Para llegar a donde estoy.
Jordano
Para llegar a donde hoy estoy, tuve que abandonar mis sentimientos, poner en primer lugar la seguridad y el bienestar de las personas que amo, con tan solo diecisiete años me hice cargo de la mafia más poderosa de Italia, la cual durante muchos años había estado a cargo de los antecesores de mi padre. Entrenar duro, matar, aislarme, todas esas cosas fueron secando mi corazón, ver sufrir a las personas malas se volvió un fetiche raro, estar sucio de sangre y saber que habría una persona mala menos me daba satisfacción...
Mi padre Yurik Lombardo era un hombre temido, violento, frío, hasta que conoció a mi madre, Isabella, siendo un mafioso enamorado dejó entrever a sus enemigos sus puntos débiles, lo que causó la baja de muchos de sus hombres, por proteger al amor de su vida, mi madre, quien llevaba en su vientre la vida de mi hermano, Matías. Soy el hermano mayor y solo por eso llegado el momento reclame lo que por derecho me pertenecía, el legado de mi padre y de todos los anteriores a él.
Cuando mi padre era el líder, puesto heredado por mi abuelo, hizo un gran esfuerzo por mantener la organización a flote y llevarla a un mejor estado, haciendo unos cambios por hay y por allá, cuando decidió que quería una vida sin riesgos para su familia, todo se complico y aunque nunca salió totalmente de ese mundo, pues, nunca nadie se libera realmente de la mafia, se mantuvo lo más alejado posible. Durante más de 10 años vivimos en paz, hasta qué sucedió lo del secuestro, ese fue el episodio que marcó mi vida y el que me llevó a querer despellejar a todos los enemigos de mi padre y para eso, debía ocupar el puesto que él un día tuvo.
Saliendo de la escuela un día que parecía tranquilo, me secuestraron a mi y a otros chicos de diferente escuela, fue un acontecimiento muy sonado en toda Italia, hijos de políticos, empresarios poderosos y por supuesto mafiosos, fueron secuestrados ese día, estuvimos por casi un mes en cautiverio, solo con agua y comida de mierda.
Conocí a uno de mis mejores amigos y hoy en día un aliado muy importante de mi organización, Leonardo Conti. Hijo de un empresario poderoso, ambos sufrimos en la mierda que nos tocó, en mano de esos miserables secuestradores.
Luego del secuestro nos separamos y un tiempo después convencí a mi padre de entrenarme, quería poder defenderme, sentirme útil, insistí tanto en el asunto que hasta huelga de hambre hice, mi padre estaba renuente a dejarme adentrar en ese mundo pero, termino por ceder al temer otra vez por nuestra seguridad.
Dos semanas después de estar entrenando, me las ingenie para ir en busca de Leonardo, mientras estuvimos juntos nos ayudamos mutuamente y hablamos de aprender a defendernos, yo le conté parte de mi historia y en vez de rechazarme por ser el hijo de un mafioso, se quedó conmigo y me apoyó.
Ambos teníamos claro que proteger a nuestra familia era vital, no queríamos que el infierno que pasamos durante ese tiempo, algún otro m*****o de nuestra familia lo viviera o peor aun, que no sobreviviera para contarlo.
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13 años después, mansión Lombardo.
Hoy es el cumpleaños de mi madre Isabella, como todo los años procura por reunir a la familia y a los miembros más allegados, los cumpleaños de mi madre son muy divertidos y especiales, ella se encarga de cada detalle, incluso la comida la prepara ella misma, ama atendernos y como buena anfitriona hace lo mejor para que sus invitados se sientan a gusto.
Llegue temprano a casa de mis padres, vivo en una casa a las afuera de la ciudad, mi mansión está alejada, es mi fortaleza, equipada con todo, un arsenal, sala de operaciones, sala de monitoreo, desde donde se puede ver toda la casa y hacer cualquier cosa referente a tecnología, un gimnasio tan grande como un campo de fútbol, mis hombres entrenan a diario y los nuevos reclutas igual, un campo de tiro, estacionamiento subterráneo y más, es todo un espectáculo, la mande a construir luego de tomar el poder, tenía una visión diferente de las cosas, así que diseñé mi propio comando.
Visito muy poco a mis padres, con tantos enemigos, prefiero estar alejado, amo la paz que me trasmite estar en mi casa.
— Mi amor, ¿aun no estas listo?, ven te ayudo. — Mi madre entra a mi habitación sin tocar, cosa que odio pero, no le digo nada, a ella nadie puede decirle.
— Puedo hacerlo solo madre. — Digamos que no puedo decir pero, mi tono de voz y cara refleja todo lo que quiero expresar, aunque a ella le da igual.
— Pues, apresúrate, hoy vendrá toda la familia Conti. Estoy tan emocionada por recibirlos, son nuestros amigos hace muchos años. — La familia de mi mejor amigo y compañero de cautiverio, desde entonces nuestras familias son inseparables.
— En un momento más bajo, haré unas llamadas antes. — La vi hacer una mueca por el rabillo del ojo, yo estaba frente al espejo, terminando de abotonar mi camisa.
— No se por que eres tan serio, hijo deberías vivir la vida, divertirte, buscar una novia... — Hay vamos de nuevo, mi madre ama criticarme, no se para que me invita si sabe comí soy.
— Madre por favor no vallas por hay. — Serio, aún más que antes le digo eso.
— Eres insoportable, igual a tu padre, te veo abajo, voy por tu hermano. — Sale de la habitación por fin dejándome con la soledad que tanto adoro. Respiro cansado cuando ya mi madre se ha ido, ella siempre queriendo que yo consiga una mujer como que esa es la solución a todos mis males, una mujer solo seria un problema más del que ocuparme, además, aun no consigo a la primera que me deslumbre o me robe el aliento, niego con la cabeza y salgo de la habitación dejando atrás esos pensamientos. Me niego a enamorarme, no sabía yo cuan equivocado estaba y la mujer de mi vida estaba a solo unos pasos de distancia, a solo unos segundos.
Al llegar a las escaleras, me sentí un poco nervioso, no hice caso a mis estúpidos sentimientos y baje a paso firme, fui saludando a unas cuantas personas en el camino, buscando con la mirada a mis padres o hermanos.
— Hola guapo. Mamá me dijo que te llevara a su mesa. Vamos — Esa era mi hermana menor siendo muy obediente a los pedidos de mi madre, Cristine, Matias y mi madre eran igual de extrovertidos, mi padre y yo, igual de serios y amargados. La tomé por el brazo y camine junto a ella.
No fue hasta que llegamos a la mesa de mis padres que mis ojos se posaron en una linda rubia de cabellos dorados, ojos verdes, tan verdes como una esmeralda, una piel blanca como la nieve, unos labios rojos e hinchados, unos pec... Jodidamente perfecta.