2. El único camino que tengo.

1802 Words
Las palabras están atrapadas en mi garganta, atascadas como una espina que no puedo sacar. Miro a David y veo en sus ojos un abismo de dolor, de traición. Pero también hay algo más ahí, algo que me hace sentir aun más culpable, veo que todavía hay amor en él. Me esfuerzo por respirar, por juntar el coraje necesario para soltar lo que lleva semanas, quizás meses, comiéndome por dentro. —David… —mi voz es un susurro, tan frágil que apenas me reconozco—. Tienes razón. Te he estado ocultando algo. Él no dice nada, pero su mandíbula se tensa. Se cruza de brazos, como si estuviera preparándose para un golpe que ya sabe que vendrá. Duele verlo así, pero no puedo seguir escondiéndome. Ya no. —He estado viéndome con Carter —admito, y siento el peso de esas palabras caer entre nosotros como una bomba—. No quería que te enteraras así, pero… supongo que eso.. ya no importa. Su rostro se endurece, y algo en mí se rompe al verlo así. Pero no puedo parar. Necesito ser honesta, aunque sea una vez en todo este desastre que he creado. —¿Por qué, Ada? ¿Por qué él? —su voz tiembla, y me doy cuenta de que es la primera vez que lo oigo tan vulnerable. Trago saliva. Mis manos están heladas, y me las froto como si pudiera encender una chispa de valentía en mí. —Porque nuestra relación... ya no es lo que era—digo, finalmente dejando que toda la verdad salga a la luz—. Ya no hay pasión. No hay emoción. Es como si hubiéramos caído en una rutina que no puedo soportar más. Siento que vivo con un extraño… contigo. El dolor en su rostro se convierte en algo más profundo, algo que me asusta. Pero sigo adelante. —Con Carter… todo es diferente. Me hace sentir viva de nuevo. Me recuerda quién soy, quién solía ser antes de que todo se volviera tan… vacío. Pero eso no significa que no te ame. Porque lo hago, David. Te sigo amando, de alguna manera que ni yo misma entiendo. David pasa una mano por su cara, como si estuviera tratando de borrarse a sí mismo del momento. Cierra los ojos y los abre de nuevo, mirándome como si tratara de decidir si todo esto es real o un mal sueño del que puede despertar. —Ada, ¿qué estás diciendo? —su voz es un hilo, y sus ojos ya no son fríos, sino tristes—. ¿Que me amas pero que amas a otro hombre al mismo tiempo? ¿Cómo esperas que entienda eso? —No espero que lo entiendas —respondo, sintiendo mis ojos llenarse de lágrimas—. Ni yo misma lo entiendo del todo. Solo sé que en algún punto te perdí y me perdí a mí misma también. Con Carter encontré algo que creí que estaba muerto en mí. Pero eso no significa que lo nuestro no importe. David me mira fijamente, sus labios apretados en una línea tensa. Hay un silencio largo, pesado, cargado de preguntas y resentimientos no dichos. Luego suelta un suspiro, uno que parece sacar el alma de su cuerpo. —Entonces, ¿qué sugieres, Ada? ¿Quieres el divorcio? —pregunta, y siento que cada palabra suya es un cuchillo atravesándome. —No lo sé. Tal vez. Si es lo que quieres, lo entenderé. No quiero obligarte a seguir en esto… si no hay nada que salvar. Pero también quiero ser honesta contigo. No quiero seguir mintiéndote. Porque aunque te he fallado, no quiero perderlo todo. David se queda callado, y yo lo veo debatirse en sus propios pensamientos. Es como si estuviera intentando decidir si lo que teníamos puede ser reparado o si el daño es demasiado profundo. Yo lo amo, de una manera que no puedo negar. Pero no sé si ese amor es suficiente. Y esa es la realidad más dolorosa de todas. Finalmente, David se pone de pie y se acerca a mí, quedándose a pocos pasos. Su mirada ya no está llena de rabia, sino de algo más oscuro y doloroso: decepción. —Necesito tiempo para pensar —dice al fin, con la voz baja—. Esto… esto no es algo que pueda decidir ahora. Asiento, incapaz de hablar. Mis lágrimas comienzan a caer, y él se da la vuelta, caminando hacia el estudio, cerrando la puerta tras de sí. Y me quedo allí, sola en el salón, sintiendo que el mundo que conocía se desmorona a mi alrededor. La casa está en completo silencio, pero dentro de mí, hay una tormenta rugiendo, destrozando todo a su paso. No sé si David alguna vez podrá perdonarme, ni siquiera sé si yo misma podré hacerlo. Pero, por primera vez en mucho tiempo, al menos he dicho la verdad. Y en este momento, eso tiene que ser suficiente. El silencio de la casa pesa como una manta de plomo sobre mis hombros. Me quedo de pie, quieta en el salón, escuchando los pasos de David desaparecer tras la puerta del estudio. No sé cuánto tiempo pasa, pero finalmente escucho su voz, llamándome desde dentro. Suena más tranquila, como si hubiera decidido algo. Me acerco despacio, cada paso es una mezcla de miedo y esperanza. Abro