ZAYN No podía dormir. Era como tener un enjambre de cuchillas girando en mi pecho. Me levanté, caminé en círculos por mi cuarto sin puerta, y solo tenía una necesidad: verla. Asegurarme de que estuviera bien. Sentir su voz. Su olor. Saber que no estaba rota por lo que había pasado. Así que fui al cuarto de Amaya. Pero no estaba. La cama estaba vacía. Fría. Las sábanas perfectamente estiradas. Ni rastro de su aroma. Ni un cojín fuera de lugar. Ni su celular cargando, ni su suéter favorito tirado. Nada. El corazón me dio un salto. Fui con Elías. Dormía profundo, con los audífonos puestos. No estaba con él. Bajé al estudio. No estaba. Fui a la oficina de Victoria. Tampoco. A la de Leonardo. Vacía. Entonces la sangre se me heló. Le marqué al celular. Una vez. Dos. Tres. Nada.

