendo ese el momento en el qué ese extraño sonido dejó de escucharse y el bosque quedó en un absoluto silencio. Espeluznante. Todo se quedó quieto, y lo único que Benny pudo oír fue su respiración agitada y los latidos de su rana. «¿Por qué todo se quedó en silencio?», se preguntó, desconcertado. Observando, como ni siquiera las ramas de los árboles se movían, y que ni siquiera se escuchaban los grillos. O, se sentía la fuerte brisa fantasmal. No había nada. Fue como si el bosque se quisiera quedar en silencio, y Benny no lo entendió hasta que escuchó algo moviéndose en el estanque detrás de él, y cuando se volteó ahogó un grito al encontrarse con un pequeño y horripilante pez que tenía enormes patas saliendo de sus entrañas. Sin embargo, lo que lo hizo empezar a gritar y a saltar en su sitio como una niña indefensa, fue que eran miles y miles de peces anormales que desprendían un nauseabundo olor a podrido. Porque no eran una manada de serpientes lo que se arrastraban entre el bosque. Eran una horda de peces andantes. - ¡PERO QUÉ COÑO…!- soltó el pequeño en un grito ahogado, antes de retroceder repentinamente horrorizado, por ese grupo de peces que se aproximaban hacia él caminando con rapidez sobre sus cuatro patas. Y sin darse cuenta se resbaló del tronco y cayó de culo sobre la maleza del otro lado y las ramitas. Chillando de terror, cuando esas criaturas empezaron a cruzar por el tronco, y se alzaron ante él rápidamente como sí pensaran en pasarle por encima con sus enormes y puntiagudas patas. O, como sí pensaran en devorarlo vivo. Benny abrió con terror todavía más sus ojos, y por instinto se hizo un ovillo en el que cubrió a su rana completamente para protegerla de esas criaturas que estuvieron a punto de pasarle por encima. Si no hubiese sido porque se sintieron espantadas cuando de pronto de entre los árboles, apareció el grupo de indígenas de Kathul con antorchas encendidas para espantarlas del bosque rápidamente antes de que tocasen a Benny. - ¡Fuera plagas! ¡Fuera!- exclamó el grupo de indígenas en un unisono, saltando de aquí para allá con sus antorchas encendidas para amenazar a la horda de criaturas, y que se alejasen, cosa qué ocurrió efectivamente cuando empezaron a retroceder con la misma velocidad que aparecieron-. ¡Hue! ¡Hue! ¡Fuera de aquí, plagas! ¡Hue! ¡Hue! Benny empezó a temblar en su sitio, y todavía hecho un ovillo, con la cara sumergida entre la maleza. Levantó con recelo la cabeza para mirar cual era ese escándalo que había a su alrededor, encontrándose con todo ese grupo de indígenas que usaban prendas sueltas, y tapa-rabos. Y mientras que unos indios se encargaban de espantar a todas esas criaturas, otra de la parte de indígenas se encontraban tocando un tambor, fuertemente. Qué retumbaba con violencia por todo el bosque, evitando así, el susurro de este. El pequeño no entendió lo que estaba pasando, y se sintió muy asustado por ese extraño grupo de personas que jamás había visto antes. Por eso se sentó con discreción en el suelo, y se pegó de espaldas contra el tronco caído para mirar con desconfianza a sus salvadores, quienes empezaron a moverse a su alrededor como sí bailasen una muy movida danza al ritmo de los tambores. «¿De dónde salió este circo de payasos?», pensó Benny con una ceja levemente alzada, y los labios fruncidos, abrazando contra su pecho a Gumther. Y aunque al principio parecía asustado por ese grupo de indígenas, después se mostró fastidiado y muy poco agradecido con esa cara arrugada que tenía. Pero, se quedó inmóvil en su sitio, cuando de repente los indígenas le abrieron paso a su líder divino, quien era el chamán Kathul. Un hombre barrigón, que usaba siempre una especie de túnica marrón y una corona de plumas. Para Benny se veía ridículo, pero el pequeño se quedó intimidado por la presencia de este. Porque Kathul tenía una