El comienzo de un triste final.

1533 Words
La madre de Eddy, carolina, fue absorbida, por un poderoso agujero n***o que literalmente absolvió la fábrica entera de periódicos y sus alrededores… llevándose todo rastro de Victoria, Carroñero y Figgy… tres monstruos muy poderosos… Todos murieron, todos… se fueron incluso carolina, dejando a Eddy, solo y huérfano… Nopo… ¿es enserio? ¿así acaba la historia de carolina? Que autor tan culero, ósea… no, me encariñe con carolina y este pendejo la mata de una forma increíble, un agujero n***o, villanos super poderosos, ¿Qué le pasa este autor? En fin… Eddy no fue el único que se quedó impactado ante la noticia de su madre, ya que literalmente, todo el mundo supo de la noticia de que una simple y gigantesca fabrica, desapareció dejando solo un gigantesco cráter, todos los empleados, policías y demás, desaparecieron y no hubo rastro ni pista de lo que sucedió… después, Eddy se percató que el cuaderno n***o que su madre había tomado de la mansión de Waldo, desapareció repentinamente… nadie supo la verdad, para el mundo fue un misterio lo que sucedió en la fábrica, policías y empleados, todos desaparecieron y jamás volvieron con sus familias, incluyendo a carolina que dejo solo a un pequeño niño… que sería acogido por la amiga y vecina de su madre… ¿eso es todo? ¡Ese es el final! Han… que porquería, yo quería saber más… mierda, me iré a mi camerino a tomar café… que alguien más narre esa porquería de historia. FINAL DEL NARRADOR. INICIO DE NARRACIÓN EN PRIMERA PERSONA. ¿Qué? En donde esta ese narrador malnacido, ¿no me inventes que se fue a su camerino? El hijo de perra de seguro se fue a drogar como siempre, puto viejo, ¿y ahora quien narrara mi historia? ¿Qué? ¿Cómo que yo? no hay tanto presupuesto para eso, digo, mi autor de seguro ya está debajo de un puente… mierda… ya que… Hola, yo soy Eddy, tengo 27 años, soy un chico patético, sin un futuro muy prometedor, me escapé de la casa de la vecina que me acogió por tantos años después de la extraña muerte de mi madre cuando solo tenía ocho años, me mudé a “Ciudad mecha” con la esperanza de empezar un sueño, mi sueño era ser un gran caricaturista y trabajar de eso, pero como la realidad es culera e hija de puta, pues… terminé trabajando medio tiempo en una simple gasolinera. — Bienvenidos, ¿Qué desean comprar? Si, en efecto, ese soy yo, el tipo de uniforme amarillo con gorra amarilla, lo bueno de ser un cajero y atender una gasolinera, es que los chicles son gratis, bueno… eso digo yo. En fin, mi vida no fue muy buena, y cuando se es un chico patético sin amigos ni novia, la vida es mucho peor, al menos no vivó debajo de un puente, si no más bien vivó en un departamento pequeño con dos meses de rentas atrasadas; Sip, la vida de un super hombre. Y en una mañana en la que estaba durmiendo placenteramente en mi habitación toda desordenada, una “linda visita” toca a mi puerta. “RONCAR” — ¡Eddy abre la puerta perdedor! — grita una anciana al golpear mi puerta con fuerza. — ¡quien es! — pregunté al ser despertado de repente. — Abre la puerta… — Mierda… espero que no sea la casera, no tengo el dinero de las rentas atrasadas, bueno, que sea lo que dios quiera… Abro la puerta lentamente y cuando lo hago, la vieja casera me toma de la oreja izquierda, regañándome por no cumplir con la renta de este mes. — ¡ Ayyy! — Otra vez olvidaste pagarme la maldita renta, más vale que me pagues o te juró que tomare todas tus cosas y las tiraré a la calle… — Ay… uch, señora… tranquila, dudo mucho que una anciana decrepita pueda levantar un sofá degastado, una cama y otras cosas… — reproché. — ¡No me digas vieja! Solo tengo 68 estúpido… — Wow, que carácter, se nota que le hace falta que un anciano le toque la campana. — respondí en broma. La anciana molesta por mi contestación tan vulgar, toma su bastón y me golpea justo en la entrepierna, dañando mis huevos de forma increíblemente dolorosa. — AHHH! HIJA DE… — grite al retorcerme de dolor. — Parece que fui yo quien te tocó la campana niño. — dice la casera con sarcasmo. — Sip… buena jugada vieja, voy por mi dinero… — contesté derrotado. Se supone que el dinero