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Un Mundo entre Demonios: Una Rosa para Un Demonio

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Sinopsis.

Ronald es un demonio solitario, un desterrado, un prófugo de la justicia.

Repudiado por cometer una traición imperdonable, su soledad estará a punto de cambiar cuando en sus sueños se ve cautivado por una mujer, sabe que es su enlazada, su amor eterno. Abrumado toma la decisión de buscarla.

Cuando la encuentre se llevará la sorpresa de su vida, su enlazada es una bebé.

Eira primogénita del líder del Clan Zas, una chica que siempre sigue las reglas, ha estado enamorada de Ronald desde que tiene uso de razón, él la ha cuidado desde que era pequeña. Jamás creyó que tener a su enlazado revolucionaría por completo su cuerpo y la cambiaria de una manera impensable.

Querían tocarse, besarse y sí, porque no amarse hasta desvariar.

Pero antes, debían superar los obstáculos en el camino, un enemigo los acechaba, un pasado que les impedía amarse y un futuro incierto. Era hora de demostrar que son lo suficientemente fuertes para vencerlo.

Sus vidas dependían de ello. Y su amor igual.

Prólogo.

Eran sus ojos verdes, me enloquecían, era su boca rosada, me seducían o acaso su cabello rubio, no podía explicarlo, pero ¿Quién no se derretiría ante alguien tan hermoso? No hablaba solamente de su físico sino también de su personalidad. Era un seductor nato, encantador, caballero y me amaba.

-Para esto vivimos, encontrar a nuestros enlazados siempre ha sido nuestro objetivo- dijo sonriéndome, acariciando mi rostro, acercando sus labios a los míos- Y tú eres mi enlazaba.

¿Ustedes recuerdan como se respira? Porque yo no.

- Ronald ¿Qué estás haciendo? - pregunté con mi corazón en la garganta.

- Besarte mi Eira- respondió uniendo sus labios con los míos, robándome el aliento, permitiéndome degustar su boca.

¡Estoy en el paraíso! Y mi paraíso se llama Ronald.

