Mientras reflexionaba, Juan observó que Mónica no se había movido un ápice de su posición, ni siquiera se había atrevido a levantar la mirada; una vez más, Juan escuchó una vocecita interior que, primero débilmente, pero afianzándose por momentos, le decía que se arriesgase, que no tenía nada que perder, y que aprovechase la oportunidad aceptando la increíble pero tentadora oportunidad que se le acababa de presentar. Finalmente, Juan tomó una decisión y se dispuso a comunicársela a Mónica: - Bueno, Mónica, me has convencido, así que acepto asumir la propiedad de tu persona, y tomar el control sobre tu vida, por lo que, a partir de este momento, me convierto en tu dueño. - Ahora, ponte de pié, desnúdate y quédate así mientras te hago algunas preguntas más, luego te haré un examen físico,

