Camila Hay algo en ella, en violeta, que me resulta… fácil. No sé si es su tono relajado, su risa contagiosa o el hecho de que no me mira como si tuviera algo que esconder. A veces la gente te escanea buscando tus grietas. Violeta no. Violeta te habla como si ya fueras parte de su historia. —Esta noche hay una fiesta en los dormitorios de segundo año —dice mientras esperamos—. Uno de los chicos que conocí en la charla de bienvenida me invitó. Van a tocar en vivo, habrá tragos, y dicen que se arma bueno. Max me lanza una mirada divertida. —¿Fiesta universitaria en la primera noche? Qué cliché. —¿Y tú qué esperabas? —Violeta lo mira con picardía—. ¿Un seminario sobre el psicoanálisis de Jung con velas aromáticas? Yo no digo nada. La palabra fiesta todavía me da vértigo. Pero también ha