debe ser usado con sabiduría, pero, al ganar tan poco como cajero en una gasolinera, apenas podía pagar la renta, y no podía gastar en otras cosas. — Aquí tienes anciana, lo de este mes y el mes pasado… — dije al entregarle todo mi dinero a la señora que me golpeo los huevos como estrella porno. — Aquí falta algo de dinero Eddy. — reprocho la anciana al contar el dinero. — Si, este… tenía que comprar algunas cosas, perdón… — dije incomodado y arrepentido. La anciana suspira y me da una fuerte palmada en mi hombro. — ¿Cómo estas, aun tienes depresión? Ya te dije que dejaras esas drogas. — dice la anciana preocupada. — Las dejé, solo… que, bueno… ya sabes. — respondí algo deprimido. — ¿Las pesadillas? — contesta la casera. — Si… — Eddy, necesitas salir más, necesitas algo de diversión, ve a un club nocturno o un club de jazz… no sé, lo que hagan los jóvenes de hoy en día y diviértete. — Gracias doña, una duda… ¿su nieta aun esta soltera… porque está más buena que. La anciana me golpea con su bastón y se marcha molesta por decirle eso. — ¡Si te acercas a mi nieta, le diré a mi hijo que te corte el p**o! más vale que me pagues las malditas rentas atrasadas mocoso pendejo… La anciana, digo la casera, era una señora muy complicada, una señora ruda como luchador estadounidense, pero, que al final, era una buena mujer… gracias a ella, puedo pagar un hogar en esta increíble ciudad, y conociendo la suerte que siempre he tenido, ya nada podría sorprender me hoy… Suena la alarma de mi teléfono… — Mierda… ya es muy tarde, debó trabajar. O eso creía. Después de correr por toda la ciudad, tomar tres autobuses y parar para comer un hotdog, al fin llego a la gasolinera donde empleo, claro, 40 minutos tarde, algo que mi jefe me perdona fácilmente. — ¡Eddy! — Jefe… perdón, llegué un par de minutos tarde, no volverá a pasar. — dije apenado. — Llegas cuarenta minutos tarde, te descontaré el día por lento e irresponsable. — me regaña mi jefe. — Chale… pues para eso me hubiera reportado enfermo… — dije decepcionado. — Aja, ahora ve a lavar los baños… — me ordena mi patrón al darme una trapera y un cubo con agua. — Aagggg… está bien… Limpiar baños, atender a los clientes, surtir mercancías, vender, limpiar, cargar cajas pesadas, sacar la basura y sufrir malos tratos por parte de algunos clientes molesto, definitivamente es la vida que todo hombre se merece, digo… ni que quisiera ser un gran caricaturista, conseguir chicas, comprar autos caros y tener propiedades en el extranjero… nah… ¿Quién quiere eso, si puedes ser un jodido encargado de una puta gasolinera? La vida es bastante, mala, lo digo enserio, yo tampoco soy una mala persona, ¿entonces porque tengo que soportar esta vida de mierda? ¿Qué hice mal en mi vida? ¿Por qué para los demás la vida es más fácil? Los chicos de hoy en día, logran sus sueños y si no lo hacen, logran obtener cosas mucho mejores que las que yo tengo… amigos, amor, felicidad, tranquilidad… etc.… bueno, no vale la pena quejarme por mi destino, lo importante aquí, es… — Jefe… se acabaron las papas fritas… — ¿Qué? Imposible… rayos, llamaré al camión de papas, mientras tanto, ve a limpiar las ventanas. — me ordena mi jefe. — Como digas… Hay cosas que son agradable en la vida, limpiar ventanas, no lo son para nada. — Ratas… odio limpiar ventanas, ¿Quién las invento? — me quejaba mientras limpiaba las ventanas. Y de repente, una linda, sexy y muy atractiva chica se me acerca por la espalda, una verdadera sorpresa. — Disculpa… ¿me puedes prestar el sanitario? — dice la sexy chica. — Wow… te presto hasta mi pantalón… — dije al pensar en voz alta. — ¿Qué? — Nada… eh… claro, puedes usar el baño, solo cierra la puerta al terminar… — contesté al darle la llave. — Gracias… La linda chica se marcha al baño de la tienda, y yo, pues quedo hechizado por su belleza, es más, por ella, me puse nervioso, a tal punto que no sabía qué hacer. — ¿Qué hago? ¿la invito a cenar? ¿le doy mi número? ¿le pido sexo casual? — me preguntaba. Me puse nervioso, no era precisamente un don juan, pero no perdía nada al intentar coquetear con ella, hasta que.
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