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Capítulo 1.
Capítulo 1. Narra Eira. Entre las brumas del sueño, en donde la imaginación con el subconsciente se entrelazaba, mostrando imágenes vividas de nuestros deseos o pesadillas, me encontraba en el jardín, donde solía pasar todas las tardes, mi afición por las plantas y el aire fresco era evidente. El viento soplaba con fuerza, despeinando mi cabello n***o, el cielo oscurecido anunciaba una tormenta, las nubes se enroscaban entre ellas y los truenos empezaron a trinar sin cesar. Probablemente la ventisca iba a empeorar. La parte trasera de la mansión en la que vivía estaba algo lejana, apenas distinguía sus ladrillos marrones ennegrecidos por las plantas que se enganchaban a la pared. No me importaba resguardarme, parecía como si esperara algo con mucha desesperación. Las ansias corroían mi piel mientras miraba los arbustos recortados en figuras detalladas con flores y al pasar mi mirada a mis manos, en medio de ellas, encontré una flor, específicamente una rosa de color rojo, tan brillante que resaltaba con el color escarlata de las gotas que caían al suelo, gotas de mi sangre, causadas por las espinas del tallo verde. No me queje, ni siquiera sentía dolor alguno. Y cuando la lluvia se manifestó en gotas livianas de agua impactando contra mi cuerpo, mojándome hasta sentir el sabor de ellas en mis labios, visualice al alzar mi vista a alguien a la distancia, caminaba directamente hacia mí, su cuerpo estaba tenso, apenas un palmo de distancia nos separaba. Su olor a lavanda y a menta era atrayente, muy dulce, tan perfecto. Su belleza era casi hipnótica, destacaba por su cabello de color rubio, como el amarrillo de las margaritas y sus ojos de color verde que contrastaba perfectamente con el bosque a plena luz solar. No creía posible que existiera tal criatura, que acelerara mis latidos y me dejara sin palabras. Me había equivocado, ahora sabía la razón de mi ansiedad, lo estaba esperando a él. Conocía a aquel demonio, era mi enlazado. Mi alma eterna y mi compañero predestinado. Su nombre era Ronald, mi protector. Me acerque a él, ofreciéndole la rosa, era una muestra de amor eterno, más allá de la muerte y de todo lo conocido. Así éramos nosotros los demonios salvajes. Estaba fascinada por sus facciones, su manera de reaccionar y sus movimientos sincronizados.  Y justo cuando iba a recibir mi regalo, justo cuando nuestras manos se iban a tocar, desperté. Catorce años antes. Narra Ronald. En el espeso bosque me encontraba, los árboles escondían la vista del cielo con sus hojas gigantes, las flores de colores le daban un toque especial entre tanto color verde y el aroma que desprendían era agradable. Hace días me quedaba en una cabaña de aspecto viejo y abandonado.     Me sentía solo, bastante solo. No tenía opciones, no podía vivir una vida normal, no solamente por ser un demonio-salvaje si no porque era un fugitivo, los protectores, las hadas, incluso los propios demonios me buscaban. Escapar de prisión no fue difícil, pero vivir fuera de ella lo era. Las únicas personas que sabían mi ubicación era mi hermana Nora y Cadmus, la primera me visitaba esporádicamente para no levantar sospechas y el segundo vivía conmigo, era un dolor de muelas. Y aunque me molestara su compañía, a veces me salvaba de querer acabar con mi existencia. No tenía un propósito, la mayoría de mis amigos me odiaban, era repudiado en el Clan Zas por mi traición hacia Azariel, su líder y al que consideré mi mejor amigo hace ocho años mientras en el Clan Raga mi lugar de origen, solo esperaban que fuera su nuevo líder sucediendo a mi padre. No estaba preparado, nunca lo estuve, por eso escapé de mis responsabilidades como demonio felino. Suspiré, restregando mi rostro con frustración, me levanté de las escaleras del porche, entrando a la cabaña, dirigiéndome a mi habitación, no tenía mucho en ella, una cama, una mesita de noche y un armario pequeño. Antes vivía aquí con mi abuela materna, era una mujer ermitaña, ruda y hermosa, amaba a esa mujer, me dejo quedarme con ella y me ayudo a crecer. Escondía este lugar con recelo, un campo protector nos protegía del exterior, razón por la que sabía que era imposible de rastrear. Me acosté en mi cama cerrando mis ojos, dejándome llevar por la comodidad, pronto me quedé dormido en el único lugar en el que podía estar en paz, mis sueños. Estaba en un jardín floreado, rosas de colores como el rojo, el rosado y el blanco me rodeaban, escuche una risa femenina, una silueta delgada se escondía detrás de un árbol, me acerque con diversión, aunque algo confundido al no encontrar nada, hasta que sentí una brisa soplar en mi espalda. -      Me encontraste- susurró rozando sus labios en mi oído. Un escalofrió me recorrió el cuerpo, volteó con rapidez agarrando su mano extendida. Su tacto cálido envió un escalofrío por mi cuerpo. Su rostro era el más hermoso que había visto en mi vida, capaz de deslumbrar hasta al hombre más indiferente en el mundo, sus ojos grises brillaban anormalmente, sonreía mostrando sus colmillos, su olor me parecía irresistible. Su figuraba delicada y sensual me hacía perder mis estribos. Ella era mi enlazada, esa joven chica era mi enlazada. Y era un demonio como yo. Me sentía afortunado, siendo de la misma especie sería muy fácil conseguir su aceptación. -      Ven, sígueme- dijo con voz cantarina, sin soltar mi mano, me llevo a un lugar que ya había visto antes. Era la mansión del Clan Zas, sus cimientos antiguos relucían, dando un aspecto tétrico al lugar, mire a mi enlazada confundido ¿Por qué me había traído hasta aquí? Este sueño era muy extraño, acaso era una advertencia de mi futuro y ¿Por qué lagrimas resbalaban por sus mejillas? mi corazón se oprimió al verla tan triste, desamparada… -      No llores, por favor- suplique acariciando su mejilla con cuidado, temía que se desvaneciera. -      Estoy en peligro, moriré si no me salvas- dijo señalando la mansión con un dedo. Inquieto me acerque a ella- Debes resolver tus problemas, enfrentar tu pasado y salvar tu futuro- recitó con dureza, su semblante estresado mientras rodeaba su cabeza con sus manos, urgida para que le hiciera caso- Moriré si no lo haces, moriré y no habrá nada que lo cambie- admitió derrotada tapándose su rostro con sus manos. La abracé como muestra de apoyo, acaricié su cabello y su rostro con suavidad, mirándonos mutuamente.  -      Voy a ir por tí, lo prometo- juré, uniendo nuestras frentes. Sintiendo el calor de su cuerpo. -      No me olvides Ronald- susurró con voz queda con sus brazos a mi alrededor, alzo su mano y con sus dedos toco mis labios- Sálvame – reiteró con sus ojos aguados por las lágrimas retenidas- Es hora de despertar- mencionó besando mis labios con cariño. Solo ese pequeño toque me hizo el ser más feliz y desgraciado que podía existir, porque sabía que era solo un sueño. Y cuando este se desvaneció hasta ver n***o, me desperté jadeando por aire. Me senté en mi cama sosteniendo mi pecho, sonriendo como idiota, había creído que viviría por mucho tiempo solo y vacío, pero ahora, tenía un propósito, era una chica de hermosos ojos grises. Mi bella enlazada. Me prometí a mí mismo buscarla, si ella estaba en el Clan Zas iría, aunque me adentrara en la boca del lobo. Porque cuando un demonio sueña con su enlazada es que esta cerca de conocerla. Una semana después, acuclillado encima de la rama de un árbol, observaba a los demonios protegiendo la entrada del Clan, el portón con el muro de piedra gris lo protegía del exterior, tenía una insignia grabada en el centro, una serpiente, los seres sobrenaturales verificarían con facilidad el lugar. Mi objetivo era entrar desapercibidamente, pasar a los guardias sería una tarea fácil, al menos que no funcionara la poción de camuflaje que preparo Cadmus para ayudarme. Aunque conociendo sus capacidades con la magia, no debería temer nada. Además, se veía muy emocionado cuando le hable sobre mi sueño, el contrabandista incluso había bromeado diciendo que al fin dejaría mi amargura atrás. Las criaturas sobrenaturales desde tiempo milenarios han tenido premoniciones. Busque la poción en mi bolso, su color morado resaltaba, la destape bebiéndome su contenido de un trago, su textura era chiclosa, el sabor terroso. Luego de unos minutos, tratando de controlar el asco, empecé a sentir mucho calor junto a un ligero dolor de estómago, los efectos secundarios habían empezado, cuando se detuvo mi malestar, me bajé de un salto del árbol, tocando tierra. Me ubique a un lado de los guardias, sostenía