la puerta del estudio y lo veo sentado en su escritorio, con los codos apoyados y las manos entrelazadas. Su expresión es seria, pero ya no es la de un hombre que quiere huir. Es la de alguien que está dispuesto a luchar. —Ada —empieza, con voz firme pero más suave—, no quiero perderte. Mis ojos se llenan de lágrimas de nuevo, pero esta vez por una razón diferente. Me toma por sorpresa; esperaba gritos, reproches, cualquier cosa menos esto. —No puedo imaginar mi vida sin ti —continúa—. Sé que he cometido errores. Quizás he estado demasiado centrado en el trabajo, en mi mundo, y no he visto lo que te hacía falta. Pero podemos arreglarlo. Puedo arreglarlo. —David... —susurro, pero él levanta una mano, deteniéndome. —Escúchame, por favor. —Se inclina hacia adelante, con una intensidad que no le veía en años—. Estoy dispuesto a olvidar todo esto. A empezar de nuevo, como si nada hubiera pasado. Pero necesito que termines con Carter. Necesito que elijas nuestro matrimonio, que elijas seguir conmigo. Cada palabra suya me perfora el pecho, y siento cómo mi corazón se encoge. Por un segundo, quiero decir que sí. Que estoy dispuesta a dejar atrás todo el caos que he creado, que podemos intentar volver a ser los de antes. Pero en el fondo sé que eso es imposible. —No es tan simple —respondo, sintiendo cómo la voz me tiembla—. No es solo "olvidarlo". No puedo apagar lo que siento por Carter, así como tampoco puedo apagar lo que siento por ti. Esto... esto no es algo que se arregle solo con decidir seguir adelante. No puedo mentirme a mí misma, y tampoco a ti. Él frunce el ceño, su expresión se endurece un poco. —Entonces, ¿prefieres quedarte con él? —pregunta, con un dolor que le quiebra la voz—. ¿Prefieres destruir todo lo que hemos construido por un capricho, por una emoción pasajera? —No es pasajero, David. —Mis palabras salen más duras de lo que pretendía—. Lo que siento por Carter no es algo superficial. Me devuelve una parte de mí que creí perdida. Pero eso no significa que quiera destruirnos a nosotros. No quiero tener que elegir entre tú y él porque amo diferentes partes de ambos. David se levanta, golpeando la mesa con las manos, frustrado. —¡No puedes tenerlo todo, Ada! —grita, y luego se calla, como si su propia voz le sorprendiera. El silencio que sigue es más pesado que antes. Miro sus ojos llenos de rabia y dolor, y el reflejo de mis propios sentimientos. Es en ese momento cuando entiendo que no hay una solución fácil. Que no hay una respuesta que lo arregle todo. —Entonces... tal vez no haya nada más que decir —digo finalmente, con un hilo de voz—. Tal vez la verdad es que lo que teníamos… ya no existe como antes. David cierra los ojos y aprieta los puños. Me mira con una mezcla de desesperación y tristeza que me parte el alma. —¿Y eso es todo? ¿Eso es todo para ti? —susurra, más para sí mismo que para mí. —No es todo, David —respondo—. Pero no puedo ser la misma persona que era antes. No puedo volver a ser esa mujer que vivía solo para complacerte, para llenar los vacíos que dejabas con tus silencios. Me niego a vivir sin sentir, sin ser yo misma. David asiente lentamente, como si finalmente lo entendiera. Sus hombros se hunden, y parece más cansado de lo que lo he visto en años. —Ada, no quiero que nos perdamos. Pero tampoco quiero obligarte a estar en algo que no te hace feliz —dice al fin, con una tristeza infinita en sus palabras—. Solo quiero que sepas que yo estoy dispuesto a intentarlo. A cambiar, a ser alguien que te devuelva esa chispa. Pero si no puedes dejarlo a él... entonces supongo que no hay nada más que pueda hacer. Me quedo callada, mis lágrimas cayendo una tras otra. Sé que me está dando una opción, una salida. Pero también sé que elegir esa opción sería negarme a mí misma, a lo que he descubierto que quiero, que necesito. —No puedo, David —susurro, casi sin voz—. No puedo dejar de ser quien soy ahora. No puedo dejar de sentir lo que siento por él. Él se queda en silencio. asintiendo lentamente, como si cada palabra mía fuera un golpe. Finalmente, se aparta de mí y camina hacia la ventana. Mira hacia afuera, y yo sé que estamos en un punto de no retorno. —Entonces, creo que esto es el final, Ada —dice, y su voz es tan baja que casi no lo escucho. Las palabras flotan en el aire, y siento que una parte de mí se rompe para siempre. Pero tambien sé que, en esta despedida, estoy eligiendo ser honesta conmigo misma. No es un final feliz, pero es el único final que me deja ser libre. —Lo siento, David —respondo—. De verdad, lo siento. Él no dice nada más. Y por primera vez en mucho tiempo, me doy cuenta de que la verdad, aunque duela, es el único camino que tengo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD