No iba a negar que me sentía nerviosa por el día de hoy, y no porque el novio no aparezca, era solo por el recuerdo de la muerte de papá. En esta ocasión le pedí a Ezio que me entregara en esta ocasión y él estaba feliz de llevarme al altar. —¿Ya estás lista? Afirmé, me había arreglado en la casa de Maju, queda más cerca de la iglesia del padre Castro y la celebración sería en la casa del señor Amín Abdala, algo familiar y como era la casa con un patio inmenso, decidimos celebrarlo ahí. Nuestros anillos los tenía Ernesto quien era el encargado de entregarlos, su hermano mayor se encargará de llevar a su hermanita. —Así hayamos cambiado el lugar de arreglarse la novia, el de la celebración no cambia el hecho que mi padre estuviera feliz entregándome… —Los brazos de Ezio me reconfortaro