mi arma con fuerza, controlando mi respiración y mis pasos, debía ser cauteloso, tal vez no me vieran, pero los demonios tienen sentidos muy agudizados. Un auto llego por el camino de asfalto, era mi oportunidad, el campo protector del Clan, solo se abría con autorización especial, cuando la ventana del conductor se abrió, reconocí un aroma peculiar, Azariel el líder del Clan junto a su esposa Sibila, una humana con una belleza digna de destacar saludaron a los guardias. No podía mentir, tenía tanto tiempo sin ver a mi ex amigo, que me quede paralizado por un momento. Sin embargo, sentí otro aroma, uno especial y dulce, no podía describirlo completamente, pero con el me sentía en casa. Entonces lo supe, ahí en ese auto se encontraba mi enlazada. Desesperado por verla, esperé a que abrieran el portón dejando al auto pasar, recorriendo el camino de asfalto del Clan, estaba seguro que irían directamente a la mansión, así que los seguí. Cuando me alejé de los guardias, corrí libremente entre las calles y las casas de los demonios, hasta llegar a una zona alejada y escondida, el camino hacia la mansión. Al llegar otro portón se alzaba imponente, más seguridad para evitar un intruso con intenciones dañinas, pero yo estuve viviendo tanto tiempo en este lugar, que me conocía todos los trucos, aunque anexaran otros.  Charles vigilaba con la compañía de otro demonio, lo conocía, era astuto, me podría descubrir si no tenía cuidado. Y el auto ya había entrado, dado que probablemente tenían otro campo protector, no podía ingresar con facilidad, a mí me parecería exagerado sino conociera la cantidad de enemigos que tenían los clanes de demonios-salvajes. La seguridad nunca estaba de más. En mi cinturón tenía dardos somníferos, solo debía dispararle en un lugar al descubierto, sin ropa. La mejor opción eran los brazos, agarré con rapidez otra arma de mi cinturón. Apunte a Charles, dando en el blanco, el otro demonio al ver a su amigo desmayarse se precipito a su lado, me dio la suficiente ventaja para dispararle en la nuca. Me apresuré a acomodar a cada uno en la taquilla de vigilancia, dejándolos sentados en las sillas, sabía que las cámaras de seguridad habían grabado sus misteriosos desmayos, pero cuando revisaran, ya no tendrías recuerdos y me habría ido del Clan, utilicé mi don o poder para asegurarme, agarre su mano adentrándome en la memoria de Charles, específicamente en su último recuerdo, borrando que había recibido un dardo somnífero, hice lo mismo con otro. No quedaría nada del rastro, pues los dardos son mágicos. La única manera de utilizan mis dones, era a través del tacto era mi puente de lo contrario sería muy difícil. Luego revisé el bolsillo de su pantalón, encontrando el control remoto del portón. Cuando logré abrir, respiré profundamente, nervioso me dirigí hacia la mansión, los árboles y arbustos de flores precedían el camino, estaba casi igual que hace años, me sentí nostálgico al vislumbrar la entrada y la puerta de madera lustrosa que imponía junto a sus miles de ventanas, entre por una que se encontraba abierta. Al pisar el suelo de mármol, caminé con cuidado, siguiendo el delicioso olor de mi enlazada, el cual estaba totalmente impregnado en el aire, debía vivir aquí. *Tal vez sea una trabajadora de servicio* pensé con lógica. Subí las escaleras, encontrándome con bastantes puertas, persiguiendo su aroma, pude divisar una puerta rosada. Me pareció extraño, debía ser un familiar cercano de Azariel y su esposa, eso complicaría un poco las cosas. Cuando entré a la habitación de color blanco, me detuve asustado, había una cuna con una beba durmiendo, miles de peluches en los sofás y juguetes. *¡No, esto no puede ser! * pensé. Me acerqué lentamente mirándola dormir, era muy bonita. Y era mi futura enlazada, sentí un fuerte impulso de protección, que desvaneció mis dudas, tranquilizándome. Nunca podría rechazarla, siempre estaría para ella. Agarrando su cuerpito con mis brazos, miré como abrió sus ojos grises, se quedó quieta analizándome, era hermosa. La cuidaría, esperaría por ella, la amaba. Incluso a su corta edad ella debía entender que era una persona importante, le di un beso en su frente con cariño, ella se empezó a reír divertida. La dejé en el suelo con sus juguetes, ella se levantó