P.O.V Desconocido El lugar apestaba a sudor viejo, alcohol barato y mentiras. Las luces parpadeaban como si hasta la electricidad estuviera cansada de alimentar tanta miseria. El tipo de sitio donde nadie hace preguntas y las respuestas se venden más baratas que una copa de whisky. Perfecto para cerrar un trato sucio. Perfecto para mí. Me senté en la esquina más oscura del bar, apoyando los codos en la mesa pegajosa. Pedí un trago doble de bourbon con una seña sutil al camarero, que ni siquiera me miró. La discreción era parte del menú. Y entonces, entró ella. Cabello rubio como paja recién blanqueada, pestañas postizas tan largas que podrían cortar el aire. Tacones que resonaban con la arrogancia de quien se sabe peligrosa, pero no por fuerza, sino por veneno. Melody. Vi su andar.

