El muchacho entonces ahogó un grito y con el crudo espanto en su juvenil rostro se echó para atrás y cerró la puerta fuertemente, con el pánico disparado en todo su cuerpo. Y que lo hizo romper en una crisis nerviosa y salir corriendo del departamento como alma que perseguía el diablo, espantado y perturbado, bajando desesperadamente las escaleras y saliendo del edificio sin saber qué hacer. O, a quien acudir. Porque estaba seguro de que su madre se estaba volviendo un extraño fenómeno, y que no era normal. La calle se había quedado todavía más desierta de lo que por sí ya estaba cuando él salió a la farmacia, así que no se encontró con muchas personas deambulando por ahí. Además, ni siquiera sabía a quién recurrir, y por eso corrió calle abajo, sin saber qué hacer, sintiéndose abruma

