AMAYA El mar de noche tiene algo que te vacía por dentro. Te arranca el ruido del mundo, te deja sola con tus pensamientos. Me quedé así, abrazada a Zayn en la playa, sintiendo su pecho subir y bajar lentamente, con el olor salado y la brisa acariciándonos la piel. Su abrazo me sostenía como si pudiera evitar que me rompiera más de lo que ya estaba. Entonces, Zayn bajó la mirada y notó mis ojos húmedos. —¿Lloraste? —preguntó con voz suave, rozando mi mejilla con sus nudillos. Negué, tragando el nudo que se me formaba en la garganta. No quería hablar. Solo estar ahí, en su abrazo. —¿Fue porque fui un idiota? —insistió. Negué otra vez, sin apartarme. Zayn me miró por unos segundos con esa intensidad suya que todo lo ve. Y luego, simplemente me besó. Sus labios encontraron los míos con

