La habitación de Milos se encontraba abarrotada con casi todos los integrantes de la manada cuando entraron, estos hombres lobo fornidos veían sorprendidos a su cuervo que creían muerto sin saber que hacer por el momento. Drago, tan conmocionado como el resto, avanzó con pasos pesados hacia su segundo (el segundo al mando de la manada). Milos yacía boca abajo sobre el suelo, inmóvil. Al acercarse, Drago notó de inmediato la cicatriz que marcaba la nuca de Milos, justo donde debería estar su marca. La herida había sanado, pero el tejido estaba irregular y enrojecido, como si el proceso de curación hubiera sido interrumpido o forzado. Drago se agachó lentamente mientras el resto de la manada permanecía en silencio tras él, formando un semicírculo protector. Con delicadeza, giró el cuerpo de

