—Puede ser nuestro boleto de salida... —dijo Dalia, con un brillo de ambición en sus ojos—. Una de nosotras debe poseerla y tomar su cuerpo para buscar a esa hada. Belladonna y Begonia, las otras dos brujas, asintieron con fervor. La posibilidad de escapar de su encierro era una tentación demasiado grande como para resistirse. Sabían que necesitaban a Adelina, una hada única y especial, cuya sangre era la clave para romper las cadenas mágicas que las mantenían prisioneras. Adelina no era una reina, pero sí una hada y la única de su especie. Su poder era inigualable, y su desaparición había sido buscada por muchos. Las brujas sabían que con ella podrían liberarse y recuperar su lugar en el mundo, ya no más como prisioneras, sino como poderosas hechiceras por el momento. El plan era simpl