caminando graciosamente, escuché un ruido afuera de la habitación. Y supe que era hora de despedirme de la pequeña. -      Me debo ir preciosa- Avisé al verla sentarse jugando con sus peluches, incluso había logrado decir algunas palabras en mi presencia. Tenía confianza en mí, me miro con sus ojitos brillantes, la sostuve nuevamente dejándola en la cuna. Le hice una seña con mi mano de despedida. -      Adiós- se despidió la pequeña moviendo su manita. Sonreí contento, bese su mejilla y ella me regreso el beso en mi nariz. *Atesoraría este recuerdo por siempre* pensé con ternura. Me dirigí a la ventana ubicada enfrente con un marco de color blanco. La abrí con rapidez, saltando sin pensarlo dos veces al llegar a tierra firme, miré hacia arriba ocultándome en los arbustos, escuché a Sibila la madre de mi enlazada hablarle con dulzura. -      Juraba haber cerrado la ventana- comentó confusa, aplicando el cerrojo- ¿Dormiste bien mi hermosa Eira? – preguntó de manera maternal, una de las ventajas de los demonios era escuchar a largas distancias. Ahora sabía el nombre de mi enlazada, Eira. Y aunque fuera hija de Azariel, no me alejaría de su lado por nada del mundo. Ni siquiera sabía que él era padre.  Salir del Clan Zas fue algo sumamente fácil, solo tuve que beber otra poción de invisibilidad y andar con cuidado, ya que habían alertado sobre los misteriosos desmayos de Charles y su compañero. Llegué a casa feliz, la sonrisa en mi cara no desaparecía, me dirigí a la cocina a hacerme un emparedado, Cadmus estaba sentado en la silla de la encimera con un computador, parecía concentrado. -      ¿Y cómo te fue Ronald? ¿Lograste encontrar a tu enlazada? No veo que la hayas traído- Preguntaba curioso el hada, saque varias rebanadas de pan, jamón y queso, preparándome un sándwich. -      La encontré, se llama Eira- respondí con simpleza. Hacia todo mecánicamente, mi mente se quedó allá con mi enlazada. -       Eira bonito nombre- aceptó Cadmus dejando a un lado su computador. -      Pero hay un pequeño problema, es hija de Azariel- confesé bebiendo zumo de naranja, él me miro sorprendido. -      Eso es imposible, Azariel solo tiene una hija pequeña…- se detuvo asombrado- ¡No puede ser! ¡Ella es tu enlazada! -      Así es- acepte sonriendo. -      No es muy joven para tí- cuestionó divertido. -      No seas idiota, esperare a que crezca- dije comiendo, revoloteando mis ojos. Él se reía a carcajadas estruendosas. *Exagerado* pensé. -      Pareces muy relajado, la mayoría de los demonios enloquecen cuando encuentran a su enlazada- dijo cruzándose de brazos. -      No la voy a secuestrar, es una niña, necesita de sus padres, cuando cumpla la mayoría de edad, me acercaré a ella- dije frunciendo mis cejas. Cadmus tenía razón, cuando un demonio encontraba a su enlazada, siendo de diferentes especies, la secuestraban hasta que el enlace se fortaleciera. Cosa común, decían la mayoría. Mi situación era distinta, lo único que debía hacer era esperar a mi Eira, cuando creciera convirtiéndose en una bella mujer podríamos estar juntos, somos de la misma especie, ella sentirá nuestra conexión. Lo hizo hoy, me miro con una sonrisa y no se quejó de mi compañía, aun cuando era un completo extraño. -      Te apoyó en lo que decidas Ronald- dijo mientras se levantaba de su asiento, agarrando su computadora- Ahora necesito de tu ayuda, es hora de entregar pociones- avisó dándome una palmaba en mi espalda, lo miré con fastidio. Somos contrabandistas, vendíamos pociones de forma ilegal, no estaba muy orgulloso de eso, pero no podía quejarme, era nuestra forma de sobrevivir, ahora que soy un prófugo, mis cuentas, mi dinero estaba congelado, retenido hasta nuevo aviso. Aunque la última vez, no nos fue muy bien con las entregas, tuvimos que pelear contra vampiros que no querían pagarnos. Le quitamos el dinero al líder de ese Clan, además de no dejarles las pociones. Digamos que mi número de enemigos ha aumentado por eso. En mi justificación los vampiros son tramposo y avaros, no me sorprendería que fueran tan ricos si estafan a la gente. -      Iré por las armas - avisé terminando mi bebida. Salimos de la cabaña por la parte de atrás, había un garaje que se utilizaba como laboratorio de Cadmus y guarnición. En mi cinturón coloque mi