Camila La noche llegó más rápido de lo que pensaba y, aunque estaba agotada de caminar todo el día, mi cabeza estaba demasiado activa como para relajarme. Max no dejaba de mirar las bolsas en la mesa del living como si fueran un botín de guerra —¿Querés que llame a la policía o directamente te denuncio por robo a mano armada? —bromeó con esa sonrisa burlona que siempre me hacía reír. —Exagerado, no es para tanto —le respondí, sacando de las bolsas una bolsa más pequeña—. Solo compré lo que necesitaba. —Ajá, “lo que necesitaba”... —dijo arqueando una ceja mientras sacaba una de las cajas—. A ver, ¿y para qué necesitás esto? Me arrebató una cajita con encaje n***o que yo intenté quitarle, pero él, como siempre, fue más rápido y la levantó por encima de su cabeza. —¡Max, devuelvemelo! —

