FACULTAD DE ECONOMÍA DE OXFORD: El reloj de la torre principal de Oxford acababa de dar las cuatro campanadas que anunciaban las cuatro de la tarde. Drago, ahora instalado de forma desgarbada en el asiento justo detrás de Lizzy en el aula de Economía Política, luchaba contra la pesadez que invadía sus párpados, tenía sueño, estaba aburrido, pero aun así no se marchaba, aunque no estaba seguro si hacer eso todos los días. En ese instante, un profesor canoso de unos sesenta años con un bigote espeso que se movía exageradamente cada vez que pronunciaba términos como "inflación" o "balanza comercial", llevaba más de una hora disertando sobre las implicaciones económicas del conflicto europeo. Aquel anciano se había presentado, pero Drago olvidó como era su nombre, solo sabía que comenzaba co