arma, tranquilizantes y balas, además de llevar una escopeta, uno nunca sabe cuándo las cosas se iban a poner difíciles. -      ¿Listo? - preguntó Cadmus, llevando consigo un maletín plateado, asentí en su dirección pasándole sus armas. Nos dirigimos al carro todoterreno, como conductor me asegure de llegar lo más rápido posible a la ciudad. Debíamos mantener un perfil bajo, los humanos no deben sospechar de nosotros y de nuestra especie. Una media hora después ya habíamos llegado a nuestro destino, esperábamos a los compradores mientras charlábamos. -      ¿Vas a seguir visitando el Clan Zas? - preguntó Cadmus, revolviendo su cabello blanco, las hadas mayormente eran rubios, pero él era la excepción. -      Sí, debo cuidar de Eira- respondí sonriendo. Sabía que estaría protegida por Azariel y Sibila, pero quería estar con ella, verla crecer, aunque sea de lejos. Entre las sombras. -      ¿Alguien pudo haber sospechado de tu entrada en el Clan? - preguntó con seriedad. -      Probablemente, tuve que utilizar los dardos tranquilizantes en la entrada de la mansión- respondí con una mueca. -        Las cámaras- señaló con inteligencia, sus ojos azules pendiente de los alrededores. -      Logré tener el control remoto del portón y con anterioridad había bebido la poción de invisibilidad, además borré los recuerdos de los demonios involucrados- dije preparándome al ver unas camionetas estacionar cerca. Cadmus era uno de los pocos que sabían sobre mi don. -        Es arriesgado de todas formas- dijo negando con la cabeza- ¿No tienes un objeto que haya pertenecido a esa mansión o de alguien de ahí? - inquirió tomando el maletín de los asientos traseros del carro. Lo miré extrañado. -      Sí, pero no entiendo de que serviría… -      Puedo hacer portales, pero para saber el destino, necesito un objeto de ese lugar en específico o de una persona que viva allí- explicó interrumpiéndome- Ahora sígueme, necesitamos hacer este trato- ordenó bajando del auto, dejando el tema a un lado para concentrarnos en el trabajo al parecer el comprador ya había ingresado al bar. Entramos al local, apenas iluminado por luces tenues, las mesas se ubicaban en el lado izquierdo, las personas adineradas festejaban ordenando en la barra que estaba a la derecha, la pista de baile era espaciosa y la tarima estaba enfrente, no me distraje ni un momento, pronto ingresamos a la zona vip. -      Señores, me alegra verlos- saludo un hombre mayor, sus canas lo evidenciaban, llevaba un traje y tenía varios guardaespaldas custodiándolo. -      A mi igual Señor Robert- saludó Cadmus. Nos sentamos en unos sofás, luego de haber estrechado manos con el susodicho. Me di cuenta de que todos eran hombres lobo, su olor y su musculatura los delataban. Además de sus ojos amarillos, característica que demostraba que pertenecían a la misma manada. -      Hemos traído tu encargo- dijo Cadmus con seriedad, deslizó el maletín en una mesa de vidrio que estaba enfrente de nosotros. -      Por supuesto- dijo mientras uno de sus trabajadores lo recogía- ¿No van a quedarse a tomar un trago? - Preguntó entregándonos otro maletín con nuestro dinero, revisé y le asentí hacia Cadmus. -      Sabes que no puedo, el trabajo llama- respondió sonriendo animado. -      ¡Lo suponía, siempre tan juicioso Señor Cadmus! - exclamó riendo. No paso mucho tiempo, cuando estábamos de nuevo en el auto, dirigiéndonos a casa, el trato se había hecho con mucha facilidad, estábamos contentos. Este día había sido increíble. Al menos eso pensaba hasta ver algo extraño por el espejo retrovisor. -      Nos están siguiendo- Avisé mientras colocaba mi pie en el acelerador. -      Deben ser los vampiros ¡Estúpido Wilson! - insultó a su líder. Detuve el auto frenéticamente antes de chocar contra otro. Estábamos rodeados, habían esperado a que saliéramos de la ciudad a propósito, no querían testigos, iban con intención de matarnos. -      ¿Qué hacemos? – preguntó el hada, lo miré sonriendo. -       Tú que crees- le respondí bajando del auto. Cadmus gimió cansado. Agarraba mi arma con fuerza, conté a siete vampiros. -      El señor los quiere vivos- comentó uno de ellos. *Ilusos* pensé negando con mi cabeza. Es hora de terminar con ellos.

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