mirada fría y distante, que le provocó escalofríos al menor por las sombras que se formaban en su viejo rostro. Entonces, Benny lo observó, atónito, por su extravagante apariencia y el maquillaje de pintura que tenía en toda la cara, y vio cómo este se le acercaba lentamente, para darle una mirada profunda, y decirle: - Oh, pequeño, desamparado, estuviste a punto de morir esta noche en manos de esas plagas de los mares- habló el anciano indígena, con una voz tan profunda y dominante que paralizó a Benny en su sitio, quien no tenía palabra alguna de lo que ocurría-. Esas cosas- dijo, y miró hacia el cielo nocturno con una mirada perdida, añadiendo-: te pueden dar una de las peores muertes posibles, sí llegan a hacer contacto contigo. El pequeño entonces se paralizó, y por toda esa curiosidad que lo empezó a envolver por todo lo que estaba pasando en la isla Cara, carraspeando, le preguntó: - ¿A qué se refiere...? - Me refiero a que son letales, pequeño- respondió el chamán-. Y son desconocidos para nosotros todavía, pero una mordida de ellos te puede hacer agonizar y convertirte en el monstruo más horrendo que hayas visto. Claro, eso pasara si te llegan a rasguñar, o a morder- le explicó, volviéndose hacia él-. Por otro lado, si esa cosa logra tocar tu piel se te clavara como a una garrapata, para chuparte la sangre hasta dejarte seco como a una pasa- reveló sin filtros, y el menor sobre el suelo sintió como el corazón le latía violentamente. - ¿Co… Cómo usted sabe todo eso?- le interrumpió Benny con el ceño fruncido, negándose a creer en las palabras de ese indígena, por temor a la realidad-. Usted nomas es un gordo charlatán… ¡No dice más que patrañas! ¡Calumnias! - Pequeño- le habló el anciano con seriedad, inclinándose hacia el menor con su cara larga y obscura-, yo lo sé todo, y sé lo que pasará. Conozco cada una de las tragedias que vendrán para esta isla maldita, porque tengo el Don de la predicción. Benny se quedó mudo, y ni siquiera notó cuando su boca se abrió de asombro. Él no lo podía creer, y le aterraba que todo fuese eso verdad. - ¡No te creo…!- le reclamó el menor dejando a su sapo sobre su regazo, y enterrando sus uñas en la tierra donde yacía sentado contra el tronco. - ¿Entonces cómo crees que logramos aparecer en el momento justo para salvarte, pequeño?- le contestó el chamán, y Benny se quedó helado-. Presentí que alguien moriría cerca de esta parte del bosque, y resulta que eras tú esa persona- le confesó, y el asombro no se fue de la cara del pequeño Tybur-. Fue por eso que pudimos salvarte antes de que esa horda de plagas se apoderasen de tu cuerpo. - Esto… no puede… ser cierto- murmuró Benny para sí mismo, tapándose la boca con una mano sin parar de mirar fijamente al líder de los indígenas. - Pues creelo, porque es nuestra realidad- dijo Kathul, agregando con intensidad-; y la isla Cara ya no volverá a ser la misma. Muchas catástrofes se avecinan para este lugar, ¡yo mismo las he visto en mis sueños, y he dibujado la mayoría de ellas! ¡Y todas! ¡Todas! ¡Acabaran con nosotros como si fuésemos miserables cucarachas! ¡Van a exterminarnos, y nos van a hacer sufrir en esta tierra como sí fuese el mismísimo infierno! ¡Y no tendremos más opción que sobrevivir y esperar el momento que nos toque alguna de esas plagas! ¡Sobrevivir es lo único que nos queda, niño! ¡Sobrevivir!- exclamó con ojos enormes, acercando su rostro hacia el de Benny, quien se quedó inmóvil sin pestañear, con la cara extremadamente pálida. - ¿Y por qué no huimos ahora que estamos a tiempo…?- el menor se hozó a preguntar, después de un rato en el qué se quedó callado sin decir nada, asustado por el rostro de ese anciano y por todo lo que se acaba de enterar, y que era mucho para él-. Porque todavía hay tiempo de huir de esta isla, ¿n-no es cierto? - ¡NO!