No dejé que mi mente se interpusiera. Mi cuerpo ya había tomado la decisión, y antes de que pudiera arrepentirme, salí de la habitación, con pasos suaves pero rápidos. Miré a mi alrededor, asegurándome de que no hubiese nadie que pudiera detenerme, y me dirigí hacia esa parte del castillo que, de alguna manera, siempre me había atraído. Un rincón olvidado, donde el sol jamás penetraba y donde, incluso en los días más brillantes, la oscuridad reinaba. Cada paso me acercaba más a ese lugar, y con cada centímetro, sentía que algo dentro de mí se despertaba. Dominie... ¿Podría él estar allí? ¿Había algo, en algún lugar de su alma, que aún respondiera a mi presencia? Mi corazón latía con fuerza. El frío del castillo me calaba los huesos, pero no me importaba. Necesitaba saber. Necesitaba ver

