Ella se acercó, apoyando su cabeza en mi hombro. La rodeé con el brazo, y juntos nos quedamos ahí, en silencio, mientras el cielo oscurecía poco a poco. El miedo seguía ahí, presente como un espectro en medio de los dos. Pero también estaba la certeza: no íbamos a rendirnos. No mientras siguiéramos sintiendo esto. No mientras yo siguiera mirándola como si fuera todo mi mundo. Y ella... me mirara igual. AMAYA Esa noche, todo cambió. No sé qué fue peor: que mi padre me corriera... o que, después de una discusión llena de gritos, humillaciones y reproches, me castigara de la forma más absurda y cruel que podía imaginar. Quitó la puerta de mi habitación. Sí. Literalmente la quitó de sus bisagras. La de Zayn también. Como si eso fuera suficiente para evitar que estuviéramos juntos. Como