- le gritó el chamán en toda la cara, y el menor tembló en su sitio-. ¡Ya el tiempo está perdido, niño lo que nos queda es aguantar! ¡Resistir en la tormenta! - Yo no quiero morir...- lloriqueó Benny cuando su cabeza finalmente empezó a saturarse por mucha información, y el menor se llenó de pánico. Apartó los ojos de ese anciano indígena, y se tapo la cara con las manos para comenzar a llorar muy bajito, murmurando una y otra vez-: No puedo morir tan joven. No puedo morir tan joven. No puedo morir tan joven. El chamán entonces notó qué quizás había sido muy duro con ese joven, al contarle toda la verdad de una manera tan cruda. Pero él quería que todos supieran la verdad en la isla, y que la policía dejase de engañar a todos. Sin embargo, Kathul también pensó, qué todavía había más que enseñarle a ese pequeño niño, y por eso se inclinó hacia el nivel de Benny para palmearle la cabeza, y decirle: - Ven conmigo, pequeño, vayamos a mi tribu. Ahí te enseñaré lo que va a pasar en esta isla. Lo que ya está predicho. Benny se sorbió los mocos, y levantó la mirada, exclamando: - ¡¿Y cómo usted está tan seguro de qué ya no podemos irnos de aquí…?! El chamán ladeó la cabeza, y le respondió: - Simple, amigo, porque lo que habita en el mar ya apareció. Y él ahora no nos dejará salir de la isla. Todo será un caos. - ¿”Lo que habita en el mar”?- titubeó Benny, y el chamán asintió. - Sígueme, tienes que verlo todo personalmente- le dijo, y se irguió tendiéndole la mano para que el menor fuese con él y su grupo. Benny por un momento vacilÓ si tomar la mano de ese desconocido, y si ir con él a su tribu, pero estaba bastante intrigado por lo que iba a pasar en la isla Cara. Ya no quería ser un ignorante de todas esas tragedias que vendrían para el lugar, y por eso tomó la mano del chamán, y empezó a caminar con él y su grupo entre los árboles que susurran para saberlo todo. Mientras qué el retumbar de los tambores los acompañaban. El anciano y sus indios condujeron al pequeño Benny colina arriba, en la parte suroeste del bosque, directo hacia su humilde tribu indígena la cual se llamaba «Yamuco» y permanecía muy escondida entre los árboles. La tribu no era tan grande, pero tampoco pequeña. Era la cantidad suficiente para que todas esas personas pudieran vivir cómodamente en ese pequeño espacio que el bosque había hecho para ellos, y eso le pareció curioso a Benny, quien nunca había visitado una tribu indígena y estaba curioseando bastante con sus ojos, sin apartarse a su sapo del pecho. Notó que habían muy pocas mujeres, y qué una parte de los indios vestían con túnicas marrones, mientras que la otra solo usaba tapa-rabos. Habían varias chozas bastante pequeñas en donde vivían los indios, y justo en el medio de todo se encontraba una enorme fogata, rodeada de muy pequeños tronquitos para sentarse. Benny intentó divisar más entre ese campamento indígena, pero su visión se veía interrumpida por todo ese grupo de indios que lo rodeaban con los tambores, y qué los acompañaban a él y a Kathul a una choza en especifico; la ultima de la izquierda. El menor no lo entendió, pero solo caminó con el chamán hasta esa choza sin decir ni una palabra. Notando, que lo único que hacía diferente a esa casita de las demás era qué estaba rodeada de muchos símbolos extraños y de cruces negras. Entonces, cuando finalmente se detuvieron frente a ella el menor supo que ese era el dormitorio del líder indígena, ya que este les pidió a sus hombres que los dejasen solos y procedió a invitarlo a entrar a su lugar. El menor se sentía bastante agitado por todo lo que estaba pasando, pero él realmente quería saber a qué se enfrentaría la isla. Y sí él y Gumther podrían sobrevivir a ello. Por eso entró enseguida a la choza con su sapo en brazos y se quedó parado en la alfombra de paja de la entrada, sin abrir ni un poco la boca. Todavía seguía con la cara pálida, con