ZAYN Amaya dormía sobre mi pecho, y por primera vez en semanas sentí que el peso en mi cuerpo no era solo mío. Tenía su respiración tibia marcando un ritmo que me calmaba, como si cada exhalación suya me dijera que todavía estábamos aquí… juntos… a pesar de todo. No cerré los ojos. No podía. Me quedé mirando el techo, repasando en silencio lo que había pasado, lo que habíamos dicho… y lo que aún faltaba por decir. Esta vez no podía seguir reaccionando como un imbécil con impulsos. No podía esconderme detrás de “así soy yo” o del miedo. Si de verdad quería que ella se quedara, tenía que hacer las cosas bien. Tenía que hablar con Leonardo. El tipo no podía condenarla por amarme. No podía reducirla a un error por una noche en la que, sí, cometimos una falta de respeto brutal: tener sex