todo el shock del momento. Sin embargo, aunque se había quedado en la entrada, logró ver todos los cientos de frascos de muchos colores, en los estantes que habían en ese choza y qué frente a él había una especie de colchoneta creada con paja (que era dónde el anciano descansaba), y que junto a eso había una pila poco organizada de hojas. Y Benny supo que esas eran las predicciones del anciano cuando este empezó a acomodar cada uno de sus dibujos en el suelo, creando una especie de patrón. Una serie. Una pirámide. Haciendo entender, cómo transcurriría cada catástrofe. - Ven a ver, niño- le habló con profundidad el anciano, mientras qué yacía arrodillado frente a sus dibujos, llamándolo con una mano. Y el menor sin que se lo repitiesen dos veces, caminó hacia él con esa misma expresión de horror, admirando los extraños e incompresibles dibujos de Kathul. Él no los entendía como su creador, pero les parecieron horribles. Cada uno de ellos era espantoso, «¿Eso representaba lo que serían las catástrofes?», pensó Benny con el corazón latiendole fuerte y varias gotas de sudor cayéndole por la frente. Incluso, las axilas le habían empezado a sudar sin él notarlo. - Estas son todas las catástrofes que vendrán hasta ahora- le dijo Kathul, haciendo un ademán con las manos, señalando todos sus dibujos-, o bueno, al menos son la mayoría de ellas, porque aun no termino de ver mis predicciones. El menor siguió sin habla, arrodillándose junto al chamán para mirar de cerca cada uno de los inexplicables y horrendos dibujos que parecían haber sido dibujados con tinta negra sobre ese viejo y arrugado papel amarillo. Sin embargo, aunque todos esos garabatos eran inquietantes, hubo uno en particular que le llamó la atención, uno que estaba en la corona de todos esos. Ese estaba en la cima, como si representase algo importante en ese pirámide de los horrores. Por eso el pequeño Benny lo tomó entre sus dedos con curiosidad, tratando de entender qué significaba esa cruz prendida en llamas y esa multitud que la rodeaba. - ¿Qué es esto…?- preguntó finalmente cuando se cansó de buscarle sentido a ese horrible garabato que ese indígena dibujó como una predicción. Entonces, el anciano lo miró con un extraño brillo en sus ojos, y con un tinte más calmado y esperanzador en su voz, dijo: - Es nuestra salvación a todo, niño. - ¿Tenemos salvación?- cuestionó el pequeño con incredulidad-. C-Creí que no la habría, y que… que estábamos acabados… - No, mira si la hay- le dijo el anciano, tomándolo del hombro con ese llamativo y espeluznante brillo en su dura mirada-. Te explicaré por qué este dibujo es la coronilla de todos los demás hasta ahora, pequeño. Eso es porque esa es la solución para calmar toda esta catástrofe- reveló, y con su dedo indice señalo al dibujo; a la cruz prendida en llamas-. ¿Puedes ver a la persona que está crucificada?- le preguntó, y Benny forzó la vista para tratar de distinguir entre ese feo garabato n***o lo que el anciano decía. Y aunque, el dibujo no era muy entendible, él pudo ver a la persona que estaba ahí crucificada en la cruz y asintió con la cabeza-. Esa persona. Esa mujer es la causante de toda esta tragedia, niño, y debemos encontrarla cuanto antes y quemarla para que todo recuperé su equilibrio natural. - ¿Q-Quemarla?- titubeó Benny, sin entender lo que ese anciano le había contado-. No… No lo entiendo, anciano. - Esa mujer que ves ahí- dijo seriamente, y volvió a señalar hacia esa persona que se quemaba en la cruz-. Es la causante de todo esto, ella trajo a la isla una maldición. ¡Ella nos maldijo a todos con su brujería, y ahora se está ocultando entre nosotros y debemos encontrarla cuanto antes! ¡Hay qué encontrar a la mujer que practique brujería en la isla, y quemarla en la hoguera! ¡Porque esa bruja debe morir!
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD